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miércoles, 31 de diciembre de 2014

Rasputin, Boney M., 1978


Pues sí, amigos, se acaba aquí el año 2014 y, como es Nochevieja, pues he decidido romperme los cascos poniendo algo original para tal evento: Boney M. ¿A qué no los habíais escuchado nunca tras la hora cuarta o quinta de juerga justo ente el sexto y séptimo cubata? Esto de hoy es al fin de año lo que la ginebra a la tónica, lo que las empanadillas a Martes y Trece. O lo que Raffaela Carrà al fin de año, bien pensado también. 

Como fuere, Rasputin lleva alegrando las jaranas de uvas y cotillón algo así como treinta y seis castañas. Pasan los presidentes, pasan los papas, pasan hasta los reyes. Pero ahí sigue fiesta tras fiesta esta canción, con la que ya tan sólo compiten en constancia a través de las décadas Jordi Hurtado... y sí, Rafaella Carrà. 

A pesar del tono festivo de la canción, puro disco alemán de la factoría Frank Farian -el cual, además, la compuso- podría decirse de Rasputin que en realidad es un auténtico romance alrededor de la vida del famoso místico (y desaliñado bon vivant) ruso, desde su ascenso hasta su asesinato por parte de la aristocracia de la corte del zar. Pasando por sus amoríos a diestro y siniestro por toda dicha corte -sección femenina- como desmintiendo la futura aseveración de Raffaela Carrà de que sólo se haría bien el amor en el sur. 

En fin, aquí os dejo deseando que esta noche la paséis como debe ser, y que entréis al 2015 con toda la Felicidad (en mayúsculas) del mundo. Y no os preocupéis por cómo va a ir el planeta: dentro de doce meses, quién sabe adónde nos encontraremos, pero es indudable que volveremos a bailar vaso en mano Rasputín. Y, naturalmente, a la buena de Raffaela Carrà. 





Hasta la próxima. 

lunes, 29 de septiembre de 2014

Stolen Dance, Milky Chance, 2013


Cómo me gusta que las buenas canciones sigan alcanzando, aunque sea de manera cada vez menos frecuente, los primeros puestos de las listas y el favor del público. Son la mejor muestra de que, en el fondo, a la mayoría de gente nos gusta la buena música y que todo lo demás que rellena las listas de éxitos simplemente se beneficia del peso abrumador del márketing musical. Algo así como la telebasura: ¿se ve porque se demanda, o simplemente se ve porque no hay casi otra cosa en los canales principales?

Como sea, este dúo alemán llamado Milky Chance, con un estilo que proviene del folk, ha sabido dar un puñetazo musical en todo el continente europeo y más allá con este Stolen Dance. En justicia, puede considerarse una de las canciones del año 2013... y hasta 2014: desde su lanzamiento inicial, en abril del año pasado, ha ido editándose de manera escalonada a lo largo y ancho del globo casi siempre con el mismo resultado: un indefectible Top 5, convertido en algunos casos en número uno.

El último capítulo en la carrera de triunfos del temazo de hoy ha sido durante este mismo septiembre de 2014, cuando se ha lanzado, finalmente, en Estados Unidos. En pocos días se ha alzado con el primer puesto en las listas alternativas del Billboard, lo cual es todo un logro para algo que viene del otro lado del charco, Gran Bretaña aparte.

En fin, aunque aún es pronto para saber si Milky Chance acabarán siendo un one hit wonder -esos grupos o cantantes a los que un único gran hit en su carrera acaba incluso por eclipsarles el nombre- es indudable ya que Stolen Dance será durante muchos años una de esas canciones que tendremos a punto en la  memoria cada vez que suene por la radio.

Y yo que me alegro.




Hasta la próxima. 

domingo, 8 de diciembre de 2013

Sinfonía nº 7, II mov., Allegretto, Ludwig van Beethoven, 1813



Pongámonos hace exactamente 200 años, el 8 de diciembre de 1813. Estamos en la gran Sala de Baile de la Universidad de Viena. Está a punto de comenzar un concierto en beneficio de los soldados heridos contra Napoleón, el cual en aquellos mismos momentos está en retirada por Alemania y España, preparando la defensa de Francia. 

