lunes, 17 de marzo de 2014

Urban Guerrilla, Hawkwind, 1973


Que el mundo está convulso, no cabe duda. Que las plazas de decenas de ciudades de todo el planeta están ocupadas por ciudadanos que se reivindican a sí mismos, a veces sentados, a veces a hostia limpia, es evidente. Pero este ambiente sólo nos dice que este tiempo no es bueno, no que cualquiera pasado fue mejor. 

A finales de los años sesenta y principios de los setenta se dio algo parecido, tal vez con la única diferencia de que aquellas luchas eran a menudo ofensivas y las de ahora, meramente defensivas en lo que respecta a la posesión de derechos, especialmente en Occidente. Pero los disturbios lo eran igualmente, desde luego. Si no, ¿cómo puede titularse una canción del muy progresista año de 1973 nada menos que Urban Guerrilla?

Sus artífices tampoco eran una banda que dejasen indiferente a nadie. Para empezar, su fama de pasadísimos de vueltas la corroboraban sus letras ultrapsicodélicas, su manifiesto consumo de drogas y sus conciertos... auténticas performances donde uno de los platos no menores era su bailarina Stacia, que acostumbraba a acabar como Dios la trajo al mundo. Y con una anatomía que no dejaba indiferente, por cierto: su altura (casi 1,90) no era lo único enorme de la muchacha.

Pero por encima de todos aquellos majaras, había uno que destacaba más: su bajista, Ian "Lemmy" Kilmister, auténtico artífice de la parte más dura de su sonido.  Imagináos cómo sería el tipo que sus propios compañeros acabarían invitándolo a abandonar la formación. Tampoco es que le fuera al final nada mal. Fundaría Motörhead -nombre derivado de una canción de Hawkwind, por cierto- y sería uno de los mayores artífices de la renovación del heavy metal de los ochenta.  

Urban Guerrilla también estuvo rodeada de polémica. Aunque fue escrita como sátira precisamente de los líderes de las distintas revueltas de la época, tuvo una increíble mala suerte. Apenas había empezado a entrar en listas, el IRA inició una campaña de atentados que provocó que la timorata BBC se negara a emitir la canción. Pero la cosa fue más allá todavía, ya que el grupo se vio presionado para retirar el single, lo cual acabó haciendo semanas después de su lanzamiento. En una particular versión del síndrome de Estocolmo, tiempo después los diferentes miembros del grupo renegaron de la canción en mayor o menor grado. Todos, menos uno.

Naturalmente, este uno era el inefable Lemmy Kilmister. 

Os dejo ya con este temazo. Y para los caballeros (para qué engañaros) con el particular arte de la enorme señorita Stacia en el escenario.  




Hasta la próxima. 

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