jueves, 31 de julio de 2014

Listen To The Music, The Doobie Brothers, 1972


En estos días en los que los nietos de los niños judíos del holocausto asesinan a otros niños; en los que la Mucha Honorabilidad se tiñe de fango al cubrir una mera y vulgar mafia familiar; en los que los aviones de pasajeros son derribados sin que nada pase; en estos días, digo, apetece más que nunca hacer un alto, encender el equipo de música y poner algo que, ciertamente, levante el ánimo. 

Y buscando, buscando, encontré entre los discos varias candidatas a provocar cierto meneo cabecero y paso desgarbado, que es lo que hacemos los que a falta de bailar, perpetramos el movimiento. Al final me decidí por un tema que, no exagero, llevaba años sin poner ni escuchar. Seguramente por eso, el subidón fue mayor, algo así como el que da cuando uno se encuentra con un buen amigo tras mucho tiempo sin verlo. 

Listen To The Music es una canción que despide un buen rollo descomunal. No ya sólo por su letra, si no por su ritmo entre el pop y el funky, irresistible. Supuso el primer gran éxito de la banda allá por 1972, y con el que se quedó a las puertas del Top 10 norteamericano en una época en la que no llegaba hasta ahí cualquier hijo de vecino. 

Por cierto, que el buen rollo de la melodía no deja de tener su ironía respecto a lo que comentaba al principio. ¿Sabéis qué imaginó Tom Johnston, cantante y líder de los Doobie Brothers, cuando la compuso? Pues en que si los líderes del planeta se sentaran un momento en el campo y se detuvieran a fumar hierba o, simplemente, a escuchar música, muy posiblemente el mundo sería un lugar mejor. 

Y viendo lo visto, lo más seguro es que tuviera razón. 




Hasta la próxima. 

domingo, 13 de julio de 2014

California Sun, Ramones, 1977


Y se fue el último de los cuatro Ramones originales. Un chiste que circula por ahí cuando murió Johnny Ramone (hace ahora diez años) lo figuraba entrando al "cielo Gabba Gabba" mientras era recibido por sus dos compañeros Joey Ramone y Dee Dee Ramone. Este último colgaba un cartel que decía "se necesita baterista". 

Pues bien, el baterista acaba de llegar. Con el final de Tommy Ramone, se cierra definitivamente la historia de uno de los grupos más emblemáticos del punk norteamericano. Si bien nunca fueron tan socialmente comprometidos como sus colegas británicos de movimiento, rabia decibélica nunca les faltó. 

Unos decibelios que siempre tuvieron un oído puesto en la vieja música surf californiana, de la que bebieron tanto como de la naciente ola punk neoyorquina de la que procedían. El tema de hoy es, tal vez, una de las mejores muestras de aquella particular -y exitosa- fusión. 

California Sun fue compuesta nada menos que en 1961 por los también neoyorquinos (!) Henry Glover y Morris Levy y grabada por primera vez por el nativo de Nueva Orleans (!!) Joe Jones. Pero no fue hasta 1964 que el tema se convirtió en un éxito nacional de la mano de The Rivieras, formación oriunda del estado de Indiana. Es evidente que, excepto por la letra y el título, el tema tenía muy poco de californiano.  

En 1977, en plena explosión punk, los Ramones decidieron sacar su propia versión dentro del disco Leave Home y como cara B del sencillo I Remember You. A pesar de que no llegó a situarse en las listas, era evidente que era muy del gusto de la banda, que incluso lo incluyó en la banda sonora del film Rock'n'Roll High School

Y sin más, pildoreros, ¡Gabba Gabba Hey!




Hasta la próxima. 

sábado, 5 de julio de 2014

The Man, Aloe Blacc, 2014


Como suele pasar en tantas grandes canciones hip hop, la primera vez que se escuchan uno tiene la sensación de haber pasado por allí antes, pero caso siempre se queda atrapado: es el invariable efecto del sampleado. De una forma parecida a la que se quedaría ante una buena versión.

