miércoles, 26 de febrero de 2014

Entre dos aguas, Paco de Lucía, 1973


Un buen amigo, Salva, miembro de los Kill Me Later, comentaba en su muro de Facebook hace unas horas que hoy sería un día en el que todo quisque sería fan de Paco de Lucía "de toda la vida". Naturalmente, con la ironía que cabe suponer: la gran mayoría apenas habrán escuchado Entre dos aguas por la tele, puede que incluso tan sólo parcialmente en un fugaz zapping. Y muy pocos, muy muy pocos, habrán escuchado un álbum entero del algecireño. 

No me da vergüenza admitir que yo estoy entre estos últimos. Tampoco descubro nada a nadie: más de una vez, y de dos, he dejado constancia que un servidor, para ser descendiente directo de cordobeses, tiene muy poco -hasta el día de hoy- del duende flamenco. Cuatro palmas más o menos acompasadas, y a otra cosa, mariposa.  

Pero más allá de que apenas haya pasado del tema de hoy de Paco de Lucía  (y de alguna interpretación del no menos glorioso Concierto de Aranjuez) al César lo que es del César. Es el puto amo de la guitarra española, el que le ha sacado los colores como ha querido. De haber sido anglosajón y eléctrico, este tío hubiera sido Jimi Hendrix. 

Así que aquí os dejo con su más memorable e inolvidable pieza. Venga, y esta vez, la escucháis entera si no lo habéis hecho hasta ahora.



Hasta la próxima. 


viernes, 21 de febrero de 2014

Cantares, Joan Manuel Serrat, 1969


Este 2014 tiene muchas lecturas propias. Sólo hay que echar un vistazo a la prensa: VI Año de la Gran Crisis; III y Penúltimo Triunfal Mariano; por ende, también III del Malestar Intestinal Oposicional; y Enésimo (y lo que te rondaré morena) de la Santa Cofradía del Sobre Marrón. Para algunos, es casi el Año -I de la III República, mientras que para otros, es ya prácticamente el de la Indepe en conmemoración de otro 14, aquél mucho más funesto si cabe, de pólvora, casacas, largos pelucones y decretos ominosos.

Pero también es el año que hace 75 de aquel 1939 que detuvo el reloj de España más de 20 años en lo económico y 40 en lo social. Un año donde sí hubo vencedores y vencidos, estos últimos con alevosía y a menudo con nocturnidad, especialmente si los llevaban a pasear.

Entre los vencidos hubo de todo. Soldados, obreros, viudas, niños, pero también ministros y generales, hombres de ciencia y escritores. Uno de estos últimos, que apenas sobrevivió para cruzar la frontera, fue uno de los grandes poetas españoles de todos los tiempos, Antonio Machado. Justo mañana se cumplen 75 años de su fallecimiento. Hay que decir que, al menos, aquel anciano cuya familia había quedado como casi todas dividida -su hermano Manuel, también poeta, estaba con los vencedores- no llegó a ver el final de la guerra y la desaparición definitiva (ya cantada) de su República.

Así que qué mejor homenaje que uno de sus más inmortales poemas en boca del mayor cantautor en castellano del siglo XX, en mi opinión. Cantares, en la versión que interpretó el del Poble Sec en 1969 (aún con el Caudillo caudilleando) se dividía en dos partes: la primera lenta, recitada, con la letra del poema original de Machado compuesto en 1912; la segunda, trepidantemente ye-yé, con texto del propio Serrat.

Pero todo esto ya lo sabéis de tantas veces como la habéis escuchado. Seguro que no os importará hacerlo una vez más. Dedicado a Antonio Machado, poeta.





Hasta la próxima. 

lunes, 10 de febrero de 2014

Black, White & Blue, Ladyhawke, 2012



Ayer, estaba ojeando algunos posts antiguos del blog. Esto lo hago a veces simplemente tanto para recordar qué frikada había escrito aquí o allá como para rescatar para los oídos alguna pieza, sí, como si de cualquiera de vosotros se tratara en plan visita turístico-musical. 

La segunda o tercera de ellas que trasteé, hecha de forma rápida durante unas vacaciones de semana santa, fue la de una neozelandesa bien conocida en círculos indies, pero algo menos en cuanto a público general se trata. Con la electrónica Magic, Ladyhawke lanzaba su último single en más de tres años, en un interludio marcado por una exhaustiva y larga gira de conciertos.

Un paréntesis que se volvía a abrir en 2012 con el tema que os propongo hoy, Black, White & Blue, descubierto tras investigar si había algo nuevo desde aquella Píldora de hace casi tres años. Es notable el cambio de registro entre ambos singles, Magic, y el de hoy. En el que tenéis delante, la electrónica ha dado paso a una especie de revival del britpop, con sus guitarras y sintetizadores, y melodías inspiradas en los sesenta y setenta. 

