miércoles, 31 de diciembre de 2025

It Came Out Of The Sky, Creedence Clearwater Revival, 1969


 ¡Pues otro año más! Otro año de algunas grandes experiencias (¿habéis entrado a una auténtica pirámide egipcia o visto la galaxia Andrómeda con vuestros propios ojos? Yo sí...) y de una enormidad de pequeños deliciosos momentos. De decisiones importantes pero también de ir viviendo el día a día, como todo minion sobre la faz de la Tierra. Y, por supuesto, otro año más de vagancia para escribir por estos pagos: como ya es tradición, aquí ando el 31 de diciembre por la tarde para insuflar respiración asistida a un blog que otrora fue diario, que tiene casi 1.300 posts (podéis ir contando...) y 1,67 millones de visitas desde sus inicios. Casi ná. 

Pero aquí estamos, y si hoy es 31 de diciembre por la tarde, esto es la redacción de una nueva Píldora musical. ¡Allá vamos! 

Como sabréis los que tenéis Spotify, también cada año -no estamos tan mal, pues- elaboran un resumen bastante completo -wrap, lo llaman- donde te dicen cuántas canciones y podcasts has escuchado durante el año, durante cuánto tiempo, qué artistas has machacado más y un montón de cosas así. Incluso se permiten enseñarte saludos de agradecimiento por parte de algunos de los artistas o podcasters que más has escuchado. La verdad, me hizo mucha gracia recibir videomensajes de Nieves Concostrina y hasta del octogenario John Fogerty, el legendario líder de la Creedence Clearwater Revival, dándome las gracias por haber escuchado sus respectivos contenidos y canciones. Que, seamos claros, con las veces que le genero royalties cada vez que le doy al play a Fortunate Son, Born On The Bayou  o a It Came Out Of The Sky (mi preferida) hasta podría enviarme un aguinaldo por Navidad el bueno de Fogerty. Pero con un saludo ya me conformo. 

Lástima que, al paso que vamos, cada vez voy a recibir menos mensajes de este tipo por parte de los músicos que más escucho. No por que tengan mala educación o un sentido del márketing nefasto, si no por mera causa biológica. Veo complicado recibir a estas alturas un saludo de John Lennon, David Bowie, Lemmy Kilmister o Marc Bolan. Cierto que, con la IA, un día de estos un fan de Paco Martínez Soria en Filipinas va a poder recibir incluso un mensaje personalizado de Don Erre Que Erre en idioma tagalo con acento maño, pero estaréis de acuerdo conmigo en que no es lo mismo que tener al genuino dirigiéndose a uno.

Al fin y al cabo, es lo tiene cuando el mismo algoritmo que genera el resumen -perdón, wrap- de Spotify se permite ponerte tu edad musical en función de lo que escuchas. En mi caso, me ha estampado, así en color rojo y tamaño de media pantalla de móvil, nada menos que... ta-chán, 75 años. Sólo me queda de consuelo pensar que, por fortuna, mi padre tiene un año más, así que todavía me puedo considerar musicalmente joven a su lado. 

Con todo, sí que puedo decir que son 75 años muy bien llevados. Así que he decidido que el tema de hoy (y de este año, de hecho, ja, ja) sea, precisamente, It Came Out Of The Sky, de la Creedence. Para devolverle el cumplido al bueno de Fogerty y porque a mí nadie me imputa 75 años porque sí. Si acaso, porque lo merezca. 

Por cierto, y para ir cerrando la cosa, se trata de un tema de rock sureño donde lo mejor es la letra: en ella, un campesino se encuentra un artefacto alienígena que ha caído cerca suyo cuando iba en su tractor. A partir de ahí, la letra se vuelve una sátira disparatada donde aparecen elementos tan dispares como Hollywood, la Casa Blanca, los mass media, el Vaticano o el mismísimo Ronald Reagan cuando era aún gobernador de California. Como curiosidad, en Estados Unidos el tema, publicado en el álbum Willie and the Poorboys, nunca fue single, mientras que sí lo fue en España, ya en 1970: es la portada (muy fea, todo hay que decirlo) que encabeza el post. 

Pues nada, hasta aquí 2025... y también la Píldora de 2025. Ya sabéis, nunca abandono la fe en volver a subir la frecuencia. Pero cuando uno es un señor de 75 años, todo va más lento, por supuesto. 