The Man cumple esta circunstancia de forma total y absoluta. Cuando se ha terminado de escuchar, no se sabe si ha gustado más la canción por sí misma o por la magistral inclusión del clásico. Que no es otro, efectivamente, queridos pildoreros, que el clásico Your Song de Elton John. El sampleado del verso "and you can tell everybody" en el estribillo es, en mi opinión, de primera clase. 

Con él, el compositor Aloe Blacc ha conseguido en este 2014 el mayor hit de su carrera. The Man ha alcanzado el número uno en Gran Bretaña -al final, Elton es Elton, y si se le cuida, son muy agradecidos- y el Top 20 en casi todo el mundo, incluidos unos Estados Unidos tan escépticos a veces con los raperos que van más allá de meras comparsas de las divas (o no tan divas) soul. 

El clip también es muy recomendable, lleno de referencias al despertar juvenil y social de los años sesenta. A lo largo de él, Blacc se mete en escenas tan diversas como la violencia racial, las protestas contra la guerra de Vietnam o el mítico programa Soul Train. Por no mencionar sus transmutaciones en Malcolm X, Muhammad Ali o Stevie Wonder, entre otros. En definitiva, estamos ante un vídeo que es poco menos que el trailer de un remake de Forrest Gump o El Mayordomo: motivo suficiente para no perdérselo.

Y os dejo ya con esta magnífica canción. Ahora marcho al Vijazz: ya os contaré.  




Hasta la próxima. 

viernes, 27 de junio de 2014

The Happening, The Supremes, 1967


Tras la regia trascendencia de la Píldora anterior, pasemos el péndulo hacia el otro extremo. De hecho, hoy nos dirigimos a la parte más amable, domesticada y pop de los años sesenta. 

Antes de nada, ¿qué eran los happenings? Aunque es difícil de contestar en pocas palabras, podían resumirse en manifestaciones artísticas donde incluso podía participar el público, con una evidente carga de provocación. Por ello, fueron muy populares entre la cultura hippie de finales de los años sesenta. 

Hasta aquí, la realidad. Pero, ¿y para Hollywood?

Hollywood prefirió hacer lo mismo que la industria musical: coger la modernidad más puntera y adaptarla para todos los públicos, que al cabo se trataba de llenar las salas. Por eso cogieron al bueno de Anthony Quinn, al que le quedaba tan solo un año para convertirse en el inolvidable y revolucionario Papa Kiril en Las Sandalias del Pescador, y lo transformaron en un antiguo capo de la mafia secuestrado por cuatro inconscientes hippies ¡que buscaban aventura y montar uno de aquellos happenings!

La idea no podía ser más surrealista, pero sirvió para elaborar una intencionada comedia que dejó, además, todo un número uno de The Supremes, titulado como el film: The Happening. El tema se alejaba totalmente del registro soul del grupo -ya de por sí muy comercial- hasta el punto que si uno no las veía, se podía imaginar a la propia Sandie Shaw al micro de tan karinesca canción. 

Pero, las cosas como son, uno no puede evitar sonreír, chasquear los dedos o marcar el compás con los pies ante tanta ingenuidad musical. Por cierto, que tras tanto buen rollito estaba a punto de estallar la guerra civil entre el trío norteamericano. Diana Ross reclamaba para sí el liderazgo de la banda, y valga decir que lo consiguió por toda la línea. The Happening fue el último single firmado como The Supremes. El siguiente, Reflections, tendría ya una poco sutil modificación en el nombre del trío: Diana Ross & The Supremes

Al final, ya se sabe que los egos no entienden ni de hippies ni de happenings ni de la madre que parió al flower power.

PS: qué diferencia con el happening de los Pixies, ¿eh?




Hasta la próxima. 

jueves, 19 de junio de 2014

Rey Sol, Vetusta Morla, 2008


Diciembre de 1683, palacio de Versalles. El hijo de Luis XIV, rey de Francia por la Gracia de Dios y Rey Sol por la de sus ejércitos, había tenido descendencia por segunda vez. Versalles aún estaba casi recién estrenado como sede real -de hecho, el edificio aún no estaba terminado del todo- y el nacimiento del nuevo nieto real era todo un acontecimiento. Recibió el nombre de Felipe y el título de Duque de Anjou, uno de los más distinguididos del reino.

