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domingo, 29 de marzo de 2015

Lady Madonna, The Beatles, 1968



Cuando se es un dictador de tendencias, uno se puede marcar salirse de la nota, y encima provocar que todo el mundo vaya detrás tuya. Si además, este dictador tiene forma de cuatro tipos como los de hoy, simplemente, alteran la historia de la música rock. 

Algo así fue lo que sucedió más o menos hace 45 años, por estas mismas fechas. Desde finales de 1966, toda la música se había teñido de los colores psicodélicos procedentes de Estados Unidos, de los efluvios amorosos (y lisérgicos) de San Francisco. Fue un alto en el tiránico dominio británico de la escena musical y cultural, e influyó hasta tal punto que incluso los Beatles se apuntaron a él. Eso sí, de una manera tan magistral, que su gran disco psicodélico, Sgt. Pepper's, acabaría siendo considerado por muchos como el mejor de la historia pop. 

Sin embargo, a principios de 1968, ya estaban un poco hartos de tanta paz y amor. Cierto día, Paul McCartney, jugando con el piano, quiso reproducir algo parecido a un boogie-woogie. Como fuera, aquello le recordó a su admirado Fats Domino, una estrella del rock and roll de los años cincuenta cuya marca distintiva era un omnipresente piano. Así que terminó componiendo una canción que se salía completamente de los estándares psicodélicos del momento: era Lady Madonna, y aún hoy se considera el punto inicial de un retorno al rock and roll más primitivo que dominaría el estilo de los siguientes años. 

Fijáos como la música de entonces cambiaba y evolucionaba a una velocidad vertiginosa: lo que era lo más en 1965, sólo tres años más tarde parecía poco menos que jurásico. Y en buena parte, la culpa era de la increíble capacidad creativa de los protagonistas de hoy. 

Naturalmente, el single alcanzó el número uno en medio mundo, y se convirtió en uno de los temas más conocidos de la banda, que ya es decir. Por cierto, ¿recordáis el intercambio de videoclips que vimos en la última Píldora, de los Smiths? Pues a Lady Madonna le pasó exactamente lo mismo. Prácticamente al mismo tiempo en el que se grababa, John Lennon compuso otro tema, Hey Bulldog, que terminaría formando parte de la banda sonora de la película Yellow Submarine. Tanto le gustaba, que hizo rodar su proceso de grabación como material promocional, y hasta hizo cierta campaña por colocarla como sencillo en vez de Lady Madonna. Sin embargo, el productor George Martin, finalmente se decantó por éste último tema bajo el pretexto de que la impresión de carátulas ya estaba hecha, y el clip terminó acompañando a la canción de hoy y no a la que originalmente había rodado.

Para que veáis lo que os digo, también os dejo el clip de Hey Bulldog. Cualquier coincidencia entre ambos... pues eso. Ya veis, hoy, dos Píldoras beatlemaniacas en una.   









Hasta la próxima. 


domingo, 23 de marzo de 2014

Hey Jude, Wilson Pickett, 1968


Últimamente, corren por Facebook diversas variantes de un juego que consiste, con pocas diferencias, en que alguien cuelga una canción, una imagen de un cuadro, o cualquier otra cosa más o menos conocida. Una vez publicada, todos los que pongan "me gusta" en la misma, reciben el encargo de colgar otra canción -o cuadro, o lo que toque-, eso sí, con alguna condición. Por poner el ejemplo que ha conducido a la Píldora de hoy, si un servidor ponía un "me gusta" a la canción que había colgado la persona que proponía el juego, debía de colgar en respuesta otra canción con la condición de que empezara su artista con la letra "W". Y aquí está, en la mejor forma que sé, que es Píldora mediante. 

Artistas y grupos que empiecen por "W", hay para dar y vender. En el blog, sin ir más lejos, tenemos unos cuantos. Pero, casi sin pensarlo, se me vino a la cabeza el tremendo Wilson Pickett, el héroe de las mil danzas, cuya voz está entre las más potentes de la música soul, que ya es decir. 

Y lo hago con la que considero que es la mejor versión de cuántas se han hecho del Hey Jude de los Beatles más allá de la original, que también es decir. Lanzado en 1968, apenas un trimestre después de que lo hicieran los de Liverpool, se convirtió en todo un éxito al instante, en parte gracias al vozarrón de Pickett, y en parte por la genial guitarra de Duane Allman que marca todo el tramo final de la canción. Su audio lo tenéis a través de Grooveshark. 

