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martes, 4 de octubre de 2011

Una, dos y tres, Patxi Andión, 1973


Los que sois aficionados a visitar rastros y encantes varios seguramente reconoceréis al instante esta canción. O, si es el raro caso de que no os suena, inmediatamente os forzará cuanto menos a una sonrisa. O debería decir "nos", ya que en mi caso, durante mucho tiempo me gustaba parar en aquellos puestos que incorporaban entre sus antigüedades -a veces, directamente, "trastos viejos"- cajitas con monedas antiguas o modernas de todo el mundo.

Porque, cuando uno va a estos sitios, llega con el secreto convencimiento de que va a salir de allí con todo un tesoro a un precio módico, incluso ridículo. Por supuesto, la realidad es que, si acaba dándose el caso, esto es más la excepción que la norma. Al final, sueles salir de allí con algo de un valor real digamos... discutible, y por un precio que como mínimo es tremendamente superior al que pagó el ¿"rastrero" sería la palabra correcta? cuando se hizo tiempo atrás con la que ahora es tu brillante adquisición.

En 1973, el cantautor Patxi Andión hizo un tema que recoge como ningún otro esa misma sensación... desde el punto de vista de los avezados propietarios de los puestos del rastro. Una de las estrofas que siempre me llamó más la atención fue la que está escrita en jerga: al final no se sabe si está hablando de honrados comerciantes o más bien de personajes con un pie a cada lado de la ley. La letra es impagablemente brillante y divertida por lo bien que refleja ese mundillo de compraventa donde todas las partes creen estar, en cierto modo, engañándose mutuamente.

Eso sí, para acabar, al final, todos contentos. ¿No es estupendo?




Letra de la Píldora.

Hasta la próxima.