jueves, 31 de diciembre de 2015

Hay que venir al sur, Raffaella Carrà, 1978




Termina 2015, un año algo demasiado corto en Píldoras (ah, la terrible limitación de 24 horas del día) pero nunca abandonadas: aquí estamos para despedir el año e iniciar uno nuevo. En el que quiero -otra vez- incrementar el número de publicaciones en la medida de lo posible, e igualar la diversión a la hora de escribirlas. Querer es poder, dicen. El que lo dijo vivía en una jornada de 27 horas al menos. 

Como sea, ahí queda por escrito. Dentro de doce meses veremos si esta vez ha habido más palabra por parte de quien escribe. De momento, no me quiero ir de este año sin pasar por caja, y lo hago con una de esas canciones de fiesta de fin de año, por supuesto. Lo malo es que quién pasó sus primeros fines de año frente a una tele en los setenta y a principios de los ochenta, tiene un criterio bastante panderetero, básico y, para qué negarlo, typical Spanish. 

Así que la cosa volvía a andar entre Boney M, Raffaella Carrà o ABBA. También estaba Bertín Osborne o El Puma, pero incluso uno tiene sus límites. Al final, ha ganado Raffaella. ¿Por qué? Ni idea. Pero oye, eso de venir al sur a hacer depénde de qué cosas siempre tiene su gracia. Especialmente si eres del sur (del norte del sur, sí, pero tampoco vamos a andar ahora con geografías complicadas). Además, en Nochevieja esta publi siempre sube la moral trescientos puntos en plena efervescencia cubatera. Aunque se esté fuera de mercado y sólo se salga por ahí a mover... pues eso, el cubata.  

No os descubriré musicalmente nada de una canción que habéis escuchado seguro cientos de veces, y que es para lo que es. Así que me dedicaré tan sólo a desearos un gran año 2016, y a deciros que tranquilos, que hayan más o hayan menos píldoras, siempre habrá alguna para pasar el rato a golpe de música.

Y por supuesto, si además, sois del sur como yo (o del norte del sur. etc.), pues que se nos note, que somos los mejores.  

¡FELIZ AÑO 2016, PILDORER@S!




Hasta la próxima. 


martes, 3 de noviembre de 2015

Love Train, The O'Jays, 1972



Los aficionados a la (buena) ciencia ficción llevamos varios años de enhorabuena en las salas de cine. Si en 2013 Gravity nos dejaba sobrecogidos cada cinco minutos bajo el marco de unas imágenes de la Tierra simplemente espectaculares, un año más tarde viajábamos al confín de la galaxia y de la física cuántica en Interstellar bajo una épica insuperable. Pues bien, para que no hubiera dos sin tres, este año me he quedado simplemente extasiado en la misión de rescate mejor rodada nunca: The Martian

Y que conste que iba con notables reservas. Hace un año, más o menos, leí la novela homónima de Andy Weir, una verdadera joya del género plagada de ciencia y mucho sentido del humor, de la mano del astronauta Mark Watney, un nuevo Robinson Crusoe que deja a MacGyver a la altura del chispas de tu barrio. Amén de tener unos "poderes botánicos" que ya los quisiera para sí el jardinero -aquél de la coleta- de Bricomanía. 

Pues bien, el visionado fue de primera. Ridley Scott ha ejercido de tal, y se ha marcado una película que tardará en olvidarse. Ciertamente, hay bastantes detalles del libro que quedan al margen, pero nada esencial que desfigure a la historia o al personaje de Watney, que a partir de ahora siempre tendrá la cara de Matt Damon cuando vuelva a leer la novela. Lo cual será en breve, para aprovechar el nuevo influjo de la peli. 

Pero esto no es un blog de cine, si no de música. Decía que es una película plagada de ciencia y de humor... pero, sobre todo, de música de los setenta. En la novela, un resignado Watney acaba cogiéndole el gusto al contenido musical del pendrive de su capitana, una fan impenitente de la música disco. Lo cual es aprovechado por Scott para otorgar al film una banda sonora con momentos simplemente insuperables. 