Como pequeña delicatessen encontrada por ahí, os dejo como clip la espectacular interpretación que hizo junto a Tom Jones, en la cual es difícil discernir quién de los dos desplegaba mayor poderío vocal. También hay otra actuación que hizo años después el propio Pickett junto a los Bee Gees, pero vamos, no hay color. Quien la quiera escuchar, es fácil de encontrar en Youtube. 

Y espero que te guste, Roser. Mission accompli




Hasta la próxima. 

viernes, 10 de enero de 2014

Shine On Brightly, Procol Harum, 1968

Para comenzar el 2014 he querido escoger un tema que recogiera en su título de algún modo lo mejor que queremos para el año. Y además, que fuera realmente bonito. Así que empecé a tirar de archivo: os aseguro que hay muchísimos. Finalmente, en mi subjetivísimo criterio, acabé con este Shine On Brightly con el que los grandes Procol Harum remachaban su anterior éxito de A Whiter Shade Of Pale

En realidad, Shine On Brightly muestra una letra realmente psicodélica y épica, en la línea de las que habían hecho conocido al grupo junto a su sonido de evidente inspiración clásica. Pero no era esta su mayor aportación al revolucionario pop de finales de los sesenta. 

El tema se incluía en el segundo álbum de la formación británica, homónimo. En su cara B incorporaba una auténtica suite en la que la música clásica se entremezclaba con lo eléctrico en un precedente definitivo de lo que en breve sería el rock sinfónico. Una pieza que os recomiendo a todos los que tengáis curiosidad al respecto. 

Pero, de momento, os dejo con esta bellísima pieza -atención al solo de órgano- deseando que también vosotros brilléis con intensidad este 2014. 

PS: como propina, el clip incorpora dos temas, Shine On Brightly e In the Wee Small Hours of Sixpence. Espero que os gusten. 





Hasta la próxima. 

sábado, 2 de noviembre de 2013

Hurdy Gurdy Man, Donovan, 1968


Tras las dos últimas Píldoras de tintes funerarios, casi es una alegría poder retomar el ritmo sin pensar en homenajear a ningún traspasado, si no a alguien vivito y coleando, como es el caso del bueno de Donovan. Hacía dos años y medio que no aparecía aquí, así que qué mejor pretexto para recuperarlo en el blog. 

Como en la anterior ocasión, con Atlantis, rescatamos al escocés más ácido, lisérgico e inspirado por lo hindú. Y es que cuando compuso a principios de 1968 Hurdy Gurdy Man, quedaban ya atrás sus primeros hits a golpe de guitarra acústica. De hecho, en el tema de hoy, si destaca alguna guitarra, es la que marca su potentísimo y eléctrico solo. 

En cierto modo, Hurdy Gurdy Man fue compuesta como un favor a un amigo. Y es que cuando el también escocés Mac Macleod (de dónde si no iba a ser con ese nombre) le pidió un tema para promocionar a su banda, los daneses Hurdy Gurdy, Donovan les compuso el tema de hoy, cuyo título, desde luego, no estaba escogido al azar. 

Sin embargo, la cosa distó mucho de ir perfecta. Por su parte, Donovan les compuso el tema... pero también quería producirlo a su manera, con el sonido que tenía en mente. Como fuera que al grupo no les gustó, no hubo acuerdo, y el cantautor decidió quedarse para sí su propia canción y grabarla como quería. El resultado, hay que decirlo, fue simplemente magnífico. 

A las distorsionadas guitarras eléctricas que marcaban el tema y un aire casi siniestro, Donovan le añadió la sonoridad hindú tan en boga por entonces, y que tenía de primera mano gracias a su amistad -y medio parentesco político por entonces- con George Harrison. Incluso acabó yéndose en la primavera del mismo 68 junto a los Beatles al mítico -y en el fondo, muy poco místico- viaje a la India invitados por el Maharishi Mahesh Yogi. Allí, Harrison también compuso una estrofa de Hurdy Gurdy Man, aunque nunca llegó a ser incluida en la versión en single por un tema meramente de espacio físico de los discos de entonces.  

Al final, el favor a un amigo terminó convertido en todo un favor a su propia carrera. Y es que la canción se convirtió en todo un éxito en ventas, colocándose en el Top 5 en ambos lados del Atlántico. 

Si será verdad que lo que le das al universo, el universo te lo devuelve. 




Hasta la próxima. 

lunes, 13 de mayo de 2013

This Wheel's On Fire, Julie Driscoll, Brian Auger & The Trinity, 1968


De Bob Dylan se ha versionado casi todo. Y en los estilos más variados. Pero para quien escribe, el de hoy es uno de los covers más particulares nunca hechos de una canción del cantautor norteamericano y, por qué no admitirlo, de mis preferidos. 