Los músicos presentes son la flor y nata del momento: pueden reconocerse, entre otros, al violinista Ludwig Spohr, al contrabajista Domenico Dragonetti o nada menos que al compositor Antonio Salieri, ya mayor y muy lejos de sus supuestas polémicas de décadas atrás con Mozart. Frente a todos, actuando como director de la inigualable orquesta, y ante una abigarrada audiencia de nobles, burgueses y generales engalanados con rutilantes uniformes de múltiples colores, el mayor músico de su tiempo y, tal vez, de la Historia: Ludwig van Beethoven. 

Aquel día, Beethoven, pasados los cuarenta años y ya entonces convertido en la celebridad que es ahora, estrenaba su Séptima Sinfonía, la cual se empeñó en dirigirla personalmente. Aunque tiempo atrás había sido admirador de la Revolución Francesa y de Bonaparte hasta el punto de casi dedicarle su Tercera Sinfonía "Heroica", acabó detestando al corso por considerarlo traidor a sus propios ideales además del responsable de las catástrofes que asolaban Europa. Por eso consideraba de lo más propio estrenar su nueva gran obra en beneficio de los caídos frente al "libertador" convertido en tirano.  

Tras el primer movimiento, vivace, arrancaron los acordes del segundo. A pesar de que no era un tema lento, contrastaba notablemente con la alegría de su antecesor, ensalzando así unos acordes cargados de dramática majestuosidad y solemnidad. El resultado no se hizo esperar. Allí mismo, el público pidió que se interpretara de nuevo: desde aquel mismo instante, quedó como una de las piezas más populares de toda la música clásica. 

Y tan popular. Hasta el punto de que, aún hoy, doscientos años después, no sólo sigue siendo frecuentemente interpretada -en el caso que os propongo, por parte del director alemán Carlos Kleiber en 1983- si no que es constantemente utilizada en bandas sonoras de cine. De todas ellas, me quedo con la que el director Tom Hooper hizo servir en la magnífica película El discurso del rey, donde ponía fondo al momento culminante del film, aquel en el que Colin Firth, encarnando al tímido y tartamudo Jorge VI, pronunciaba perfectamente su discurso a la nación anunciando la entrada de Gran Bretaña en la II Guerra Mundial. Si no lo habéis visto, os lo recomiendo. Es un momento, simple y llanamente, sobrecogedor.   

Y sin más, os dejo viajar de una vez a aquel frío día de diciembre de 1813. 



Letra de la Píldora. 

Hasta la próxima. 

domingo, 3 de febrero de 2013

Yes Sir, I Can Boogie, Baccara, 1977


Yes Sir, I Can Boogie es a la música disco lo que el destape a la Transición española. Una mezcla de sensualidad e ingenuidad envuelta en imágenes pasadas por entelados o neblinas para dar un poco de ambiente a la cosa. No me digáis que no es fácil imaginarse a Alfredo Landa o a Jose Luis López Vázquez poniendo caras de salidos escuchando esto en una de aquellas discos añejas de espejos y sofás de escay y   paredes con moqueta. 

De hecho, incluso la creación de las Baccara como dúo tiene todos los ingredientes de la España de los setenta. Para empezar, sus dos componentes, españolas como bien sabéis, trabajaban en las Islas Canarias como bailarinas de espectáculos cañís para turistas extranjeros. Spain Is Different, toreadores y olé, ya me entendéis. 

Pues bien, uno de ellos, alemán para más señas, se las quiso llevar a hacer carrera en su país, que atesoraba una potente industria musical muy enfocada a la música disco. Y vaya si hicieron fortuna. Su primer single, este Yes Sir, I Can Boogie se alzó hasta el número uno absoluto en toda Europa y más allá, entre susurros -a veces casi gemidos-, un inglés que con su acento castizo debía de sonar como poco muy exótico, y una base discotequera impecable. Aún hoy es uno de los singles más vendidos de la historia del pop, con 16 millones de copias en solfa. Nada menos. 

Además, supuso el inicio de una breve pero fulgurante carrera del dúo, que incluso les llevó a Eurovisión representando a... ¡Luxemburgo!. Con todo, el final de la música disco setentera fue también el finiquito de su carrera en la cumbre.  

Pero para entonces, ya se habían  quedado de forma indeleble en la retina de millones de españolitos con ganas de ver y de escuchar -aunque fuera un poquito- de chicha en la tele y en la radio. Y, para qué engañarnos, de millones de europeos también en una situación parecida. Para que luego digan que sólo los de aquí andábamos caninos. 




