miércoles, 12 de agosto de 2015

Bodies, Sex Pistols, 1977


La de hoy es una canción que, seguramente rompió -y sigue rompiendo- todos los esquemas sobre aquellos cuatro tipos que pusieron patas arriba el Reino Unido a golpe de "no futuro" y pidiendo la más pura anarquía. Porque sí, serían unos nihilistas (aunque ellos entonces probablemente no supieran lo que era el nihilismo) pero a la hora de la verdad, incluso a un tipo como Johnny Rotten se le removía la conciencia, de alguna manera. 

Bodies cuenta la crudísima historia -en algunos momentos en primera persona- de una chica con problemas mentales que tuvo que abortar. Cabía la posibilidad de que hubiera sido violada por uno de los cuidadores de la institución donde había estado internada. Quiere la leyenda que un día, convertida en fan de la banda, se presentó en la puerta de la casa de Rotten ataviada simplemente con una bolsa de plástico, y llevando en otra... a un feto. 

Si esto fue así, es comprensible la desazón del líder de la banda, en plena carrera al estrellato. Rotten, muy impresionado, acabó escribiendo el tema de hoy, uno de los más agresivos con diferencia de la breve discografía de los Sex Pistols, tanto en sonido como en lenguaje. 

A su manera extraña, resulta ser un tema conmovedor. Y, dicho sea de paso, uno de los más controvertidos, no sólo ya por su lenguaje. Su contenido, que empatizaba enormemente con el drama de aquella chica, acabó siendo el pretexto para que fuera reinvidicado como... sí, un tema antiabortista por parte de los grupos "pro vida" más conservadores. Ver para creer: ¡tipos propios del Tea Party o de los más rancios tories enarbolando un tema de los Sex Pistols, y de los más ruidosos!

La verdad es que el margen de duda estaba ahí, escuchando la canción. Tuvo que ser el propio Rotten quien, tiempo después tuviera que matizar que no era un tema antiabortista, aunque tampoco fuera proabortista. Afirmó que, simplemente, quiso describir un drama personal, del cual era difícil mantenerse al margen. Incluso para el cantante de la mayor banda punk de la historia. 

Fuera como fuera, escribió una canción que difícilmente no pega una sacudida a todos los niveles cuando se escucha. Independientemente de lo que uno piense. Y, tal vez, ahí esté su gran valor. 




Hasta la próxima. 

viernes, 7 de agosto de 2015

Feeling Good, Muse, 2001



Es cierto, no estáis soñando. Apenas han pasado dos días desde la última Píldora, y aquí tenemos otra. Casi como en los viejos tiempos. Bien, no puedo garantizar un ritmo diario como aquél, pero haremos todo lo posible por darle más ritmo a la cosa. Y empezamos de la mano de mis queridos Muse, esos fanáticos de la ciencia-ficción, la épica, el rock duro y el barroquismo más absoluto, de los que alguien definió su música de la siguiente manera: "al escucharla te dan ganas de invadir algún país". Lo que no deja de ser cierto en algún que otro tema. 

Apreciaciones subjetivas aparte -y detractores entre los puristas del heavy metal descartados- estos tipos hacen una música de primera, y con un personalísimo criterio. En varias ocasiones, he dejado escrito que las buenas versiones no son tanto las que copian literalmente la original, como aquellas que el intérprete transforma de arriba abajo hasta hacerla suya por completo. Como adivinaréis, este último es el caso de Muse en el post de hoy. 

Feeling Good se creó como una pieza del musical de 1964 The Roar of the Greasepaint - The Smell of the Crowd, del que desconozco si alguna vez se llegó a estrenar en España. En aquel momento, la canción no pasó con demasiada gloria. Tuvo que esperar a que un año más tarde, en 1965, nada menos que Nina Simone hiciera su inmortal y conocidísima versión. 

- ¡Un momento! ¿Nina Simone y me trae usted a estos frikis del espacio, Sr. Alberca?- Hay dos motivos para tal aparente extravagancia. El primero es simplemente material. No he tenido narices de encontrar un vídeo con la diva marcándose la canción, más allá de los consabidos youtubes con fotos. Si alguien lo encuentra, muy gustosamente le daré las gracias. 

El segundo motivo es mucho más interesante. Y es que la versión que hizo Muse en 2001, que incluyó en un sencillo junto a Hyper Music, está considerada por muchísima gente como la mejor o una de las mejores interpretaciones jamás hechas de una canción. Casi cualquiera se atreve con Yesterday guitarra en mano y voz cansina, pero con esto, y encima con el precedente nada menos que de Nina Simone... amigos, son palabras muy mayores. Pues bien, Muse simplemente lo bordó. Ahí quedan las encuestas realizadas por medios como la revista New Musical Express o la BBC en persona. 

