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jueves, 29 de julio de 2010

S.O.S., Abba, 1975


Hace un rato, recién llegado de la ya reglamentaria y pronto tradicional clase de spinning -hoy el repertorio había bajado un poco de nivel, aunque tuvo algún momento tremendo- me explicaban una historia que, aclarado en los primeros momentos que había acabado bien físicamente para los protagonistas, tenía su gracia.

Para los que no sepáis qué es un patí català, se trata de una especie de catamarán de manejo algo complicado, ya que... no tiene timón. Por lo tanto, se debe orientar mediante la distribución del peso de su tripulación en la embarcación. Así pues, se requiere de bastante pericia y de una imprescindible formación para hacerlo mover. Servidor, que rema en el mar, pero que tiene apenas unas pocas clases de raquero (una embarcación para instrucción básica) y de láser en vela ligera, nunca se atrevería a mover un trasto como ese sin ayuda y formación. Por desgracia, el verano y la testosterona hacen que algunos no tengan tanta prudencia. Cosas de la playa y de los bañadores ajustados, que acaban afectando al riego.

Según parece, hoy, un tipo, acompañado de su pareja o ligue -que a saber- sacó una de estas embarcaciones desde la playa. No había mala mar, así que era un buen momento para salir. Todo fue bien... hasta que a apenas 50 metros aguas adentro -una distancia muy corta-, de repente, el trasto volcó. Al final, tras el susto y varios intentos de los incidentados por recuperar la situación, hasta la Cruz Roja tuvo que ir a sacarlos de allí, barco incluido...

La cosa no tendría más, y no pasaría de un mero infortunio -insisto, con final feliz, por eso le dedico estas líneas- si no fuera porque, por lo visto (en un pueblo todo se acaba sabiendo...) el individuo tenía casi nula experiencia al frente de estos catamaranes. Esto, no obstante, no fue inconveniente para querer mostrarse heredero del mismísimo Cristóbal Colón, Almirante de la Mar Océana, y no le impidió montarse un número de vacile ante la fémina. Algo que está bien y que es inofensivo en un karaoke o una pista de baile, pero que en el mar y con un trasto como ese, requiere de más respeto y conocimiento que presunción.

Consecuencia: tras el susto y el aparatoso final de tamaña expedición náutica, ahí tenéis a todo quisque en la playa pendiente del rescate para mayor oprobio del intrépido y sobrado navegante al llegar a tierra. Como no tengo por menos que sonreir ante el desenlace de tamaño caso de justicia poética derivado de la falta de respeto por la mar, aquí dejo dedicado este clásico de Abba de 1975, uno de mis preferidos de la banda sueca. Y que espero que, si alguna vez me lo tienen que dedicar a mí (¡que espero que no!), no sea por tonto.

Abba – S.O.S. (por Spotify)



Letra de la Píldora.

Hasta la próxima.