 Diecisiete años más tarde, en aquel mismo edificio que le vio nacer, Anjou fue proclamado rey de la monarquía hispánica, en virtud de las artimañas de su borbónico abuelo y de la última decisión de su tío abuelo, Carlos II, el llamado Hechizado y último, estéril y degenerado Austria. Bajo el título real de Felipe V, marchó hacia sus nuevos dominios, imbuido del espíritu que su abuelo Luis le había inculcado. Un espíritu -el del apócrifo pero versemblante "l'État c'est moi"- que pronto se traduciría en una forma de gobernar inusual al sur de los Pirineos.

 Damos otro salto en el tiempo. 1714. Ni sus parientes los Austrias, ni Inglaterra, ni algunos de sus súbditos peninsulares habían aceptado al nuevo monarca: unos por intereses dinásticos, otros por estrategia política, otros por miedo a la pérdida de los privilegios de su tierra. La guerra fue dura: finalmente, tras el abandono de los Habsburgo y de los ingleses, y la caída de Aragón y de Valencia, Cataluña se quedó sola ante el ya no tan nuevo monarca. Y dividida: la alta aristocracia estaba dispuesta mayoritariamente a acordar la rendición, a diferencia de parte de la baja nobleza y de la burguesía. Como siempre, en ambos bandos, el pueblo sería la carne de cañón, de forma más o menos convencida. Hay que decir, no obstante, que no hay nada como unos cañonazos sobre la casa de alguien para convencerle de quién es su enemigo en aquel momento. 

Hasta que el 11 de septiembre, Barcelona cayó ante los ejércitos combinados de Felipe y de su abuelo el Rey Sol. Éstos representaban la nueva forma de gobernar, el despotismo ilustrado. Que ilustrado lo sería más o menos según la ocasión, pero que déspota nunca dejó de serlo. La represión fue terrible, y muy siniestramente moderna. Con los años, se aflojó el nudo económico (al fin y al cabo, hay que estar bien con las élites locales) pero el político y cultural, no. Tampoco es que a la mayoría de gente de a pie le importara demasiado: en toda la península ibérica habrá que esperar al siglo XIX para que los sentimientos nacionales afloren entre las capas ricas y las ilustradas, y al XX entre todas las demás.

 Lo que no cambiaba era la dinastía reinante. Motines, revoluciones, dinastías extranjeras, repúblicas, guerras civiles y dictaduras parecían estar a punto de ponerle el definitivo punto y final... pero que nunca pasó de punto y seguido. Siempre volvían. Es verdad que hacia el final, terminó adaptándose a los nuevos tiempos. Y, mientras hubo dinero, incluso recibiendo el afecto popular. Este país es agradecido y lo perdona todo con la barriga llena.

 Nos acercamos al final: llegamos ya al presente. Hoy las barrigas no estan tan llenas y, por extensión, no se perdona ya todo, ni siquiera las campechanas borbonadas, que no son patrimonio exclusivo juancarlista como se pudiera pensar. Mientras que por doquier renacen republicanos ante los escándalos y el descrédito real, muchos descendientes de los derrotados en 1714 -entre los que hay también descendientes de los vencedores, esto es Cataluña- están dispuestos a recuperar su antigua condición de estado.

Por ironías del destino, exactamente 300 años después, el desafío lo tiene el siguiente Felipe de la regia lista. Con la diferencia de que tanto su presencia en el trono como su reinado sobre todos los territorios de la vieja monarquía hispánica ya no serán responsabilidad y quehacer de un Rey Sol. Lo serán -lo deberán ser- únicamente de la irresistible voluntad del pueblo. 

Sin ella, no será rey por mucha corona que ciña. 




 Hasta la próxima.