Feliz 2026!!! 


martes, 31 de diciembre de 2024

Lucy in the Sky with Diamonds, The Beatles, 1967

 



Bien, ya estamos otro año aquí (¿alguien recuerda cuando cada post era diario?), como siempre, apurando el calendario hasta rozar el larguero. Siempre digo que, tarde o temprano, volveré a escribir más Píldoras con mayor frecuencia. Pero, de momento, esto de hacerlas el último día del año se está convirtiendo en una tradición. Y no será por vagancia: es que entre tanto aquí y allá, mirar y fotografiar planetas y estrellas, y demás actividad cotidiana, el pobre blog ha quedado en estado vegetativo. O, al menos, en recurrente resurrección cada 31 de diciembre. 

Prometo darle más cancha. Como ya llevo prometiéndolo nosecuántos años. Quién la sigue, la consigue. 

Pero vayamos al turrón, quiero decir, a la canción. No creo que necesite demasiada introducción, ni ella, ni el grupo que la firmó, aquellos cuatro tipos que aún hoy siguen ocupando la cima en la música popular de los últimos sesenta años... tras llevar más de 54 disueltos. Ríanse ustedes de las victorias del Cid después de muerto. 

No hace falta ser un entendido del rock ni de los Beatles para asociar Lucy in the Sky with Diamonds con las drogas. Concretamente, con el LSD. Y eso que el propio Lennon -autor de facto- se esforzó en asegurar en que no tenía nada que ver, que todo venía por un dibujo de su hijo Julian. Incluso McCartney se vio en la necesidad de reafirmarlo, a pesar de que no tuvo más remedio que admitir que se trataba de una canción sobre alucinaciones. 

Que la letra estuviera en parte inspirada por Alicia en el País de las Maravillas tampoco ayudaba demasiado a quitarle el sambenito alucinógeno, especialmente desde el momento en que por aquellas mismas fechas contraculturales de finales de los sesenta, un siglo después de ser escrito por Lewis Carroll, el libro empezó a ser asociado de forma poco velada al consumo de estupefacientes. Un ejemplo aún más claro de esto se dio aquel mismo junio de 1967 en que se publicaba el álbum Sgt Pepper's Lonely Hearts Club Band. Fue por entonces cuando los Jefferson Airplane se marcaban un número uno con su White Rabbit, dando correlación total a la novela y el consumo de LSD. La paradoja del caso es que, al igual que Lennon con esta canción, Carroll nunca admitió ni remotamente el efecto de las drogas en su novela, si no una mera motivación también infantil. En el caso del escritor inglés, únicamente querer entretener a niñas y niños con un derroche de imaginación. 

Pero claro, si al final eres una estrella del rock que toma drogas y, entre viaje y viaje de LSD, creas una canción con una letra que es una alucinación, con un sonido que es una alucinación (eso sí, alucinante), y se encuentra en el álbum por antonomasia de la era de las alucinaciones -los psicodélicos finales de los sesenta- ya puedes esforzarte, que nadie va a creerse que todo se debía simplemente a un dibujo de un zagal de cuatro años. Aunque fuera cierto. 

Así que me permito acabar con una moraleja: cuidado con los cuentos y los dibujos infantiles, que a veces parece que los cargue el camello. 

¡Feliz 2025, y cielos claros! 



PS: A ver, que tampoco ayuda a quitarle la fama alucinógena que forme parte de la flipada de película animada que era Yellow Submarine. Menos mal que siempre hay un niño al que echarle la culpa de todo. 



domingo, 31 de diciembre de 2023

Saturn 5, Inspiral Carpets, 1994



Pues nada, seguimos con la tradición de un año, una Píldora, quién nos ha visto y quién nos ve. Y encima, el 31 de diciembre, como si no hubiera tiempo por medio para que nos acabe cogiendo el toro. Sic gloria mundi transit, que decía uno al que debió de pasarle lo mismo cuando los blogs se escribían en papiro y bajo la luz de una vela, supongo. 

En fin, al lío. Hace justo un año trataba sobre la sin igual batalla entre un telescopio y una batería (de las de aporrear) como regalo de Reyes, y que ganó -estaba cantado- el cachivache de mirar hacia el cielo. 

Pues bien, un año después, puedo decir sin duda que es uno de los regalos de Reyes -junto a un piano Roland hace 18 años- que más ha triunfado, con enorme diferencia. Triunfado si lo medimos en términos de uso: desde su primera luz en enero, el bueno del Mak 127 (vamos, el telescopio) no ha hecho más que darme alegrías. Algunas de ellas sorprendentes, como descubrir la enorme paciencia que uno puede tener a la hora de ponerse a preparar y corregir cosas durante todo el proceso que va desde preparar lo necesario, hasta obtener una imagen aceptable, en el caso de una sesión de astrofotografía. 