En 1967, Dylan compuso This Wheel's On Fire, pero no para él en primera instancia, si no para sus camaradas de The Band. Estos, que hasta entonces habían actuado básicamente como formación de apoyo en los conciertos del de Duluth, estaban preparando su primer álbum como banda independiente -y, por cierto, su gran salto a la fama- en el que incluyeron el tema. Vería la luz a principios de 1968

Pues bien, muy poco después en aquel mismo año, al otro lado del Atlántico, Julie Driscoll, una cantante de aspecto modernísimo, junto a una formación recién creada por el teclista Brian Auger, hicieron suya la canción de Dylan poniéndola poco menos que patas arriba. Porque la transformaron en una pieza dentro de la psicodelia más vanguardista del momento, en las antípodas del country rock grabado por The Band. 

Naturalmente, en la psicodélica y vanguardista Gran Bretaña de 1968 Driscoll y Auger convirtieron This Wheel's On Fire en un éxito rotundo que alcanzó el quinto puesto de las listas de su país. A partir de aquel momento, el tema recibiría nuevas versiones, por parte de gentes como The Byrds, Siouxsie and The Banshees (también para no perdérsela) o el propio Dylan. 

Pero ya digo, como la de hoy, ninguna. Os invito a compartirla. 




Hasta la próxima. 

miércoles, 23 de enero de 2013

Crimson & Clover, Tommy James and The Shondells, 1968


Posiblemente, la de hoy es una de las mejores baladas psicodélicas de los años sesenta. Tanto su éxito a gran escala -llegó al número uno en varios países a principios de 1969- como la enorme cantidad de versiones que ha recibido y sus apariciones en multitud de películas (recuerdo ahora, por ejemplo, la estupenda Alta Fidelidad) avalaron a Tommy James y los Shondells como una formación mucho más seria que la que había lanzado Mony Mony pocos meses antes. 

Como sucede con tantas otras canciones, su origen es bastante peculiar. Para empezar, lo primero que se creó de ella fue el título. A Tommy James le encantaba el color carmesí y los tréboles, y decidió componer una canción que se llamara precisamente así, Crimson & Clover ("Carmesí y Trébol", literalmente). La letra y la música ya vendrían después. 

Naturalmente, éste no es un criterio compositivo demasiado ortodoxo, así que cuando se puso manos a la obra con un bajista, el primer resultado no le gustó. Y decidió, en vez de retocarlo... ¡componer otra canción nueva con su baterista! Eso sí, por supuesto, sosteniendo el mismo título, condición sine qua non.

Esta vez el resultado sí que convenció, hasta el punto de que grabaron el tema en apenas cinco horas. Su difusión también fue de nota. Aquel primer mix fue presentado a una emisora para que lo pasara fuera de antena, simplemente para saber si gustaba al diskjockey. La emisora hizo una grabación de estranquis (toma ética profesional) y la pasó en antena. La respuesta fue tan buena que a partir de ahí el resultado fue imparable. Ni siquiera pudieron hacer el mix definitivo de la canción a pesar de las protestas de James, viendo lo bien que había funcionado aquella primera toma. 

Y sí, no andáis mal encaminados: además la habéis escuchado bastantes veces recientemente en la tele en un anuncio de un banco. Venga, no me digáis que no mola...




Hasta la próxima.

lunes, 26 de noviembre de 2012

The Legend Of Xanadu, Dave Dee, Dozy, Beaky, Mick & Tich, 1968

Resaca electoral: no me digáis porqué, pero tengo la sensación de que se ha movido todo para que al final no se mueva casi nada. Sensaciones, id a saber. En todo caso, lo que sí es cierto es que a grandes avances han correspondido no menos grandes hostias, con perdón. La principal, la del promotor de toda esta última fanfarria electoral, que de eventual cazador -mesiánico- ha acabado siendo completamente cazado. Ahora, a ver por quién.
¿Y qué tiene esto que ver con el tema de hoy? Realmente, no tengo ni idea. Sin embargo, el otro día, mi padre -también aficionado a colgar música en Facebook en el grupo de amiguetes- decidió utilizarla para amenizar un comentario político. No sé si se ajustaba ni mucho, ni poco, ni nada, pero oyes, tampoco estaba mal.
Y como que uno es buen hijo de su padre y además hacía tiempo que quería poner la canción que tenéis delante, la ocasión se pintó ella sola calva. Así que aquí está.
Por lo demás, aunque hoy son poco recordados, este quinteto británico nombrado como sus cinco miembros tuvo una extraordinaria popularidad a lo largo de los años sesenta. Su momento cumbre fue en 1968, cuando alcanzaron el número uno con The Legend Of Xanadu. Que aunque no os evoque a nada ni remotamente electoral, siempre es un gustazo de escuchar. Con él os dejo.