Hasta la próxima.

lunes, 24 de diciembre de 2012

Feliz Navidad, Boney M., 1981


Quién iba a decirle al gran José Feliciano que cuando compuso en 1970 su Feliz Navidad acabaría siendo más conocida de largo de Europa (y de España) de la mano de unos caribeños afincados en Alemania, cuya figura más emblemática era un simpático saltimbanqui de melena afro. Y sin embargo, en 1981 Boney M. daría su último golpe de gloria con un álbum navideño que todavía hoy no falla en cualquier fiesta discotequera decembrina.  Dentro de él, se encontraba esta versión con la que os quiero desear

¡FELIZ NAVIDAD PILDORERA!

¡Que paséis una gran Nochebuena y una mejor Navidad!





Hasta la próxima.

martes, 30 de octubre de 2012

Radioactivity, Kraftwerk, 1976


Ponéos un momento en 1976: en pleno apogeo del pantalón de campana, la música disco, la melena patillera, el cine erótico ramplón (ya no hacía falta decir de "destape") y las canciones del verano rumberas. De repente, escucháis esto por la radio. 

Literalmente, era como lanzar 100 años en el futuro a aquel incauto que llegara a escuchar esto. Así, de golpe, sin más. Con Radioactivity, Kraftwerk seguía su marcha hacia adelante en su exploración electrónica inicada a principios de los setenta y catapultada en 1974 con Autobahn. 

De hecho, no hay ninguna exageración en lo del salto en el futuro. Tal vez no cien años, pero cuando uno escucha este tema, desde luego tiene la sensación de estar en cualquier década menos en la de los setenta. Y es que la new wave -aún en estado larvario- y el pop electrónico de los ochenta lo deben todo a estos alemanes que supieron sacarle partido a un sintetizador como ningún otro de su tiempo, tal vez con la excepción de Vangelis, Alan Parsons o Jean Michel Jarre. Pero muy pocos más. 

Radioactivity se convirtió en un hit bastante importante en Europa, e incluso llegó al número uno en Francia. Un éxito que se repetiría quince años después, en 1991, cuando la propia formación versionó de nuevo el tema. Tan sólo que en esta segunda ocasión -los tiempos habían cambiado tras el desastre de Chernobyl- modificaron un poco la letra añadiendo un directo "Stop radioactivity" con el que convirtieron la pieza en una canción antinuclear. 

Por cierto, antes de acabar: ¿alguien sería capaz de adivinar qué dice el código morse que aparece al principio del tema? Ahí va el reto del día...





Hasta la próxima.

lunes, 13 de agosto de 2012

What Is Love, Haddaway, 1993


Píldora veraniega nº4.

Otro clásico de las pistas, esta vez en el verano del 93. Y de los sketches del Saturday Night Live. ¡What Is love!




Hasta la próxima. 

domingo, 5 de agosto de 2012

Sounds Like A Melody, Alphaville, 1984


Hace casi tres años hablábamos de unos alemanes que, en uno de los inicios más afortunados que una carrera musical pueda imaginar, empalmaron nada menos que tres superhits en toda regla a lo largo y ancho de Europa. Eran Alphaville, y el de hoy fue el segundo de aquella serie de tres. 

Nada más comenzar 1984, el grupo lanzó su primer sencillo, Big In Japan. Lógicamente, no hace falta que os recuerde el enorme impacto que tuvo en su momento. Un impacto que se repitió justo cuatro meses después con Sounds Like A Melody. 

El tema llegó al número uno en Italia, Suecia y Brasil, aunque se instaló en prácticamente todos los Top 5 europeos, incluyendo precisamente un puesto número 5 en España. La única sombra vino dada por su menor fortuna en Estados Unidos, ya que fue el único de los tres singles iniciales que no se metió en las listas dance norteamericanas.

Con todo, preparó el terreno para que de nuevo cuatro meses más tarde -estos alemanes ya se sabe- el tercer y último sencillo de aquel fantástico arranque se convintiera a la postre en el más recordado de todos ellos. Pero otro día ya hablaremos de Forever Young.   




