domingo, 16 de diciembre de 2012

Politik, Coldplay, 2002


Esta mañana, visitando el hospital comarcal de Sant Joan Despí -evidentemente no a título turístico y menos en domingo- pude ver el auténtico museo de pancartas de protesta, mesas de firmas y hasta tiendas de campaña que se extendían junto a la cafetería. Eran producto de trabajadores de la sanidad peleando por sus derechos... y por los de todo el mundo a disponer de una sanidad pública decente en vez de un sistema bancario deficiente. 

Casi a la vez, unos amigos me comunicaban algunas vicisitudes de una reunión política de un gran partido. Ovaciones... a palabras, a más palabras y a más palabras todavía. Pero nada realmente rompedor ni, lo que me indignó mucho más, mínimamente relacionado con problemas como el de más arriba. 

Entiendo que todo esto tiene fecha de caducidad. Y que deberá ser más pronto que tarde, o que no será. Porque si no se cambia de una vez esta manera vetusta y pequeña de entender la política, al final alguien que la odie de verdad acabará con ella sin resistencia por parte de nadie. Y eso tiene un nombre: dictadura. 

Más o menos esa misma indefensión y expectativas del ciudadano de a pie ante sus líderes políticos es lo que Coldplay plasmó con un genial dramatismo en Politik, la canción que abría el memorable álbum A Rush Of Blood To The Head, lanzado en el verano de 2002. Entonces, al grupo británico le inspiró el 11-S neoyorquino. Pero, visto en perspectiva, no sólo sigue siendo una letra totalmente vigente si no que, en cierto modo... ¿no estamos en mucho mayor peligro ahora? Tan sólo que éste es mucho más desdibujado y, probablemente, viva también en casa. 




Hasta la próxima. 

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