Hasta la próxima.

jueves, 16 de agosto de 2012

Help Yourself, Tom Jones, 1968


Píldora veraniega nº6.

Fenómeno ibérico-estival: el tema de hoy ha estado en todas y cada una de las verbenas de Fiesta Mayor que he pisado últimamente. Ahí queda. 

Ah, y atención al público del clip. Todas son señoras. Ahí queda también. 




Hasta la próxima. 

jueves, 26 de julio de 2012

Mony, Mony, Tommy James and The Shondells, 1968


No sé si es la edad o, simplemente, un espesor particularmente acusado en el día de hoy. Os cuento. Me había decidido a poner una segunda Píldora de Tommy James and The Shondells -tal vez Hanky Panky o la más intensa Crimson and Clover- contando con que hacía tiempo que había colgado el que es su más conocido hit a este lado del Atlántico, precisamente Mony, Mony. Cual fue mi sorpresa cuando haciendo un pequeño rastreado buscando la que consideraba más que asegurada Píldora, ha resultado no estar. Para que luego alguien diga que tengo una mente privilegiada. Pues va a ser que no. 

En todo caso, lo que sí que tengo es una capacidad de respuesta lo más ágil posible (o al menos, lo intento), así que he creído conveniente dejar cualquiera de los otros temas para más adelante y comenzar con una canción con la que seguro que el que más y el que menos de vosotros ha hecho el ganso en algún pub mientras alguien decidía pasarla por los altavoces. 

Haciendo el ganso... y seguro que confundiendo la letra al gritar en el estribillo "money, money". Error comprensible en estas latitudes tan poco familiarizadas con el idioma inglés, pero error al fin y al cabo. Pues bien: no se trataba de ninguna oda a la pasta, ni muchísimo menos. Pero, ya puestos, tampoco era ninguna canción dedicada a ninguna chica llamada Mónica o Mona, o de ninguna forma que se le pareciera. 

Tommy James and The Shondells era un grupo con un carácter particular. Si bien habían recogido muy bien las influencias psicodélicas y eran capaces de marcarse de coña un sonido de garaje como mandaban los cánones, en realidad se trataba de una banda con un estilo desenfadado e ideal para amenizar guateques. Así que cuando hicieron Mony, Mony, lo que buscaban era precisamente eso, algo para bailar y pasárselo bien, bajo un título que sonara divertido sin ser demasiado majara. Y lo encontraron en un cartel luminoso que había sobre el edificio de la Mutual of New York. Ahora ese edificio luce un enorme "1740", el número de su dirección en la calle Broadway, pero en 1968 tenía un no menos enorme y luminoso "MONY", palabra formada por las siglas de la compañía neoyorquina. 

Exacto: uno de los temas más juerguistas de los años sesenta recibió su título inspirado en una compañía de seguros. 

En cualquier caso, la historia es lo de menos. Lo que cuenta es que tras casi cuarenta y cinco años sigue funcionando perfectamente en su papel de levantar a la gente de la silla y ponerla a desfasar. Así que si optáis por seguir cantando -gritando- "money, money", vosotros mismos. Lo importante es que os lo sigáis pasando bien. 




Hasta la próxima. 

domingo, 17 de junio de 2012

Corazón contento, Marisol, 1968


Estos días, en el grupo de música que sostenemos los amiguetes de Facebook se ha dedicado un espacio a esas canciones que nos gustan pero que, de alguna manera, no hay arrestos para escucharlas con nadie más, por el motivo que sea. Algo que todo el mundo, pero todo el mundo, tiene en su inconfesable haber. Admitidlo.

En mi caso, la lista es bastante considerable. Algunas de esas canciones ya han salido en el blog, si bien otras aún no: todo a su tiempo. De todas maneras, uno de esos temas de escucha preferentemente privada (por ejemplo, en el coche) es este Corazón contento. No es el único interpretado por Marisol que entra en esta categoría. Las potentes trompetas que rodean su versión de la serratiana Tu nombre me sabe a yerba también atruenan de vez en cuando en el auto. Eso sí, aviso: el que espere mucha más Marisol por mi parte, va listo. Acabáis de conocer el alfa y el omega. 

En lo que respecta al alfa, Corazón contento es uno de esos temas que habéis escuchado -voluntaria o involuntariamente- decenas de veces. Compuesta e interpretada originalmente por el argentino Palito Ortega, supuso el mayor éxito de una Marisol que había abandonado definitivamente su etapa musical infantil (por obvios motivos biológicos) pero que aún no se había convertido en la más seria y politizada Pepa Flores de los setenta y ochenta.