Hasta la próxima. 

domingo, 6 de mayo de 2012

Flames Of Love, Fancy, 1988


Justo cuando un servidor comenzaba a intuir que había vida más allá de las paredes de la casa paterna, la música italo-disco, aquel spaghetti, estaba llegando a sus estertores, en el tramo final de los ochenta. Pero lo hizo con el tiempo justo para que, aún por escasísimo margen, se colocara momentáneamente en mis primeras preferencias musicales de la época. 

Y se debe, en muy buena medida, a este Flames Of Love que el alemán Fancy lanzó en 1988 y que supuso su último hit por estas tierras (número 13 en España). Por supuesto, no es que antes no hubiera escuchado spaghetti (imposible), incluso había escuchado al propio Fancy años atrás con su Bolero. Pero claro, con nueve o diez años normalmente uno no suele estar aún por muchos saraos musicales más allá del simple "esto mola" o "esto no mola".

En el 88 ya gastaba catorce castañas, y la revolución hormonal también suele cambiar el punto de vista en lo musical. Cierto día, en casa de mis vecinos -que ya rondaban la veintena o poco les faltaba- sonó este Flames Of Love por su cadena de música Y claro, uno que se fijó, le sonó bien la cosa, preguntó y... ¡hop! Fancy fue uno de los primeros nombres del momento que obtuvo mi atención. Aunque con poco esfuerzo por mi parte, justo es decirlo: ¡creía que era un grupo!

A pesar de que es un tema con aires bastante excesivos en todos los aspectos, realmente le sigo encontrando mucha gracia veinticuatro (¡glups!) años después. Supongo que, en el fondo, tampoco me habrán cambiado los gustos tanto desde entonces. 





Hasta la próxima. 

sábado, 7 de abril de 2012

Out From The Deep, Enigma, 1994


Tercera Píldora express. Ayer, en la enésima visita al Museo de la Ciencia (desde niño es uno de mis rincones favoritos) vimos un 3D sobre la selección natural en el Planetario. Valga decir que fue espectacular: los efectos de vuelo eran tan reales que acabé hasta con ese encogimiento de barriga propio del que está suspendido a gran altura. Un momento muy chulo fue un repaso a la evolución de las especies mientras sonaba de fondo este estupendo Out From The Deep de Enigma. Al final, en un punto surrealista, ¡un hombre de las cavernas avanzaba por la imagen tocando una guitarra eléctrica!

En fin, os dejo con esta estupenda canción. Pero no sin una última reflexión en voz alta. El Museo de la Ciencia es un recinto pensado para divulgar ciencia para chavales y jóvenes. No para bebés o infantes de guardería, más que nada porque los pobrecitos no entienden nada de allá. Lo digo por la legión de papás y mamás que utilizaron el Museo (ya se sabe, día nublado de vacaciones) como una especie de kindergarden plagado de quejidos varios producto del evidente aburrimiento de sus hastiadísimos vástagos. No exagero: volvimos de allí cansados como si hubiéramos pasado un día subiendo montañas.

Ahí queda.




Hasta la próxima.

lunes, 30 de enero de 2012

The Power, Snap!, 1990


Píldora poderosa para un día largo... pero con una energía que incluso hace que a estas horas me haya apetecido dedicarme este pedazo de revientapistas en clave hip hop como pequeño homenaje previo a irme a dormir. 

The Power es, casi seguramente, uno de los temas que cualquiera, absolutamente cualquiera de nosotros, ha grabado en su cabeza de manera machacona. Aquel"I've got the power", aquel sampler de guitarras duras y un ritmazo irresistible suponían tal mezcla que hacían bailar incluso a este armario ropero que escribe (entonces no tan armario ropero, también es cierto).

El tema era una auténtica colección de sampleados, algunos de los cuales fueron obtenidos sin autorización (incluido su celebérrimo "I've got the power", sacado de una pieza de Jocelyn Brown). Esto supuso que buena parte tuviera que ser nada menos que regrabada hasta su forma final par evitar problemas legales.

De todas maneras, a nadie pareció importarle todo aquello. The Power escaló como la espuma en las listas de éxitos no sólo de baile, si no también en las pop, incluyendo un número uno en Gran Bretaña y un número dos en Estados Unidos. Todavía es fácil recordar al mismísimo Will Smith en su alter ego del Príncipe de Bel-Air rapeando esto en plan de coña en la que fue la serie más emitida -y repetida- de toda la década de los noventa.