Efectivamente, Black, White & Blue tal vez no sea un tema demasiado innovador, pero puede que tampoco lo pretenda. Si es así, se trata de una muy buena pieza pop de las que todos los aficionados al indie gustamos de escuchar en cualquier momento. Si es vuestro caso, no dudéis en darle al play. 





Hasta la próxima. 

viernes, 31 de enero de 2014

Million Voices, Otto Knows, 2012


Debo decir que bailar esto ("perpetrar el baile" sería más correcto) me recuerda a lo mejor de la música dance de quince o veinte años atrás. Entonces, las pistas estaban minadas de temas de aquel engendro llamado "makina", así que cuando aparecían cosas decentes, huelga decir el salto que muchos pegábamos con tal de menear el esqueleto... lo cual no tiene por qué ser sinónimo en ningún caso de nada parecido a una coreografía, insisto.  

Hoy en día, pasa algo por el estilo. La "makina" ha pasado afortunadamente a más alta vida, pero eso tampoco quiere decir que en general la cosa haya mejorado. Decenas de fistros musicales de eso que dicen "electro latino" o, lo que es lo mismo, una derivación discotequera de los infumables reggaetones, campan por la mayoría de garitos destrozando los oídos de aquellos que, ya sólo muy de vez en cuando, reaparecemos por ellos para amenizar la noche. Así que entre los varios "ella se vuelve loca-ca-ca" y "ay ay ay ay ven a bailar conmigo", de vez en cuando aparece algo como este gran tema del discjockey sueco Otto Knows. 

Million Voices, como mandan los buenos cánones del DJ, incorpora el sampler de otro tema. Y en este caso, estoy seguro que difícilmente adivinaríais cuál es su origen. Las voces distorsionadas que marcan la pieza de principio a fin provienen -eso sí, de forma casi irreconocible- del tema homónimo del rapero y compositor Wyclef Jean, el cual aparece nada menos que en la banda sonora de la inconmensurable Hotel Rwanda. 

El tema, originalmente lanzado en Bélgica, escaló a lo largo de 2012 y 2013 los charts de prácticamente toda Europa. Es lo que tiene la buena música, que también triunfa entre lo más comercial: con suerte, quién sabe si sobrevivirá a los "ta-tún-ta-tún" con los que muchos pinchas actuales maltratan impunemente el buen gusto musical. 




Letra de la Píldora: mucha, mucha, tampoco tiene. 

Hasta la próxima.

lunes, 27 de enero de 2014

Tusk, Fleetwood Mac, 1979



La de hoy es, posiblemente una de las canciones más extrañas de cuantas se han colado en las listas de éxitos desde que el rock es rock. Extraña por su sonido, extraña por lo atípica en el momento en que se lanzó, y extraña por lo outsider dentro de la discografía de los Fleetwood Mac. 

Imagináos un tema a mitad de camino entre el ambiente circense del Sgt. Pepper's de los Beatles y las grandes bandas que amenizan los partidos de fútbol americano entre los partidos. Ahora, para marcar más la extravagancia, ponéis el resultado en pleno 1979, entre los estertores del punk y la música disco, y el auge de la new wave y de los grupos de arena rock. Y, finalmente, lo metéis dentro de un álbum de una de las formaciones más comerciales de la segunda mitad de los setenta. Todo eso es Tusk. 

Por si fuera poco lo anterior, la grabación de la canción no se hizo en un estudio, sino en directo, en pleno estadio (vacío) de los Dodgers en Los Ángeles, y acompañados por toda una -efectivamente- banda universitaria de esas que se disfrazan de soldados para acabar de convertir los encuentros deportivos en auténticos shows masivos. 

Con todo, lo más extraño del conjunto es que, encima, triunfó en las listas de éxitos. Se coló en los Top 10 norteamericano, británico, australiano y canadiense. Incluso su álbum, titulado homónimamente, alcanzó el número uno en Gran Bretaña. 

Como todo lo dicho más arriba suena cuanto menos curioso, os dejo con el clip promocional, que certificó aquella particularísima grabación. Y para que veáis hasta qué punto Tusk consiguió su efecto festivo, al final del clip, la propia banda que acompañó a los Fleetwood Mac, la University of Southern Californian Trojan Marching Band, añadió una interpretación del tema muchos años después en uno de los partidos de los Dodgers. Espectacular.

Ah, que no os engañe el texto: Tusk es una grandísima canción. Estoy seguro de que os gustará. 





Hasta la próxima.