Una de las apariciones más recordadas del tema de hoy, especialmente por los españolitos varones de 1969, fue la que tuvo en el film El taxi de los conflictos. ¿Que por qué es recordada? Bueno, en cuanto echéis un vistazo al clip, lo entenderéis. Aunque no hacía falta ser un Jaime de Mora y Aragón para que aquella actuación dilatase las pupilas del personal ibérico. Como os lo digo: las gasolineras de 1969 serían muy franquistas, desde luego, pero me quedo con ellas antes que con las muy democráticas de 2012. No sólo ahora no hay tropecientas chicas en top para servirte combustible, si no que te lo pones tú solo. Y encima, pagando la intemerata. ¿Sabéis cuanto costaba un litro de gasolina hace 43 años? Seis pesetas, poco más de tres céntimos de euro para los menos avisados. Ahí queda.

A todo esto, ¿cómo hemos llegado hasta el precio de la gasolina partiendo de la música inconfesable?




Hasta la próxima.

domingo, 10 de junio de 2012

Song of a Baker, Small Faces, 1968


Tras la intempestiva hora de ir a dormir de anoche -el post de ayer explica el motivo- hoy ha sido uno de esos días de "vegetatismo" (que no "vegetarianismo") en los que lo único que se hace es trasladar el cuerpo de un lado a otro de la casa con bastante más pena que gloria. Y eso que tampoco fue noche de mucha cantidad de bebida, aunque sí de calidad. Lo que mi amigo Toni puede hacer con un Gin Tonic está más allá de las Puertas de Tannhauser esas. Palabrita. Esto, y la inmejorable compañía: resultado de velada única. Y claro, domingo único también, que ya vamos teniendo una edad.

Como sea, antes de irme a dormir, quiero dejaros este clásico de los Small Faces. En cierto modo, se trata de un tema un tanto peculiar. Song of a Baker es un tema de amor con una potencia de fuego bastante notable, lo cual tampoco es para tanto... si no fuera porque su letra cuenta dicha historia ¡comparándola con el trabajo de un panadero! Eran los tiempos de la psicodelia, y casi todo era posible. 

La canción, que nunca fue single, estaba incluida en uno de los más exitosos álbumes de la banda británica, el Ogden's Nut Gone Flake, toda una joya que os recomiendo escuchar si tenéis la oportunidad. Mientras que su cara A era una serie de temas más o menos convencionales, la cara B recogía un cuento de hadas con piezas concatenadas entre sí por la narración del actor Stanley Unwin, el mismo que al final del clip podéis ver disfrazado de rey. De hecho, lo que está narrando en ese momento no es otra cosa que la intro de Happiness Stan. Pero eso ya lo explicaremos otro día...

Y sin más, aquí os quedáis con Song of a Baker. En esta ocasión, como la voz la ponía el malogrado Ronnie Lane, notaréis que Steve Marriot está particularmente activo a golpe de guitarrazos. Por supuesto, todo ello era parte de la leyenda de los Small Faces. 




Hasta la próxima.

sábado, 21 de abril de 2012

Summertime Girl, Los Íberos, 1968


Puede sonar paradójico, pero para quien escribe, la de hoy es una de las mejores canciones pop de la década de los sesenta en España, aunque fuera concebida en inglés. Pero eran otros tiempos y, mucho más que ahora, utilizar dicho idioma era una forma de reclamar la atención, tanto en el mercado exterior... como en el interior. 

A día de hoy, Los Íberos son poco más que un nombre para la mayoría de personal ajeno al rock español de la época, a diferencia de grupos como Los Brincos o Los Bravos. Sin embargo, justo cuando aquellos comenzaban su cuesta abajo, durante un breve tiempo los protagonistas de hoy ocuparon la vanguardia musical nacional, abrazando la psicodelia más que cualquier otra formación. 

Summertime Girl, editado en 1968, fue su primer sencillo. Hoy es uno de los temas más conocidos del grupo, aunque entonces fue un pequeño fiasco en ventas. Incluso su cara B, Hiding Behind My Smile -con un ritmo bastante funky- tuvo probablemente más repercusión que su cara A, al incluirse poco después en la película musical 1, 2, 3, al escondite inglés (un día traeré el impagable clip de la canción con Íñigo incluido). 

Debo decir que hay un motivo adicional para que Summertime Girl fuese un single en inglés. ¿Recordáis aquel hit de los Rubettes, Sugar Baby Love, que trajimos hace siglos por el blog? Pues bien, sus autores y su productor fueron los mismos que los del primer single de Los Íberos, el par Bickerton-Waddington. Y claro, a estos no los veía yo componiendo en castellano, por más que Spain fuera different. En todo caso, les quedó un tema excepcional. 





