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miércoles, 9 de diciembre de 2009

Insurrección, El Último de la Fila, 1986


Dicen que ante las fobias, lo mejor es la terapia de choque. Es decir, que si no te gustan las arañas, lo mejor es ponerte una bien gorda en la palma de la mano. Por supuesto, no tengo más que decir al respecto -y en este ejemplo en particular- que la araña se la iba a poner por la parte de dentro del pantalón el señor padre de la lumbrera que pensó lo anterior.

Pero algo de razón tiene. Realmente, en el fondo -menos con las arañas gordas, claro- creo que la forma de combatir un miedo o una manía es lanzarse de frente al degüello. Y es el objetivo que me planteé a la hora de abrir la Píldora de hoy. Porque si hay una canción que he detestado, he aborrecido y me ha tenido hasta la parte de los kiwis ha sido Como un burro amarrado a la puerta del baile, de El Último de la Fila.

Era sonar esto en cualquiera de los pubs que frecuentaba, y todo el buen rollo acumulado tras horas de birras, air guitars e intentos de abordaje varios se iba a hacer puñetas en tres versos. Os lo juro, palabrita del niño Jesús. No podía con ella. El Último de la Fila ("El Último" a secas, como se les llamaba) no fue nunca uno de mis grupos predilectos, a diferencia de, por ejemplo, Gabinete Caligari. Pero con este tema, desde luego, me acabaron de rematar.

Porque mira que la ponían veces, esta canción. Y año tras año, no creáis que la cosa quedó en el 93. Diez años después, aún la pinchaban con regularidad, y seguro que todavía hoy no es infrecuente. Lógico, era un valor seguro: a la mayoría de gente, especialmente a las chicas, este tema les era muy de su gracia (ojo, y no digo para nada que sea mala canción) así que se daba la circunstancia de que un menda era casi el único pájaro al que el burro le daba bajón. De hecho, la llegaba a cantar -casi a mascullar de mala gana- de forma mecánica, a ver si acababa pronto...

Así que hoy he pretendido poner tamaño tema como Píldora, para ver si así, de una vez por todas, no sólo reconocía intelectualmente su valía -que ya lo hacía entonces- sinó que me dejaba de provocar sarpullidos en la piel. Pero al final no he tenido collons. La terapia de choque, para el de la araña, y mejor aún para su ya referido padre. De todas formas, he escogido poner en su lugar esta genial Insurrección -está sí que molaba más-, éxito del grupo en 1986. A ver si poco a poco voy perdiendo el miedo y un día, por fin, puedo hacerle frente al burro ese...



Letra de la Píldora.

Hasta la próxima.