Otra alegría más previsible ha sido la posibilidad de invertir horas y horas en una curva de aprendizaje casi infinita. Siempre hay algo más allá que saber, mejorar o hacia adónde ir!

Y claro, luego están los resultados: poder ver con tus propios ojos la Gran Mancha Roja de Júpiter, la Nebulosa de Orión, los anillos de Saturno. O captar todo ello en una imagen. Menudo subidón cuando estás procesando lo que has obtenido, y en determinado momento, una imagen algo basta se transforma en un impresionante mar o cráter lunar, con todos sus detalles. Naturalmente, es imposible por la capacidad de las ópticas, pero parece que pudieras ver, si te acercas mucho a la imagen, los trastos que dejaron allí Armstrong y Aldrin en 1969. Os dejo una muestra para que os dé un poco de envidia. Y quién sabe si provoco alguna afición inesperada. Sólo puedo decir que merece mucho la pena! 


Así que sí, en realidad me ratifico lo dicho hace un año: la batería no tuvo la menor oportunidad para un fulano que sigue conservando su primer libro, que tuvo en sus manos con cinco años: aquel "La exploración del Espacio" de editorial Kairós, 1979.

PS: la canción, qué despiste. Y eso que Saturn 5 es uno de los temas que más me molaban -y molan- de los Inspiral Carpets. Aunque, por aquel 1994, un sábado por la noche estándar no era precisamente junto a un telescopio. Si acaso veía alguna estrella, era por haberme pasado con las cervezas. Pero esa es otra historia, para otro día. U otro año.

Feliz Año!!!





sábado, 31 de diciembre de 2022

Sky Full of Stars, Coldplay, 2014

 


Antes de nada, AVISO DE SPOILER: si tienes menos de siete años, o tu madre aún te convence de ponerte un jersey lana con renos a cambio de un Cola-Cao, no sigas leyendo. 

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Bien, aviso realizado, vamos al lío. A partir de cierta edad no demasiado tardía, uno se da cuenta de que los regalos del Día de Reyes no los traen ni tres tipos con turbantes, ni tampoco tus padres -por fortuna para ellos-. Corren mayoritariamente a cuenta y cargo de tu propio bolsillo, de manera que aquellas semanas previas de ilusión por si unos u otros te traían lo que pedías, se convierten con el paso de los solsticios en un "a ver qué me pillo este año que no me suponga un sarao en casa" por motivos de espacio, ruido o incompatibilidades diversas vinculadas a la convivencia civilizada. Vamos, que al menos no molestes al personal con tus mierdas. 

Este año había dos fuertes candidatos a lo más alto del podio: una batería de las de aporrear (naturalmente del tipo "sorda", las otras suponían pena de excomunión y expulsión directa del vecindario) o un telescopio. Ambos objetos forman parte de muy viejas aspiraciones, tanto la musical -es el único instrumento rock que me falta, además de que me encaannnnnta- como la astronómica. Valga decir que conservo aún mi primer libro del que tengo recuerdo consciente: "La exploración del Espacio", de Rafael Clemente, Ed. Kairós, primera edición de octubre de 1979: lo tengo ahora mismo en mis manos. Bueno, en realidad tengo en mis manos el teclado del PC, pero ya se me entiende. Supongo de de ahí derivan los tropecientos libros de ciencia ficción que campan por casa, y la capacidad de ver cualquier cosa que incluya o pueda incluir una nave espacial aunque esté protagonizada por los inconmensurables Hermanos Calatrava (por favor, si alguien aún no ha visto "El Ete y el Oto", ya le falta tiempo, es toda una experiencia sensitiva).

De lo anterior supongo que las mentes más avezadas, y las otras también, habréis adivinado qué opción se ha impuesto. Efectivamente, la del telescopio. Debo decir que jugaba con ventaja: desde que descubrí las espectaculares opciones manuales de la cámara de mi móvil -incluso he llegado a capturar satélites galileanos-, cada vez iba ganando terreno la necesidad de disponer de mejor material de observación y captación de imágenes del cielo nocturnas. No lo llamaremos aún astrofotografía, porque entre lo que hasta ahora he ido haciendo y aquélla hay la misma distancia técnica que entre un palo y la SpaceX. 