Hasta la próxima.

sábado, 31 de marzo de 2012

High In The Sky, Amen Corner, 1968


La verdad es que hoy estoy montando la Píldora con el tiempo justo... y se me ha ido de las manos. La causa es que no podía pensar que el tema de hoy, uno de los hits que se apuntaron los Amen Corner a finales de 1968, hubiera tenido tantos problemas logísticos...

Pero aquí está. Ciertamente, no acabaría teniendo el mismo recuerdo que su mayor éxito, aquella versión de Lucio Battisti que titularon (If Paradise Is) Half As Nice y que llegaría al número uno en febrero del 69, pero tampoco fue nada mal. High In The Sky, un alegre tema pop de aires soul, escaló hasta el sexto puesto de las listas británicas. 

De hecho, fue el segundo de los cuatro sencillos consecutivos con los que la banda galesa de Andy Fairweather Low se haría un espacio de referencia entre 1968 y 1969, justo antes de su disolución. Hay que decir que no fue un estrellato en vano: tras aquello, Fairweather se convirtió en uno de los músicos de referencia del mundillo rock, y trabajó como acompañante para gentes como Gerry Rafferty, The Who, Roger Waters o, especialmente Eric Clapton. 

Pero eso será una historia para otro día. Se me echa la hora encima, y me están picando a la puerta, así que, ¡hasta luego!

Amen Corner – High In The Sky  (por Spotify)


Letra de la Pídora.

Hasta la próxima.

lunes, 19 de marzo de 2012

Fire, The Crazy World Of Arthur Brown, 1968


Arthur Brown es otro de los nombres prácticamente olvidados en la actualidad por parte de la mayoría del personal. Y, sin embargo, supuso en su día una de las influencias más importantes para gente como Alice Cooper (en su caso, la inspiración era más que obvia), Marilyn Manson, Peter Gabriel o Kiss, todos ellos ilustres histriones del escenario.

En cuanto veáis el clip entenderéis el porqué. Porque su único gran hit, Fire, es recordado aún como uno de los temas más inclasificables de la década de los sesenta. Y no sólo por su letra plena de alusiones al fuego del infierno y un final claramente sexual, temáticas muy poco frecuente en la época y mucho menos en las emisoras de mainstreaming.

Porque si hay algo de la canción de hoy que pasó a la historia -más allá de su sonido muy cercano al naciente rock duro- fue la particularísima performance que el grupo, The Crazy World Of Arthur Brown (el nombre era una inequívoca declaración de intenciones) hizo en sus apariciones públicas.

En ellas, Brown aparecía ataviado como una especie de brujo pintarrajeado (¿a quién os recuerda?)  y coronado por un casco en el que ¡había fuego real!. Como fuera que aquel invento no estaba del todo bien aislado, la coña del sombrerito le provocaba bastante dolor y se lo acababa quitando al cabo de un rato. Pero todo fuera por el show. Y vaya si lo dio en su aparición en Top of the Pops allá por el verano de 1968, la misma que podréis ver en un momento. 

Fire superó el millón de copias vendidas, alcanzó el número uno en Gran Bretaña y el dos en Estados Unidos. Unas cifras nada desdeñables para un tema que debió de provocar algún que otro shock entre los telespectadores de más de cuarenta años como poco. Es más: estoy bastante convencido de que después de 44 años, no os dejará aún indiferentes. Comprobadlo, si no.




Letra de la Píldora.

Hasta la próxima.

sábado, 25 de febrero de 2012

White Room, Cream, 1968


La complicadísima conexión de esta noche me está empujando a hacer la Píldora casi a trompicones, obligándome a aprovechar los momentos en los que quiere adoptar una velocidad algo superior a la que se define comunmente como "de puta pena", que es la que me lleva dando durante la última hora. Tal vez deberían gastar menos las compañías de ADSL en molestar por teléfono para tocar las narices con promociones varias e invertir más en líneas. Al menos, en los lugares a más de un puñado de kilómetros de un centro de capital. 

Así que aquí me veis marcando teclas como un poseso no vaya a caerse otra vez y me acabe de fastidiar el tinglado. Por lo menos, para intentar rebajar tanta mala uva acumulada, he optado por poner uno de mis temas favoritos del rock psicodélico de finales de los sesenta. 

El único post protagonizado hasta ahora por el trío Clapton-Bruce-Baker, Cream, había sido un tema relativamente desconocido, pero que cautivaba por su belleza y mensaje. Por el contrario, hoy traemos a uno de sus singles estrella, ese trallazo que bautizaron como White Room

A pesar de su carácter claramente psicodélico, se trataba de una canción con una potencia indudable, especialmente en directo: todavía hoy sorprende ver como tres tipos con sus respectivos instrumentos -guitarra, bajo y batería- conseguían armar tanto ruido. Por si no lo creéis, el vídeo es una magnífica prueba de ello. 

