sábado, 17 de diciembre de 2011

Fireball, Deep Purple, 1971

Hacia 1971, los Deep Purple comenzaban a adentrarse más y más en su nueva faceta heavy metal, en las antípodas de su recienteísimo pasado psicodélico y sinfónico. Uno de los pasos más notables en este camino fue el lanzamiento de Fireball, en el verano de aquel año. 

Aquel aceleradísimo tema, en el que la guitarra, el bajo, la batería y hasta el órgano parecían sonar a un ritmo esquizofrénico, se convirtió rápidamente en una referencia obligada de la formación. Hay que decir que, por entonces, aún no habían editado sus históricos Highway Star ni Smoke On The Water, su ultra ensayada pieza por cualquier aspirante a metalero con unas mínimas aspiraciones.

En cierto modo, Fireball era una canción un tanto peculiar. En ella no encontraréis ningún sólo de guitarra, algo insólito en un tema heavy. A cambio, se daba mucho juego al bajo y al órgano, instrumento éste último consustancial al sonido de los Deep Purple, un vestigio de sus inicios sinfónicos. También usaba un doble bombo de batería: para su grabación, tomaron prestado uno de lujo, procedente nada menos que de los Who, que estaban grabando justo al lado su imprescindible álbum Who's Next. Finalmente, añadieron en el tramo final de la canción ¡una pandereta! ¿Cuántas veces las habéis escuchado acompañando en una canción heavy metal?

Además, si escucháis la versión de estudio en el aplicativo de Goear, encontraréis que se inicia con un sonido un tanto peculiar, como de una lavadora industrial, o algo parecido. El grupo, cuando le preguntaron, llegó a decir al respecto que procedía de un sintetizador especial, lo cual podía colar en la explosión tecnológica musical del momento. Pero faroleaban. La realidad era mucho más prosaica: era simplemente el encendido del aire acondicionado del estudio de grabación (atención al increíble estruendo que hacían aquellos cacharros hacia 1971).

En cualquier caso, les quedó una fantástica canción que contribuyó enormemente a cimentar la creciente fama de los británicos. Y que, aún hoy, dejadme decirlo, suena de cojones.




Letra de la Píldora.

Hasta la próxima.

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