Como si fuera poco aviso de la opción previsiblemente ganadora, además llevaba dos meses leyendo/aprendiendo de forma poco sistematizada pero masiva -vamos, lo que es la marca de la casa- todos los rudimentos básicos sobre telescopios, observación astronómica y fotografía del cielo. Así que bien pensado, lo de ser Ringo Starr nunca tuvo este año ninguna opción seria. Carl Sagan jugaba con todos los triunfos en la mano.   

Hostias sí, la canción. Ya se me pasaba por alto. La verdad es que no es de las mejores de Coldplay, y ni siquiera me gusta demasiado. Bien pensado, Coldplay está bien, pero no hay para tanto. Pero joer, el título le va que ni pintado a lo que explicaba y, además, ya había dedicado una Píldora hace 12 años al Alpha de Vangelis, con su Carl Sagan y su Cosmos por medio y todo. Eso sí que era un temazo espacial, pero ya que escribo menos posts que un homo habilis en día de caza del mamut, al menos he tenido la decencia de no reaprovechar canciones ya colgadas. 

En fin, no me enrollo más. Que Feliz Año, nos vemos en la próxima Píldora y os deseo cielos claros. Que se ve que es el saludo que se hace entre sí la gente que mira de noche las estrellas. 

Sky Full of Stars - Coldplay (Spotify)

Letra de la Píldora



viernes, 31 de diciembre de 2021

Glory Hallelujah, Teleman, 2016

Y aquí se acaba una nueva vuelta al sol. Segundo año triunfal donde tantas cosas han sido iguales al primero. Hemos vuelto a lidiar con los que se niegan a ver el meteorito; con los líderes de la tribu que, año tras año, desde que el sol da vueltas sobre los homínidos, denotan incompetencia al mando o a la espera de él; con los que aprovechan el sarao para llevar el ascua a su sardina; con los epidemiólogos metidos a vulcanólogos y vueltos a meter a epidemiólogos; en fin, con toda la fauna y flora que, al igual que los demás, dejan patente día a día su desbordamiento de una forma tan pequeñamente humana... aunque, a diferencia de los demás, intenten demostrar sin éxito todo lo contrario. 

Y también hemos vuelto a tener buenos y malos momentos, como en 2020. En realidad, como si fuera cualquier otro año más. Con la diferencia de que han sido los momentos únicos e inimitables del año que acaba. 

Siempre he considerado que esto de resetear con el cambio de fecha es más gilipollas que el que celebra que lleva siete meses apuntado al bar del gimnasio. Cualquier momento es ideal para resetear cosas, desde uno mismo, hasta el mundo, llegado el caso. Servidor, sin ir más lejos, un bonito y nada destacado día de mayo de 2019, tras una regata de remo bastante aceptable, decidió que no era buena idea seguir con 92 kg y fumando. Poco, pero fumando. Nada de sustos, ojo. Simplemente, un hasta aquí hemos llegado. De un día para otro, sin traumas, y a saber por qué. Tras aquel día, y hasta hoy, cayeron 15 kg, el ejercicio regular se convirtió en máxima, y ni un solo cigarrillo ha acompañado a los cafés diarios ni a los whiskies eventuales. Un día cualquiera de mayo de 2019. Por ponerlo en contraste, el uno de enero de aquel año seguramente me levanté con la preceptiva y reglamentaria moderada resaca que exige la fecha. Más o menos lo mismo que desde 1990 o 1991. Toma año nuevo, vida nueva. 

Así que no hay que darle importancia a la fecha en sí, si no a uno mismo. Los negacionistas seguirán existiendo hasta la negación final, los listos seguirán recibiendo votos, los demasiado listos pagando a los listos. Los tertulianos pontificarán con el mismo desparpajo e ignorancia sobre un virus raro, que sobre la vida extraterrestre, sobre baterías de litio o sobre el mecanismo de ajuste de precios del mercado de gambas de Kuala-Lumpur. Seguiremos teniendo reyes y lacayos, buena gente, mala gente, gente corriente. Seguiremos aguantando e intentando avanzar aunque sea a trompicones, porque así es como lo venimos haciendo. Y lo seguiremos haciendo hasta que nosotros mismos ya no queramos que sea así más.  

Lo cual puede ser que pase un uno de enero, o no. 

Gloria Aleluya!

Glory Allelujah - Teleman (por Spotify)



Letra de la Píldora