Una anécdota añadida a la versión de hoy es que, si os acordáis, aparecía hace unos años en un anunció de Nescafé. Pero, cosas de las multinacionales, entre tanta gente y tanto papeleo se les "olvidó" pagar royalties a la banda británica. Así que ésta litigó, ganó, y Nestlé... bien, sustituyó su versión por la de Nina Simone. Como epílogo, el grupo donó el dinero de la indemnización a Oxfam. Porque se puede hacer música que suene como si fueras a arrasar dos planetas juntos, pero siempre es más inteligente destinar el dinero a mejorar el que tenemos.  

Y dejo de dar la barrila para que os metáis ya en el turrón, que cualquiera no se siente bien escuchando esto. 




Hasta la próxima. 

miércoles, 5 de agosto de 2015

Brain Damage/Eclipse, Pink Floyd, 1973


Qué dificil es cansarse de algunas canciones. Y, en el caso de Pink Floyd, de algunos discos de arriba a abajo. Es el caso del inconmesurable Dark Side of the Moon, que ya ha aparecido por aquí en alguna otra ocasión.

Uno de los momentos estelares del mismo es su final, formado por dos canciones unidas entre sí, Brain Damage y Eclipse, consideradas por muchos de lo mejor de la banda británica, que ya es decir. Aunque a veces, el ser tan conocidas no es señal de saber su nombre correcto. Como a menudo pasa, cuando dos temas van empalmados en un álbum, es frecuente confundirlos como si fueran uno. Pero es que, en el caso de hoy, además es muy común rebautizarlos como nada menos que... "Dark Side of the Moon". La causa es muy simple: es en esta parte del disco donde se cita en la letra el nombre del mismo.

En descargo de los confundidos, no van tan mal como pudiera parecer. Cuando Roger Waters compuso los primeros esbozos de Brain Damage, su título previsto era precisamente el que acabaría siendo utilizado para el álbum. Y dejó el mucho más inquietante "daño cerebral" para describir una más de las canciones que dedicó a su amigo y ex compañero de grupo, Syd Barrett, aquejado de desequilibrio mental agravado por un enorme abuso del LSD. 

No fue la única vez que Barrett recibiría canciones dedicadas, como ya vimos en la Píldora relativa a Shine On Your Crazy Diamond, otra joya de la banda. Sin embargo, no todo fue tan bucólico. Muchos sostienen que Waters, de carácter fuerte, aprovechó el desequilibrio de Barrett -líder de la banda durante sus primeros años- para acabar dándole la puntilla en 1968 y hacerse con el control de todo con el visto bueno de los demás. Y sí, dedicó bellísimos temas a aquél... pero no lo vio durante los seis años que transcurrieron desde 1969 hasta que un irreconocible Barrett -engordado, rapado al cero y sin cejas- visitó en 1975 al grupo mientras grababa... precisamente Shine On Your Crazy Diamond. Una escena que debió de ser sobrecogedora. Y que no se repetiría nunca más en los largos años que quedaban hasta la desaparición de Barrett en 2006. Probablemente haya un poco de todo: un grupo que estaba despegando veía como su brillante líder se hundía. Y para sobrevivir... bueno, acabaron prescindiendo de él. Aunque no sin alguna sincera aflicción. Dicen que Waters lloraba en la famosa visita de su ex colega en 1975. 

Como fuera, lo único cierto es que aquella relación extraña con una enfermedad mental de fondo acabaría dando lugar a algunos momentos irrepetibles de la historia del rock. Y que os dejo disfrutar tanto como yo mientras preparaba estas líneas.


Os dejo dos clips. El primero incluye la filmación del proceso de grabación del tema. Allí se puede ver como Waters cortaba el bacalao, el virtuosismo de Gilmour a la guitarra... y a un mostachudo Mason que parece recién haberse acabado algún cigarrillo de la risa. O dos. 

El segundo clip simplemente incorpora los dos temas seguidos con la letra en plan karaoke. No tiene más tema que el escucharlos de manera seguida tal y como aparecían en el álbum.  



Letra de la Píldora. 



martes, 28 de julio de 2015

In the Ghetto, Elvis Presley, 1969


Hay canciones que, a pesar de ser simplemente gloriosas -o, precisamente, a causa de ello- acaban teniendo un punto de mala suerte. Es el clarísimo caso de In the Ghetto, uno de los mayores hits del Rey. 

Los lectores españoles casi en seguida habrán caído sobre lo que hablo. Y no, no tiene nada que ver con que el tema de hoy fue el primer éxito de la última etapa de Elvis, la de los casinos y los megalómanos y estrafalarios trajes acampanados. Esto sería importante, tal vez, para el público del resto del planeta, pero no para el de por aquí. 

