
A pesar de que soy una persona interesada por la política, y con un cierto grado de compromiso al respecto -que, después de estas líneas, vayan ustedes a saber dónde acaba- normalmente procuro evitar estos temas en las Píldoras. Hay cosas más importantes, que son las que entran aquí. Sin embargo, si no comparto lo que quiero compartir hoy, reviento.
A raíz de la historia ésta del Tribunal Constitucional y el Estatuto de Autonomía catalán, durante las últimas horas he visto cosas por aquí arriba que, de surrealistas, serían cómicas sinó tuvieran un potencial francamente arriesgado y peligroso. Mientras que se proponen artificiales manifestaciones de adhesión al texto, e incluso aparecen en balcones exacerbadas senyeres con crespón negro (!), es posible escuchar mamarrachadas de todo tipo procedentes del campo españolista más rancio, como si de la última victoria de la Guerra Civil se tratara.
Personalmente, el Estatut ni me entusiasma, ni me deja de entusiasmar. Sencillamente, creo que los tiempos que corren requieren de otras prioridades, mucho más sociales y dirigidas a la gente con necesidades. Quien pone una bandera como modus vivendi, come todos los días, y come bien. Y, desde luego, se me ocurren 150 motivos prioritarios para una manifestación. Ciertamente, alguien podría pensar que descender de andaluces no me da sensibilidad catalanista suficiente, pero nacer y vivir casi 36 años aquí, y aplicarme con todos los usos y costumbres de la tierra -como debe ser, incluyendo mi nivel C de catalán, algo que muchos exaltados no tienen- me autorizan tanto como un Pujol o un Maragall a opinar así con plena autoridad y sin cargo a conciencia. Y, por supuesto, mucho más que un Millet o un Prenafeta.
Por el otro lado, están varios de los tipejos esos que se autoconsideran garantes del orden constitucional, de una forma exactamente igual a como sus padres lo hacían con los Principios Fundamentales del Movimiento. Dan asco. Nunca se preocuparon en entender lo más mínimo este país, Cataluña, más allá que como una mera tierra conquistada llena de desafectos al régimen. Y así nos ha ido. Ellos (y no sólo pienso en jueces, sinó también en políticos y periodistas) y su gilipollez congénita son los máximos responsables de que aquí surjan otros iguales a ellos pero en campo contrario.
El tema de hoy lo he escogido por un motivo tal vez equivocado, pero que interpreto así. Catatonia es un grupo galés, y sus conciertos suelen estar llenos de símbolos de ese país, en contraposición a Inglaterra. En 1998, lanzaron este tema dentro de su álbum homónimo. La canción fue escrita en galés, pero su estribillo, que literalmente da gracias al Señor por ser galés, quedó en inglés. Es muy posible que esto sólo respondiera a un objetivo de difundir mejor este mensaje nacionalista gaélico, quién sabe, pero siempre me gustó esa dicotomía realmente integradora entre mensaje e idioma. Porque yo también doy gracias a Dios por ser catalán. Y español. Y, sobre todo, por intentar no ser gilipollas.
A raíz de la historia ésta del Tribunal Constitucional y el Estatuto de Autonomía catalán, durante las últimas horas he visto cosas por aquí arriba que, de surrealistas, serían cómicas sinó tuvieran un potencial francamente arriesgado y peligroso. Mientras que se proponen artificiales manifestaciones de adhesión al texto, e incluso aparecen en balcones exacerbadas senyeres con crespón negro (!), es posible escuchar mamarrachadas de todo tipo procedentes del campo españolista más rancio, como si de la última victoria de la Guerra Civil se tratara.
Personalmente, el Estatut ni me entusiasma, ni me deja de entusiasmar. Sencillamente, creo que los tiempos que corren requieren de otras prioridades, mucho más sociales y dirigidas a la gente con necesidades. Quien pone una bandera como modus vivendi, come todos los días, y come bien. Y, desde luego, se me ocurren 150 motivos prioritarios para una manifestación. Ciertamente, alguien podría pensar que descender de andaluces no me da sensibilidad catalanista suficiente, pero nacer y vivir casi 36 años aquí, y aplicarme con todos los usos y costumbres de la tierra -como debe ser, incluyendo mi nivel C de catalán, algo que muchos exaltados no tienen- me autorizan tanto como un Pujol o un Maragall a opinar así con plena autoridad y sin cargo a conciencia. Y, por supuesto, mucho más que un Millet o un Prenafeta.
Por el otro lado, están varios de los tipejos esos que se autoconsideran garantes del orden constitucional, de una forma exactamente igual a como sus padres lo hacían con los Principios Fundamentales del Movimiento. Dan asco. Nunca se preocuparon en entender lo más mínimo este país, Cataluña, más allá que como una mera tierra conquistada llena de desafectos al régimen. Y así nos ha ido. Ellos (y no sólo pienso en jueces, sinó también en políticos y periodistas) y su gilipollez congénita son los máximos responsables de que aquí surjan otros iguales a ellos pero en campo contrario.
El tema de hoy lo he escogido por un motivo tal vez equivocado, pero que interpreto así. Catatonia es un grupo galés, y sus conciertos suelen estar llenos de símbolos de ese país, en contraposición a Inglaterra. En 1998, lanzaron este tema dentro de su álbum homónimo. La canción fue escrita en galés, pero su estribillo, que literalmente da gracias al Señor por ser galés, quedó en inglés. Es muy posible que esto sólo respondiera a un objetivo de difundir mejor este mensaje nacionalista gaélico, quién sabe, pero siempre me gustó esa dicotomía realmente integradora entre mensaje e idioma. Porque yo también doy gracias a Dios por ser catalán. Y español. Y, sobre todo, por intentar no ser gilipollas.
Catatonia – International Velvet (por Spotify)
Letra de la Píldora.
Hasta la próxima.
