jueves, 31 de diciembre de 2020

Spaceman, Nilsson, 1972

 

"¿Dónde estabas tú en 2020?" Seguramente, y si tenemos la suerte de que 2021 y los años siguientes lo permitan, será la pregunta por antonomasia para dos o tres generaciones durante bastante tiempo. También es cierto que la respuesta será casi indefectiblemente "en casa" o "haciendo lo que podía para llevarlo"... y eso, los que hemos tenido suerte, por supuesto, en el que ha sido para casi todos el año más largo de nuestras vidas. Y es que de aquí a nada, nuestras referencias temporales futuras serán "antes de la pandemia", "cuando la pandemia" y "después de la pandemia". Y si no, tiempo al tiempo. 

Porque otra cosa no, pero nos han cambiado hábitos de todo tipo: trabajar en casa sí o sí (de nuevo, los que hemos tenido suerte), aprender dónde podemos ir y donde no según la semana, tener la puñetera mascarilla siempre a mano como quien lleva el móvil, nada de fiestorros multitudinarios -menos si son en Madrid y canta Raphael-, o tener que tomar el cafelito en un banco del parque, por citar algunas costumbres que nos hubieran parecido surrealistas hace doce meses. 

Estos cambios de hábitos también han tenido sus lado bueno, que el que no se consuela es porque no quiere. Por ejemplo, en casa, que somos bastante de hacer actividad física (ya era así antes de la pandemia... ups, lo dije, "antes de la pandemia"), nos ha servido para descubrir maravillosos rincones boscosos en nuestro municipio. Donde, además, podemos apearnos de llevar la dichosa mascarilla. Ah, se siente: el bosque es casi para nosotros solos, y además, estamos haciendo deporte. Hay que agarrarse al clavo que se tiene más a mano. 

Otro hábito que se ha disparado es el consumo de televisión. Mejor dicho, el de plataformas digitales. Desde luego, no he visto más series y pelis en mi vida. Y mira que he visto. La mayoría de ellas no han sido nada del otro jueves, pero en algunas ocasiones se han tratado de hallazgos fantásticos. Y aquí entra la Píldora de hoy, enmarcada en una serie un poco a camino de ambas categorías. Sin ser nada fuera de serie, este 2020 se estrenó la serie Space Force, una comedia muy en el estilo de The Office, aunque sólo sea porque el equipo era el mismo, empezando por su protagonista, un Steve Carell al que papeles como el del pusilánime -tirando para bipolar- general Naird le vienen que ni pintados. 

Pues bien, como tema que abría y cerrada la primera temporada, se encontraba este estupendo Spaceman del inefable Harry Nilsson. Que, mira por donde, a pesar de ser un éxito en 1972 (año 48 a.P., antes de la Pandemia) nunca había llegado a mis oídos hasta este 2020. Y no es que Nilsson me fuera un desconocido, precisamente: de hecho, cualquiera con más de cuarenta y pico habrá escuchado sin duda su maravillosa versión del Without You de Badfinger (o, como mínimo, la versión de Mariah Carey), y si sois además cinéfilos, también sabréis que su Everybody's Talking era el tema central de la gran Cowboy de Medianoche

Así que sí, tener más horas para gastar en las cosas de uno hace que vivas pequeños momentos fantásticos a golpe de descubrir rincones que no conocías: sean en forma de montaña casi a la vuelta de la esquina, o sean en forma de canciones. En realidad, unas y otras siempre han estado ahí, pero han quedado eclipsadas por sus vecinas mucho más lucientes. Y aunque sólo sea por eso, ya tengo algo que agradecerle a 2020. 

FELIZ AÑO!!!



No hay comentarios:

Publicar un comentario