Efectivamente, hablo del Príncipe Gitano. 

No es mi intención, ni mucho menos, desacreditar al cantaor valenciano, por otra parte muy reputado en el mundillo flamenco. Pero lo que hizo con In the Ghetto, eso no tiene nombre. Hasta el punto de que hoy en día es casi imposible disociar la estupenda versión de Elvis de la del Príncipe Gitano, para desgracia de la primera. 

Por supuesto, no ha sido la única vez que por estos parajes se han hecho versiones no ya discutibles, si no directamente punibles de éxitos foráneos. Ahí quedan Aquarius (aka "Acuerious") de Raphael o -menos mal que era en clave de coña- nada menos que el Space Oddity de David Bowie por parte de... ¡Los Hermanos Calatrava! Por cierto, una versión de la que uno no sabe si lo mejor es reir a carcajada limpia o pedir el ingreso en el psiquiátrico por el trastorno recibido. 

En cualquier caso, nos quedamos aquí con Elvis en estado puro, un Elvis que venía del reciente retorno por todo lo alto con el mítico concierto televisivo '68 Comeback Special y que inauguraba, como decíamos, su gran periodo final de Las Vegas. No deja de ser particular que para su relanzamiento como artista, abriera con un tema de un enorme contenido social. In the Ghetto cuenta la historia de como un chaval en un suburbio de Chicago nacía, crecía y moría en mitad de una inevitable espiral de pobreza y de violencia. Nunca antes, y nunca después, Elvis volvería a hacer algo así. 

Y viendo el vídeo, interpretando el tema entre una elegante asistencia de un casino, da la sensación de que todo era una rara avis. Si será verdad que, en el fondo, era un tema más pensado para un artista de orígenes aún si cabe más modestos que los de Elvis. Gitano, para más señas.  





Hasta la próxima. 

martes, 30 de junio de 2015

Repent Walpurgis, Procol Harum, 1967



La de hoy es una Píldora que hará las delicias de los aficionados al rock sinfónico... y de unas cuantas cosas más. Porque en pocas partes pueden entrar a la vez y en el mismo sitio gente como los Madcon, Bach, la brujería, el cine de terror setentero español y hasta los Illuminati, esos tipos que, según algunos, controlan hasta cuando vamos al lavabo.

Pues bien, pildoreros, éste es el único post donde encontraréis todo ello entremezclado y bajo una de las mejores piezas de Procol Harum, aquellos muchachos que se hicieron famosos en todo el mundo cantando a la blanca palidez de una muchacha. Empecemos. 

Y lo haremos por lo más conocido. Hace unos ocho años, un par de noruegos con un desacostumbrado aspecto más bien poco nórdico, se hicieron de oro con un tema titulado Beggin'. Estos tipos, que obedecían al nombre de Madcon, simplemente se limitaron a versionar un antiguo tema de 1967 que ya fue famoso en su día de la mano de los Four Seasons, al frente de los cuales estaba el inefable Frankie Valli. Sí, el mismo Frankie Valli que grabó la primera versión de la inolvidable Can't Take My Eyes Off You

Pues bien, poco después de que los Four Seasons lanzaran Beggin', Matthew Fisher, teclista de Procol Harum, quiso hacer su aportación personal al que iba a ser primer disco del grupo. Así que cogió los acordes de la canción, los ralentizó bajo el sonido de un hipnótico órgano Hammond... y creó el 80% de la canción que tenéis hoy como Píldora propuesta. Para acabar de redondear el resultado, el 20% restante lo encontró casi en el lado opuesto del espectro musical. Concretamente, en el famosísimo Preludio nº1 en Do mayor de Johann Sebastian Bach. Así que, con un  par, su creación tuvo como resultado la suma extraña de dos hits, uno procedente del pop norteamericano más soft y el otro nada menos que del barroco alemán. 

¿Y qué hay de lo de la brujería y todo lo demás del principio? Bien, el resultado musical quedó tan inquietante a su manera, que a alguien le recordó a la noche de Walpurgis, una celebración de origen pagano propia del norte de Europa y a la que el cristianismo pronto consideró propia de elementos de brujería y aún de algo peor. De hecho, se sabe que la fundación de la famosa (más por la literatura de consumo que por otra cosa) orden de los Illuminati tuvo lugar precisamente en la noche de Walpurgis de 1776. Si es que se lo ponen a huevo a Dan Brown, hombre. 

¡Ah, se me olvidaba! Lo del cine español setentero de terror. ¿Pero de verdad no habéis visto la más célebre película nacional sobre el hombre lobo? ¡Ríanse ustedes de Crepúsculo y toda esa panda de pusilánimes cargados de hormonas adolescentes!  



Letra de la Píldora (instrumental). 

Hasta la próxima.