De todas formas, incluso su más elaborada versión de estudio (que podéis pinchar por Goear) no dejaba indiferente, con una dominante guitarra wah-wah que sobresalía en una melodía que, en ocasiones, recordaba a una versión acelerada y desquiciante del While My Guitar Gently Weeps de los Beatles. La comparación no es al azar: en la famosísima balada de los de Liverpool la guitarra principal la había puesto, precisamente, Eric Clapton.

En cualquier caso, una obra maestra del rock sin concesiones. Y un clásico absoluto. Ahí os queda.



Letra de la Píldora.

Hasta la próxima.

jueves, 23 de febrero de 2012

Bring A Little Lovin', Los Bravos, 1968


La verdad es que hoy no tenía previsto poner a Los Bravos, pero hace unos minutos llegó un comentario que, finalmente, me ha hecho variar la elección. Por supuesto, todos los comentarios de felicitación que regularmente van llegando simplemente me encantan (a quién no) pero tengo cierta debilidad por aquellos que, de tarde en tarde, corrigen algo de lo escrito. Primero, porque permiten mejorar el contenido imperfecto de este blog. Y segundo, porque son la mejor prueba de que muchos de vosotros hacéis algo que a los que perdemos unos minutos escribiendo nos deleita: leernos hasta la última línea. 

Así que como acción/reacción, vayan hoy Los Bravos. Y en uno de sus temas más electrizantes, un auténtico bombazo para las pistas de baile de la época. Bring A Little Lovin' era un soul de esos que si aún hoy suenan potentes, hay que imaginarlo en 1968

Hay que decir que no se trataba de un tema propio. Compuesto por el legendario dúo australiano Vanda&Young, de los que ya hablamos en su día, cayó en manos de Los Bravos por el buen hacer de su mánager, Alain Milhaud. Éste asistió a una feria musical en el que se topó con el tema, que había sido recién grabado por los australianos The Easybeats. Viendo su potencial, se lo trajo para Madrid y lo propuso al grupo liderado -entonces ya por muy poco tiempo más- por Mike Kogel, en breve Mike Kennedy.

Como fuera, se convirtió en un nuevo hit para la banda, si bien algo menor que Black Is Black. Su promoción se vio reforzada por el rodaje de una nueva película protagonizada por el grupo -¡Dame un poco de amor!, al que corresponde el clip-, una de aquellas majaradas pop que con el tiempo acabarían siendo programación obligada de Cine de Barrio.

Sin más, ahí os quedáis con Los Bravos. Eso sí, con la corrección debidamente certificada en el anterior post del grupo y el que escribe, más feliz que McGyver en una ferreteria por saber que es leído hasta ese punto.



Letra de la Píldora.

Hasta la próxima.

viernes, 13 de enero de 2012

Son Of A Preacher Man, Dusty Springfield, 1968


La última vez que apareció por este blog Dusty Springfield ya se advirtió que su aspecto un tanto gazmoño y con crepados imposibles en el pelo no debía engañar sobre el carácter de esta señora. Así, ya vimos que se negó a dar un concierto en Sudáfrica por culpa del apartheid -lo cual tuvo un gran revuelo- y fue una de las primeras cantantes femeninas, si no la primera, en salir públicamente del armario. Lo que se dice un carácter nada convencional. 

Hasta que los Pet Shop Boys la rescataron a finales de los ochenta como su musa (lo cual era significativo) el de hoy fue el gran tema de referencia de la carrera de la británica. Y es que Son Of A Preacher Man se convirtió en todo un hit a finales de 1968 a ambos lados del Atlántico. 

Si os fijáis, la canción es un magnífico soul que suena muchísimo a Aretha Franklin, salvo en las diferencias entre voces. Tiene una cierta lógica: cuando fue compuesto en su momento, fue precisamente a Lady Soul a quien fue ofrecido, pero lo rechazó.  Esto supuso una oportunidad para Dusty Springfield, que lejos de arredrarse, hizo del tema todo un éxito. Aretha, viendo lo que se había perdido, grabaría dos años después su propia versión, pero se limitó a dejarla como cara B de single. 

Óbviamente, a muchos, al ver Son Of A Preacher Man, se les habrá pasado por la cabeza Pulp Fiction, de Tarantino. Pues fijáos si el tema había calado en el director, que llegaría a admitir que si no hubiera tenido el permiso para incluirla en el film ¡no hubiera incorporado la escena en la que estaba!