Y es que, además de una buena película, nos encontraremos con secuencias memorables bajo -prestad atención- temazos como Starman, de David Bowie (posiblemente, uno de los mejores momentos de la peli), Waterloo, de Abba (¡sí, en mitad de Marte!) I Will Survive, de Gloria Gaynor o este Love Train de los O'Jays, que da un auténtico subidón cuando aparece en escena. Así que imaginad el cuerpo que se me quedó al salir de la sala: una grandísima película, resultante de un grandísimo libro y salpicada aquí y allá de grandísima música. ¡Si será grande que hasta al final le acaba gustando al bueno de Watney!

Eso sí, no esperéis que suene Life On Mars. Tal vez hubiera sido redundante ponerla. Porque, evidentemente, hay vida en Marte. En forma de astronauta manitas y guasón. 




Hasta la próxima. 

jueves, 22 de octubre de 2015

Queenie Eye, Paul McCartney, 2013


Sí, sí, "Paul McCartney" y "2013" en el mismo lugar. Y encima, junto a un temazo -que si no, no estaría aquí- de esos que dejan en evidencia a buena parte del star system actual. Porque si una de las mejores composiciones de aquel año la hizo un señor que por entonces calzaba 71 tacos, igual es para hacérselo mirar.

Pero claro, ese tipo no es otro que McCartney. Alguien capaz de hacer rock and rolls trepidantes, baladas sensibles -y a menudo sensiblonas, por qué no decirlo-; de meterse en el mismo estudio con personajes tan distintos como Michael Jackson o Kanye West; de liarse la manta a la cabeza y tocar en el escenario junto a los dos Nirvana supervivientes; de componer sinfonías clásicas. Alguien capaz de componer enormes piezas tan galácticamente alejadas como Hey Jude y Helter Skelter con apenas semanas de diferencia; de tocar la práctica totalidad de instrumentos musicales disponibles en cualquier estudio de grabación y hacerlo como el mejor session man... ese alguien puede hacer lo que quiera y salir airoso.

Y como tal ejerce. Así que hace un par de años volvió al estudio -que nunca ha dejado- y se marcó un tema pop perfecto de esos que ya quisieran firmar unas cuántas bandas indies. Es el que tenéis delante, Queenie Eye. De hecho, en mi opinión, es de las mejores piezas de Paul en los últimos tiempos.

El vídeo es de esos que tanto le gustan al ex Beatle: rodeado de amiguetes, que en su caso, suelen ser nada menos que Johnny Depp, Meryl Streep, Jeremy Irons... y unos cuantos más que os dejo descubrir en el clip. Por cierto, los mitómanos beatlemaniacos (por lo tanto, hermanos míos de fe) descubriréis inmediatamente dónde está grabado. Ahí queda.

Un servidor quiere llegar así a los setenta años. Aunque me autodispensaré una bula en el credo vegetariano, que tampoco hay que pasarse.




Hasta la próxima. 


miércoles, 12 de agosto de 2015

Bodies, Sex Pistols, 1977


La de hoy es una canción que, seguramente rompió -y sigue rompiendo- todos los esquemas sobre aquellos cuatro tipos que pusieron patas arriba el Reino Unido a golpe de "no futuro" y pidiendo la más pura anarquía. Porque sí, serían unos nihilistas (aunque ellos entonces probablemente no supieran lo que era el nihilismo) pero a la hora de la verdad, incluso a un tipo como Johnny Rotten se le removía la conciencia, de alguna manera. 

Bodies cuenta la crudísima historia -en algunos momentos en primera persona- de una chica con problemas mentales que tuvo que abortar. Cabía la posibilidad de que hubiera sido violada por uno de los cuidadores de la institución donde había estado internada. Quiere la leyenda que un día, convertida en fan de la banda, se presentó en la puerta de la casa de Rotten ataviada simplemente con una bolsa de plástico, y llevando en otra... a un feto. 

Si esto fue así, es comprensible la desazón del líder de la banda, en plena carrera al estrellato. Rotten, muy impresionado, acabó escribiendo el tema de hoy, uno de los más agresivos con diferencia de la breve discografía de los Sex Pistols, tanto en sonido como en lenguaje. 

