viernes, 1 de febrero de 2013

Such A Shame, Talk Talk, 1984


Restablecido el orden conectivo de mi PC -a mí no me gana a paciencia ni cabezonería un puñado de cables y de bits- por fin puedo escribir una Píldora de forma decente. Así que, sin más, nos vamos al turrón. 

Y el de hoy lo protagoniza una de las formaciones que, a mediados de los ochenta, protagonizaron una serie de éxitos bastante notables y de una calidad incuestionable. Probablemente, Such a Shame fue el más importante de ellos. 

Para cuando editaron el tema, la formación británica ya llevaba varios hits a sus espaldas, entre ellos su single predecesor, It's My Life, así que no fue ninguna sorpresa que Such a Shame repitiera y aún mejorara resultados. No obstante, en Gran Bretaña tuvo un impacto moderado, y sus mejores resultados los obtuvo en el continente. Tampoco era algo extraño a esas alturas de la carrera de Talk Talk. 

Por cierto, la canción que tenéis delante tiene un origen literario bastante particular. Su letra se inspira en una novela bastante polémica en su día como lo fue The Dice Man, en la que un tipo harto de todo decidió empezar a adoptar sus decisiones en función de lo que le daban los dados (de ahí que los encontréis en todo momento en el videoclip y en la portada del single). Para el que tenga curiosidad, no es una obra apta para almas muy sensibles. 

Pero, de momento, podéis empezar escuchando y recordando este pedazo de tema que, sin duda, es parte de los mejores años ochenta.




Hasta la próxima.

martes, 29 de enero de 2013

Vertigo, U2, 2004


Hay una cosa peor que perder la conexión a Internet. Y es que se te descuajaringue la configuración del PC a la hora de navegar. Vamos, que entre todo lo que tengo que hacer aparte, y la necesidad de improvisar todo tipo de mecanismos para estar on line, llevo unos días de vértigo.

Dicho lo anterior, disculpad el triste justificativo de la Píldora. Nos vemos.




Hasta la próxima.

sábado, 26 de enero de 2013

Hazy Shade of Winter, Simon & Garfunkel, 1966


A estas alturas de este blog supongo que no hace falta demostrar que muchísimas canciones han gozado de más de un momento de gloria, a veces en su versión original, y más a menudo gracias a versiones realizadas años después de su creación. Es el caso de Hazy Shade Of Winter, uno de los hits de Simon & Garfunkel a mediados de los años sesenta. 

Lanzada en noviembre de 1966, esta bellísima canción de aires folk rock que se recreaba en el frío invierno, alcanzó un nada despreciable puesto 13 en el Billboard norteamericano. Tardó un poco en ser incluida en un álbum -los años sesenta aún fueron en su mayoría feudo de los singles como formato principal de lanzamiento- y hasta 1968 no quedaría incorporada en el histórico LP Bookends junto a temazos como Mrs. Robinson, At The Zoo, America o Fakin' It. Ahí es nada. 

Sin embargo, aquella no sería la última vez que Hazy Shade Of Winter se convertiría en un gran éxito. Veinte años más tarde, en 1987, se lanzó la versión que probablemente la mayoría conozcáis más. En noviembre, las Bangles hicieron suya la canción de hoy como parte de la banda sonora del film Golpe al Sueño Americano -estrenada casi al mismo tiempo- hasta el punto de que se alzó al segundo lugar de las listas norteamericanas con un enorme éxito en todo el mundo. 

Realmente, vistas las circunstancias, casi podría haber dedicado el post de hoy a la versión de las Bangles, pero, entre nosotros, le encuentro un poco de más encanto a la que hicieron Simon & Garfunkel. Además, siempre nos quedan más posts por escibir, ¿no?




Hasta la próxima.

miércoles, 23 de enero de 2013

Crimson & Clover, Tommy James and The Shondells, 1968


Posiblemente, la de hoy es una de las mejores baladas psicodélicas de los años sesenta. Tanto su éxito a gran escala -llegó al número uno en varios países a principios de 1969- como la enorme cantidad de versiones que ha recibido y sus apariciones en multitud de películas (recuerdo ahora, por ejemplo, la estupenda Alta Fidelidad) avalaron a Tommy James y los Shondells como una formación mucho más seria que la que había lanzado Mony Mony pocos meses antes. 

Como sucede con tantas otras canciones, su origen es bastante peculiar. Para empezar, lo primero que se creó de ella fue el título. A Tommy James le encantaba el color carmesí y los tréboles, y decidió componer una canción que se llamara precisamente así, Crimson & Clover ("Carmesí y Trébol", literalmente). La letra y la música ya vendrían después. 

Naturalmente, éste no es un criterio compositivo demasiado ortodoxo, así que cuando se puso manos a la obra con un bajista, el primer resultado no le gustó. Y decidió, en vez de retocarlo... ¡componer otra canción nueva con su baterista! Eso sí, por supuesto, sosteniendo el mismo título, condición sine qua non.

Esta vez el resultado sí que convenció, hasta el punto de que grabaron el tema en apenas cinco horas. Su difusión también fue de nota. Aquel primer mix fue presentado a una emisora para que lo pasara fuera de antena, simplemente para saber si gustaba al diskjockey. La emisora hizo una grabación de estranquis (toma ética profesional) y la pasó en antena. La respuesta fue tan buena que a partir de ahí el resultado fue imparable. Ni siquiera pudieron hacer el mix definitivo de la canción a pesar de las protestas de James, viendo lo bien que había funcionado aquella primera toma. 

Y sí, no andáis mal encaminados: además la habéis escuchado bastantes veces recientemente en la tele en un anuncio de un banco. Venga, no me digáis que no mola...




Hasta la próxima.

domingo, 20 de enero de 2013

Aquarela, Toquinho, 1983


Las cosas, no se sabe por qué, pero suceden en el momento en el que tienen que suceder. Esta historia es un buen ejemplo. Imaginad: una chica abandona sola una fiesta para ir a una discoteca. Allí se encuentra con una conocida en los lavabos que le invita a acercarse a su grupo de amigos. Y, una vez en éste, se encuentra con un tipo patilloso que, tras fijarse en la recién llegada, se le acerca aprovechando que la música de fondo era bastante penosa con el fin de conocerla. Y, vaya, parece que se caen bien. 

Naturalmente, al destino también hay que darle un cierto empujoncito. El tipo patilloso, tras ver que la recién llegada marchaba al cabo de un rato, coge un cigarrillo para tener el pretexto ideal de salir afuera a fumar. Y lo hace pies para que os quiero... buscando esperar la salida de ella. Y allí le propone hacer un café un día próximo.

Pues bien, ese cúmulo de circunstancias -y de empujoncitos- son la causa de que hoy esté esta enorme canción de Toquinho en las Píldoras. Y de que un servidor, que sigue gastando patillas, sea ahora mismo un tipo al que no le caben los zapatos.

Aunque no le hagan demasiada falta por permanecer en permanente estado de flotación.





Hasta la próxima.