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miércoles, 26 de febrero de 2014

Entre dos aguas, Paco de Lucía, 1973


Un buen amigo, Salva, miembro de los Kill Me Later, comentaba en su muro de Facebook hace unas horas que hoy sería un día en el que todo quisque sería fan de Paco de Lucía "de toda la vida". Naturalmente, con la ironía que cabe suponer: la gran mayoría apenas habrán escuchado Entre dos aguas por la tele, puede que incluso tan sólo parcialmente en un fugaz zapping. Y muy pocos, muy muy pocos, habrán escuchado un álbum entero del algecireño. 

No me da vergüenza admitir que yo estoy entre estos últimos. Tampoco descubro nada a nadie: más de una vez, y de dos, he dejado constancia que un servidor, para ser descendiente directo de cordobeses, tiene muy poco -hasta el día de hoy- del duende flamenco. Cuatro palmas más o menos acompasadas, y a otra cosa, mariposa.  

Pero más allá de que apenas haya pasado del tema de hoy de Paco de Lucía  (y de alguna interpretación del no menos glorioso Concierto de Aranjuez) al César lo que es del César. Es el puto amo de la guitarra española, el que le ha sacado los colores como ha querido. De haber sido anglosajón y eléctrico, este tío hubiera sido Jimi Hendrix. 

Así que aquí os dejo con su más memorable e inolvidable pieza. Venga, y esta vez, la escucháis entera si no lo habéis hecho hasta ahora.



Hasta la próxima. 


sábado, 26 de octubre de 2013

La Minifalda, Manolo Escobar, 1971


La verdad es que no sabía si decidirme o no a la Píldora de hoy. Hasta el día presente (que el mañana no lo ha visto nadie), mis gustos musicales, salvo muy contadas excepciones, se encuentran en las antípodas de la copla y del flamenco en general, lo cual me convierte en un poco convincente hijo de andaluces en este aspecto. Naturalmente, esto supone que Manolo Escobar nunca ha tenido un lugar preeminente en mi discografía. De hecho, ni preeminente, ni ninguno. 

Pero qué coño, el hombre en lo suyo era bueno de verdad, y para millones de personas de este país ha formado parte de su banda sonora vital. Sólo por eso ya merece una Píldora de homenaje póstumo, y aquí está. 

Tal vez una de sus canciones que siempre me cayeron más simpáticas fueron estas sevillanas de La Minifalda. Simpática no tanto por el trasfondo de su letra -indudablemente representativa del machismo de la España cañí- como por la incuestionable gracia y guasa con la que explicaban lo mal que aquel novio ibérico lo pasaba comprobando como media plaza de toros miraba con ojos salidos a lo Alfredo Landa a su pareja enfundada en una modernísima minifalda. 

En fin, descanse en paz este genio y figura, que lo fue, de la música de este país. 




Hasta la próxima. 

martes, 16 de noviembre de 2010

Procuro olvidarte, Mayte Martín, 2003


Quienes me conocen, saben que mi pasión por el flamenco es... bueno, muy poco militante, lo cual tiene su cosa en un descendiente de seculares generaciones de andaluces. A ver: de vez en cuando, y con la fiesta, un palmeo se me va (eso sí, con mucho arte, que los genes deben de contar algo), pero rara vez la cosa pasa de ahí.

Sin embargo, tras la anterior presentación, tres son los motivos por los que he decidido poner hoy una Píldora tan atípica en estilo respecto a la mayoría de sus congéneres. En primer lugar, por prescripción recomendativa de mi santa, la cual quedó hace unos días prendada por la voz de Mayte Martín. Además, creo que a otra pildorera de pro, Xon, le gustará encontrarse por aquí a la cantaora barcelonesa (sí, de la misma Barcelona).

En segundo lugar, porque guste o no el flamenco, la copla y demás sones por el estilo, la verdad es que escuchar a Mayte Martín es todo un lujo. Sabe darle espíritu a una canción como pocos, hasta el punto de que te quedas a escucharla incluso cuando estás pensando "qué hago yo escuchando esto". No me digáis que la cosa no tiene su mérito.

Y en tercer lugar, porque como catalán semiandaluz, para mí hoy es un día de especial alegría. La UNESCO ha decidido considerar Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad tanto al flamenco como a los castells. Ni soy un especial casteller -aunque puedo decir que participé en el ensayo general con los Castellers de Vilafranca la antevíspera de uno de sus días más memorables- ni un especial flamenco -aunque me reitero en mi arte palmero-, pero a su manera suponen dos facetas de mi personalidad. Y como este es un blog de música y un castell metido aquí en medio no tiene demasiado sentido, pues os dejo con la grandísima voz de Mayte Martín. Una catalana maestra del flamenco.

Mayte Martin – Procuro Olvidarte (por Spotify)



Letra de la Píldora.

Hasta lal próxima.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Flamenco, Los Brincos, 1964


Cuando he vuelto a escuchar esta canción tras bastante tiempo, poniendo atención en su letra, lo primero que he pensado ha sido: "joder, cómo cambian los tiempos". Y no lo digo ya por su sonido beatle (Los Brincos, de hecho, eran considerados como "Los Beatles españoles"), sinó por el mensaje de este archiconocido Flamenco, número uno por estos lares en 1964.

Imagináos: en los tiempos en los que estamos, en los que la corrección política del lenguaje a menudo deja de ser útil y necesaria para convertirse en enfermiza y casi de gilipollas, ¡sería casi impensable que un grupo de éxito lanzara una canción chulesca y de peña recreativa en la que un fulano le dice a una chica "pronto mi novia tú vas a ser, lo digo yo"! ¡Y encima, los demás le hacen los coros "Uo, oooooh"!

Quiero pensar que en la letra primaba el ánimus iocandi -vamos, las ganas de jarana- dirigido a grupos de colegas masculinos con ganas de divertirse en fiestas populares, porque si no, ¡menudos cojones tenían en 1964! Vamos, que según la filosofía de la canción, nuestras madres eran cogidas del pelo a rastras por nuestros padres mientras las paseaban con una garrota en la mano, al más puro estilo Picapiedra.

Por suerte, soy de los que piensan bien, y me inclino a creer que para la mayoría, sólo se trataba de un tema divertido que, a lo sumo, se recreaba en las clásicas bravatas entre chavales adolescentes a la hora de buscar novieta.

Lo que ya justifico menos es la elección de la indumentaria de los susodichos Brincos. Si hay algo odioso en la historia reciente de nuestro país, es la putísima capa de Ramón García durante las campanadas de Nochevieja. Así que ya os podéis hacer cargo de lo que opino al ver a nada menos que a cuatro fulanos ataviados con tamaña perpetración textil. Y uno de ellos, encima, es Juan Pardo. Me voy a dormir.

Los Brincos – Flamenco (por Spotify)





Letra de la Píldora.

Hasta la próxima.