Ya véis, un clásico absoluto de esos que acaban siendo banda sonora de una época... ¡y de una película!



Letra de la Píldora.

Hasta la próxima.

miércoles, 4 de enero de 2012

Think, Aretha Franklin, 1968


A mediados de los noventa no había discoteca en Barcelona (sí, incluso yo salía de vez en cuando más allá de pubs y garitos de guitarras y demás trastos de meter ruido) en los que el personal no se pusiera a dar alaridos en clave de "Freeeedoooooommm, freeeeedoooom...". Normalmente, tras aquello, las pobres cuerdas vocales quedaban tan maltrechas que casi se quitaban hasta las ganas de fumar. 

Y es que los disckjockeys de entonces tenían como costumbre pinchar este Think de Aretha Franklin como mínimo una vez en la noche. Eso sí, se trataba de una versión que la propia Lady Soul regrabó en 1989 y que, en mi modesta opinión, no tenía la misma potencia de la original de 1968 (la que podéis escuchar por Goear)

Por supuesto, la fama de esta canción de Aretha procedía de mucho antes de los años noventa. En realidad, ya desde su primer lanzamiento se convirtió en un hit en toda regla, subiendo hasta el primer puesto de la lista de música negra (entonces se llamaba así a la actual lista de Rythm and Blues y Hip Hop) y hasta el séptimo del Billboard general. 

Sin embargo, Think acabó de entrar en la leyenda una década más tarde, cuando formó parte de la banda sonora de Granujas a todo ritmo, el peculiar título que se le dio en España al film The Blues Brothers, de 1980. Por cierto, que si véis en el clip a Aretha como que no acaba de cuadrar muy bien los labios con la letra, tiene una explicación. En la peli se le hizo actuar en playback, algo a lo que la cantante no estaba en absoluto acostumbrada por actuar siempre en directo. Así que toma tras toma había que volver a rodar. Finalmente, tras muchos esfuerzos, se dejó tal y como quedó más abajo, que menos daba una piedra. 

Genio y figura. Y pensar que hay gente que sólo canta en playback por la tele... aprended de los (y las) cantantes de verdad.



Letra de la Píldora.

Hasta la próxima.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Contrabando, Los Brincos, 1968


Píldora re-vacacional nº3. 

Estoy seguro que no muchos habréis escuchado esta peculiar pieza de Los Brincos. Una pequeña joya psicodélica instrumental que demuestra como, más allá de los hits, los muchachos de Fernando Arbex eran una banda pop de primera. ¡Contrabaaaaandooo!

Los Brincos – Contrabando (por Spotify)



Letra de la Píldora.  Para decir solamente "Contrabaaannndooo" igual tampoco hace falta un link, no sé...

Hasta la próxima.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Fumée, Johnny Halliday, 1968


Por fin he conseguido acabar la Píldora, a pesar de los ímprobos esfuerzos del ordenador por abandonar en mi intento. El muy condenado, ya de por sí no una bala que digamos últimamente, se ha propuesto ralentizar hasta extremos absurdos la velocidad de respuesta. Un candidato a futura chatarra me parece que es lo que hay. 

Y lo es hasta el extremo que casi consigue desvirtuar uno de los motivos de la elección de hoy. La verdad es que tras escuchar ayer un clip del cantante francés Gilbert Montagne subido al Facebook por el amigo Fernando (por cierto, tengo que pasar al blog los comentarios que vais dejando allá... trabajo doble, muchachada) me quedé con las ganas de traer algo de la Frans.

Además, también hacía tiempo que quería dedicarle un post al hecho de que un servidor ya no fuma -lo que no quiere decir que nunca jamás de este agua no beberé- pero la cosa está ahí, y de momento se me está dando muy bien. Tanto como que hace más de 100 días que cayó el último pitillo. Ciertamente, nunca fui un fumador de tomo y lomo, lo cual facilita mucho las cosas, pero era una de esas costumbres que me acompañaban desde los gloriosos 16 años de existencia. Y este domingo hago 37, así que tal vez iba tocando hacer el planteamiento. 

Con lo que ya tenéis el porqué de este gran tema que el formidable Johnny Halliday lanzó en 1968, y que aunque no hace mucho que lo descubrí, ya ha pasado a mi discoteca portátil del teléfono. Eso sí, con las oscuras maniobras desesperantes del ordenador, os aseguro que la cosa ha ido de un pelo de coger y cambiar de canción por otra cuyo título hubiera acabado siendo mucho más adecuado: Fumando espero. Cabreado, añado.

Johnny Hallyday – Fumée (por Spotify)



Letra de la Píldora.

Hasta la próxima.