Y sin más, os dejo con el poder. ¡I've got the power!



Letra de la Píldora.

Hasta la próxima.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Duel, Propaganda, 1985


Seguimos en la onda tecno de ayer, aunque sólo sea porque tengo apenas cuatro minutos para montar el post que tenéis delante, y como para pensar está uno bajo tanta presión. De todas maneras, estoy convencido de que para muchos será una Píldora agradecida, evocadora para algunos de pretéritos sábados noche en la disco.

Duel es, desde luego, el tema más recordado de la formación alemana Propaganda. A lo largo y ancho de Europa escaló hasta los primeros diez puestos de los charts y hasta en la poco permeable Albión en lo que respecta al continente, se quedó a las puertas del Top 20.

Así que aquí os quedáis con la Píldora. Debo deciros que no me acordaba de su extra-ochentero clip, hasta que vi la escena del pasillo con las manos. No me digáis que no tenía su cosa...


 



Hasta la próxima.

martes, 7 de junio de 2011

Save Your Love, Bad Boys Blue, 1992



Creo que tras la revolución de ayer, un poco de pop fácil y bailongo no estará de más... y para tal fin, he escogido la que siempre consideré última gran canción del italo-disco ochentero, lanzada ya en el último año de Gracia de aquel chucho raro y hoy olvidado llamado Cobi. 

A decir verdad, Save Your Love recogía todos y cada uno de los estándares del spaghetti más azucarado y poco menos que ramplón, lo cual hacía, por otra parte, que en su debido contexto sonara francamente bien. Personalmente, siempre he tenido cierta debilidad hacia este tema. Vuelvo a recordar que personifico varios centenares de defectos, por si a alguien aún no le quedaba claro. 

Y como muy buena parte de aquel fenómeno "italiano", el grupo que lo firmaba procedía de las factorías discotequeras alemanas, al igual que Modern Talking o Fancy, por citar un par de ejemplos. 

El tema funcionó bien en toda Europa e incluso en Estados Unidos, aunque sus mejores resultados los obtuvo en Europa del Este y en Finlandia. De hecho, en este último país eran considerados auténticas estrellas, y la mayor parte de sus singles conseguían puestos más que privilegiados. 

Sin más, aquí lo tenéis. Para que luego digan que los noventa no tuvieron también su lado... horterilla. E incluso hortera.

Save Your Love (por Goear)



Letra de la Píldora.

Hasta la próxima.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Terra Titanic, Peter Schilling, 1984


Los que me conocéis sabéis que, aprovechando la canción de hoy, me hubiera encantado extenderme, y mucho, en la catástrofe del Titanic -por cierto, no la mayor de la historia naval, que corresponde al Wilhelm Gustlof, al final de la II Guerra Mundial-. Sin embargo, no puede ser. 

Y es que en breve quiero quitarme las sopotodoscientas mil dioptrías del ojo izquierdo ("El Tuerto" sería un buen apelativo que ponerme al respecto...) y para ello he estado toda la tarde de pruebas. Por lo tanto, no puedo extenderme forzando la vista. 

Pero como había prometido que hoy traería un tema en alemán -para el amigo Juanma-, esta vez no he querido dejarlo pasar. Para ello, qué mejor que el viejo clásico de Peter Schilling, Terra Titanic. 

Por cierto, no os asustéis por el principio del vídeo, a golpe de fotos y en silencio. El clip es bueno, aunque más que los restos del Titanic, parece La Balsa de la Méduse, de Delacroix, eso sí, en plan quinto de primaria. Que lo paséis bien...

Peter Schilling – Terra Titanic (por Spotify)



Letra de la Píldora.

Hasta la próxima.

domingo, 23 de enero de 2011

Sadeness (Part I), Enigma, 1990


Décadas como los setenta o los ochenta han pasado a la historia en buena parte por sus excesos estéticos y visuales. Y, por supuesto, por una música que, con bastante frecuencia, también caía en dichos excesos cuando se trataba de crear grandes hits.

Esto hizo que, en comparación, la década siguiente, los noventa, fuera todo un canto a la moderación. O eso creíamos los que en ella participamos como generación de referencia. Sin embargo, a medida que ésta se aleja en el tiempo, es mucho más fácil ver como, incluso en ella, también abundaban los fenómenos, digamos, extraños.