A su manera extraña, resulta ser un tema conmovedor. Y, dicho sea de paso, uno de los más controvertidos, no sólo ya por su lenguaje. Su contenido, que empatizaba enormemente con el drama de aquella chica, acabó siendo el pretexto para que fuera reinvidicado como... sí, un tema antiabortista por parte de los grupos "pro vida" más conservadores. Ver para creer: ¡tipos propios del Tea Party o de los más rancios tories enarbolando un tema de los Sex Pistols, y de los más ruidosos!

La verdad es que el margen de duda estaba ahí, escuchando la canción. Tuvo que ser el propio Rotten quien, tiempo después tuviera que matizar que no era un tema antiabortista, aunque tampoco fuera proabortista. Afirmó que, simplemente, quiso describir un drama personal, del cual era difícil mantenerse al margen. Incluso para el cantante de la mayor banda punk de la historia. 

Fuera como fuera, escribió una canción que difícilmente no pega una sacudida a todos los niveles cuando se escucha. Independientemente de lo que uno piense. Y, tal vez, ahí esté su gran valor. 




Hasta la próxima. 

viernes, 7 de agosto de 2015

Feeling Good, Muse, 2001



Es cierto, no estáis soñando. Apenas han pasado dos días desde la última Píldora, y aquí tenemos otra. Casi como en los viejos tiempos. Bien, no puedo garantizar un ritmo diario como aquél, pero haremos todo lo posible por darle más ritmo a la cosa. Y empezamos de la mano de mis queridos Muse, esos fanáticos de la ciencia-ficción, la épica, el rock duro y el barroquismo más absoluto, de los que alguien definió su música de la siguiente manera: "al escucharla te dan ganas de invadir algún país". Lo que no deja de ser cierto en algún que otro tema. 

Apreciaciones subjetivas aparte -y detractores entre los puristas del heavy metal descartados- estos tipos hacen una música de primera, y con un personalísimo criterio. En varias ocasiones, he dejado escrito que las buenas versiones no son tanto las que copian literalmente la original, como aquellas que el intérprete transforma de arriba abajo hasta hacerla suya por completo. Como adivinaréis, este último es el caso de Muse en el post de hoy. 

Feeling Good se creó como una pieza del musical de 1964 The Roar of the Greasepaint - The Smell of the Crowd, del que desconozco si alguna vez se llegó a estrenar en España. En aquel momento, la canción no pasó con demasiada gloria. Tuvo que esperar a que un año más tarde, en 1965, nada menos que Nina Simone hiciera su inmortal y conocidísima versión. 

- ¡Un momento! ¿Nina Simone y me trae usted a estos frikis del espacio, Sr. Alberca?- Hay dos motivos para tal aparente extravagancia. El primero es simplemente material. No he tenido narices de encontrar un vídeo con la diva marcándose la canción, más allá de los consabidos youtubes con fotos. Si alguien lo encuentra, muy gustosamente le daré las gracias. 

El segundo motivo es mucho más interesante. Y es que la versión que hizo Muse en 2001, que incluyó en un sencillo junto a Hyper Music, está considerada por muchísima gente como la mejor o una de las mejores interpretaciones jamás hechas de una canción. Casi cualquiera se atreve con Yesterday guitarra en mano y voz cansina, pero con esto, y encima con el precedente nada menos que de Nina Simone... amigos, son palabras muy mayores. Pues bien, Muse simplemente lo bordó. Ahí quedan las encuestas realizadas por medios como la revista New Musical Express o la BBC en persona. 

Una anécdota añadida a la versión de hoy es que, si os acordáis, aparecía hace unos años en un anunció de Nescafé. Pero, cosas de las multinacionales, entre tanta gente y tanto papeleo se les "olvidó" pagar royalties a la banda británica. Así que ésta litigó, ganó, y Nestlé... bien, sustituyó su versión por la de Nina Simone. Como epílogo, el grupo donó el dinero de la indemnización a Oxfam. Porque se puede hacer música que suene como si fueras a arrasar dos planetas juntos, pero siempre es más inteligente destinar el dinero a mejorar el que tenemos.  

Y dejo de dar la barrila para que os metáis ya en el turrón, que cualquiera no se siente bien escuchando esto. 




Hasta la próxima.