Uno de ellos no se hizo esperar demasiado en el tiempo. Porque, ¿no os acordáis de cuando se pusieron de moda los discos de música gregoriana, con o sin chunta-chunta de fondo? ¿Tanto que hasta el Papa acabaría grabando discos al respecto, rosarios incluidos?

Los responsables de todo aquello fueron unos alemanes a los que les dio por combinar la música gregoriana con los ritmos discotequeros. A finales de 1990 publicaron su primer disco, titulado MCMXC a.C. (el año en latín). Como single principal de apoyo lanzaron este popularísimo Sadeness (Part I), en el que a los tipos se les ocurrió mezclar gregoriano, discoteca y un ambiente cargado de sexualidad que dejó a todo quisque bastante alucinado.

Y, agradecidos todos ante tamaña alucinación, compró el disco hasta el tate: alcanzó el número uno en no menos de quince países, y en los demás se quedó prácticamente a las puertas. Aunque para agradecidos, los que decidieron el estilismo de las tiendas Natura: con un disco de gregoriano y sobredosis de incienso en el aire, éstos si que hicieron milagros vendiendo poco menos que souvenirs durante aquellos moderados y prudentes años que fueron los noventa. ¿O no?

Enigma – Sadness Part I (por Spotify)



Letra de la Píldora.

Hasta la próxima.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Wind Of Change, Scorpions, 1991


¡Sacad vuestros mecheros y poneos a menearlos a diestro y siniestro! ¡La Píldora de hoy lo pide a gritos! Como de hecho sucede con más de un tema y de dos de los Scorpions, sin duda uno de los grupos alemanes que más ha vendido en la historia del rock, si no el que más.

La verdad es que muy pocos han hecho tanto como ellos a la hora de establecer el tópico de que "las mejores baladas las han hecho los heavys", que creo que ya referí en otra ocasión, y que considero una chorrada de dimensiones napoleónicas. Que atesoran grandes baladas, por supuesto: pero también los hippies. Y los mods. Y los rockers. Y hasta los folklóricos.

En todo caso, los Scorpions se hicieron mucho más famosos -y millonarios- como autores de grandes baladas que como banda metalera militante, y eso que su hard rock era de corte totalmente apto para casi todos los públicos (en mi modesta opinión), especialmente a partir de los años ochenta. Una de aquellas baladas, tal vez la más célebre junto a Still Loving You, fue Wind Of Change.

Curiosamente -lo digo porque a muchos se les pasó por alto incluso con el célebre clip delante- Wind Of Change no era un tema de amor. Como alemanes que eran, la caída del Muro de Berlín y la posterior unificación de las dos mitades del país les afectó profundamente, hasta el punto de componer el tema de hoy. Efectivamente, la canción era un tema con transfondo político.

Por supuesto, como la mayoría recordaréis, el tema se convirtió en todo un exitazo mundial del que incluso la banda grabó una versión en español (¿nadie les dijo que Moskvá se dice Moscú en castellano?). Ah, y también se convirtió en un nuevo referente para el mecherito conciertero, dicho sea de paso. Y si no me creéis, comprobadlo enseguida.

Scorpions – Wind Of Change (por Spotify)



Letra de la Píldora.

Hasta la próxima.

lunes, 21 de junio de 2010

The NeverEnding Story, Limahl, 1984


A pesar de la hora que podéis ver abajo, en los momentos en los que estoy escribiendo aún no ha jugado España su segundo encuentro mundialero, uno de los escasos momentos de su vida en los que quien garabatea estas líneas se para un rato para ver fumbo. Así que espero que ganen, francamente, porque sino, el título de la canción de hoy -La historia interminable- le va a venir que ni pintado a los de la roja.

Por lo demás, salvada la introducción, quería rendir un pequeño homenaje a una película, inspirada en una novela del alemán Michael Ende, que para una generación fue todo un impacto. Porque hoy hay mucho Jarri Pota: que si magos con gafitas para arriba, que si escobas voladoras para abajo, pero hace 25 años, más o menos, tuvimos en La historia interminable nuestra propia dosis de fantasía y efectos especiales a discreción.

A decir verdad, a mí, la peli tampoco me entusiasmo tanto, tanto. Yo era más del rollo naves espaciales, marcianos, rayos láser y cosas de esas. Todo lo de bichos raros de mentirijillas, magia potagia y princesas encantadas me motivaba bastante menos, pero aún así, reconozco que, como a la mayoría, La historia interminable me pareció todo un ejercicio de imaginación y espectáculo en el cine, ideal para mantener enganchado a un niño de diez años, que debían de ser los que gastaba por entonces.

Una de las cosas que más me gustaron fue una canción de su banda sonora, y que como imagino que además le gustó a más gente y con más poder adquisitivo que yo (al menos, el justo para comprar un disco), se acabó convirtiendo en todo un rotundo éxito mundial. Por supuesto, era The NeverEnding Story, interpretada por el británico Limahl.

Artista que, dicho sea de paso, acabó devorado por el enorme impacto de su canción, hasta el punto de que eclipsó toda su posterior carrera. Por entonces, era conocido por ser el vocalista de la formación electrónica Kajagoogoo, muy populares a principios de los ochenta. Con The NeverEnding Story, recuerdo que Limahl se hizo fijo durante semanas en las portadas de Super Pop, lo que -visto con retrospectiva- era señal frecuente de que la cosa, posiblemente, no iba a acabar bien... por cierto, terminando ya, no sé si los de la roja aparecen en el último ejemplar de la susodicha revista. Sinceramente, espero que no.

Limahl – Never Ending Story
(por Spotify)



Letra de la Píldora.

Hasta la próxima.

sábado, 24 de abril de 2010

Belfast, Boney M., 1977


Música para un sábado noche... de hace treinta y tantos años, por supuesto. Los responsables de esto: un grupo de cantantes y un bailarín casi con tics nerviosos, procedentes del Caribe, pero reclutados en suelo alemán. Por supuesto, eran los Boney M.

Durante la segunda mitad de los setenta, la lista de hits que este elenco llevó al éxito en Europa fue más que notable, todos ellos bien recordados por los parroquianos de entonces, y mejor sabidos por los que vinieron después. Éstos éxitos iban desde Daddy Cool hasta Rasputin, pasando por el único salmo (que yo sepa) convertido en éxito disco (The Rivers of Babylon) o incluso la aún mayor extravagancia de un tema -del todo olvidable- dedicado al más célebre prófugo español del tardofranquismo, nada menos que El Lute.

Uno de aquellos hits fue el que traemos aquí hoy. Posiblemente, y aunque llegó al Top Ten, Belfast no sea la canción más conocida de aquella lista, pero personalmente siempre me pareció la más aceptable de todas. Además, tenía la peculiaridad de llevar implícito un cierto mensaje político (completamente aplastado por las bolas brillantes y los pantalones de campana de las pistas de baile) dedicado al conflicto de Irlanda del Norte.

El grupo fue, ante todo, la creación de un productor alemán, Frank Farian. Éste había lanzado a finales del 74 un single con músicos de estudio y que tuvo cierto éxito, bajo el pseudónimo , precisamente, de "Boney M.". Para las apariciones en televisión, reclutó a personal a través de una agencia de modelos, con cuidado de que supieran cantar. El experimento funcionó, y en breve, los ahora ya reales Boney M. estuvieron en disposición de grabar su primer álbum en 1976. Es menester decir que, al menos, Boney M. eran intérpretes reales: el propio Farian sería el responsable, años después, del tremendo engaño que fue Milli Vanilli, y que acabó como el rosario de la aurora.

Y puestos a cerrar con curiosidades, ¿sabíais que, por lo visto, se llegó a decir que su célebre saltimbanqui-bailarín Bobby Farrell había vivido en la muy gallega villa de Taboada? Y todo porque quien vivía allí era otro tipo que afirmaba -sin ser verdad- haber formado parte del grupo. Qué cosas...







Hasta la próxima.

sábado, 10 de abril de 2010

Das Model, Kraftwerk, 1978


Durante la inauguración del negocio de mi hermana esta tarde, mi prima me comentaba con bastante guaseo que esta noche de sábado en Cubelles tenía lugar el evento cultural del año. Éste no era otro que -agarraos los machos- ¡un concierto de Paco Pil! ¡Sí, aquel sujeto que contribuyó a la mayor gloria de la historia de la música contemporánea con piezas sublimes como Viva la fiesta o la ínclita Johnny Techno-Ska.

La cosa tenía su coña, pues mi prima, durante los años de mayor éxito (que lo tuvo) de aquel individuo -junto a compadres como Ramírez o Chimo Bayo- no tenía aún edad para ir a la discoteca. Supongo que por eso lo veía con tan buen humor: si hubiera tenido que soportar aquel fenómeno musikal como quién esto escribe, seguramente su actitud ante el concierto del fulano en cuestión sería algo distinta. Probablemente hubiera ido armada al mismo.

Por lo demás, el atentado de la música mákina a los noventa tuvo, aunque no os lo creáis, unos inicios más que respetables, de la mano de la música electrónica nacida en los años setenta. Esta música tuvo un gran desarrollo especialmente en Alemania, y la punta de lanza de aquel nuevo sonido fue la banda Kraftwerk.

Formados nada menos que en 1970 con el nombre de Organisation -que enseguida cambiaron por el de Kraftwerk-, tuvieron que esperar a 1974 con su álbum Autobahn para obtener un primer éxito comercial. Cuatro años después, en 1978, lanzaron el que, posiblemente, es su LP más conocido, Die Mensch-Maschine, que incluía el que a la postre sería su mayor éxito musical, Das Model.


Y digo a la postre, porque este magnífico tema acabaría siendo un hit mundial cuatro años después. En 1981, para el single Computer Love, incluyeron en la cara B Das Model en una versión traducida al inglés. Los Dj's radiofónicos comenzaron a pinchar esta versión, y la discográfica reeditó el single original, pero en versión inglesa. Alcanzó el número uno en 1982. Es menester decir que se trata de uno de los temas más accesibles de escuchar del repertorio de la banda alemana; de hecho, mi padre lo recuerda perfectamente de por entonces. Y como, sinceramente, no veo al hombre en clave de arquetipo de fan de la música makinera o techno dura, los que no hayáis escuchado antes la canción, podéis estar tranquilos...

Kraftwerk – The Model (por Spotify, versión en inglés)



Letra de la Píldora y de la versión en inglés.

Hasta la próxima.

PS: por cierto, Mireia, niña, que tengas mucha suerte con tu nueva pelu... Besos!!!

miércoles, 31 de marzo de 2010

Major Tom (völlig losgelöst), Peter Schilling, 1983


Cuando en 1968 Stanley Kubrick estrenó 2001, Odisea Espacial, no sólo creó una de las películas más míticas de la historia del cine (y, de paso, menos entendida por el gran público que la vio) sino que, involuntariamente, daría pie a la génesis de uno de los personajes más célebres de la historia del rock, el Mayor Tom.

En 1969, David Bowie lanzó uno de sus temas más clásicos, titulado precisamente Space Oddity. Su protagonista era un astronauta, el Mayor Tom antes mencionado, que, en una bellísima historia, opta por abandonar este mundo aprovechando una misión espacial. El propio Bowie retomaría al personaje en otros dos temas a lo largo de su carrera, uno de los cuales fue el increíble Ashes To Ashes de 1980.

Al final, el mismo Mayor Tom acabaría trascendiendo al propio Bowie, cuando en 1983, el músico alemán Peter Schilling lo utilizó para el que, a la postre, sería el mayor éxito de su larga carrera, este Major Tom (völlig losgelöst), expresión que en el idioma de Kant quiere decir "totalmente desconectado", como le sucedía a nuestro héroe espacial en la historia original de 1969.

De todas formas, no se trata de una versión de Bowie, sino de un tema totalmente original y compuesto por el propio Schilling. Grabado originalmente en alemán -que es la versión que os dejo- el tema alcanzó el número uno en Alemania, Austria y Suiza, y puestos muy importantes en el resto de Europa. El éxito fue tal que el cantante grabó una versión en inglés específicamente pensada para norteamérica, esfuerzo que acabó recompensado con un puesto 14 en Estados Unidos y un número uno en Canadá.

El vídeo, cómo no, recoge imágenes clásicas de la carrera espacial. De todas formas, si os fijáis bien, la letra no casa demasiado bien con los labios del cantante, como si fuera un playback terriblemente malo. La causa es que el vídeo se grabó ya directamente en inglés, pensado para el mercado americano, y posteriormente se le puso la pista en alemán. En todo caso, viendo a esas camareras patinadoras entre imágenes reales de la carrera espacial, casi es lo de menos...





Hasta la próxima.