domingo, 20 de marzo de 2011

Richard III, Supergrass, 1997


"¡Un caballo!¡Un caballo!¡Mi reino por un caballo!". Estas son las palabras más célebres atribuidas por todo el mundo a los momentos finales del terrorífico monarca inglés Ricardo III durante la batalla de Bosworth, en 1485. Sin embargo, nada hay de cierto en lo anterior: ni ofreció el cambalache más rentable de la historia de la hípica, ni era un monstruo al mando del reino. Al menos, no más que sus antecesores o que sus sucesores, por no citar a cualquiera de sus coetáneos europeos, Reyes Católicos incluidos.

Según parece, lo último que dijo fue "¡Traición, traición!", lo cual hubiera estado mucho más de acuerdo con lo que sucedió aquel último día de su vida en el campo de batalla. Entonces, ¿a qué se debe la malísima fama del último de los York? La culpa -como en tantas otras malas interpretaciones de la historia- la tiene nada menos que Shakespeare, que en su drama Ricardo III, escrito un siglo después, puso al desafortunado rey como chupa de dómine. 

Es lo que pasa por recurrir a fuentes interesadas: su personaje si inspiró en el malintencionado perfil que años antes había hecho Tomás Moro, un personaje muy vinculado a la dinastía que sucedió a Ricardo, los Tudor. Un vínculo que se acabó, por cierto, cuando uno de éstos, Enrique VIII, le acabó cortando la cabeza por no pasar por el tubo anglicano. Como en todas las épocas, hay que saber escoger las amistades. Especialmente cuando éstas te pueden enviar al patíbulo por un quítame allá esas pajas religiosas.

¿Que a qué viene el ladrillo-histórico apunte anterior? En primer lugar, porque me apetecía escribir dos líneas sobre historia, una de mis grandes pasiones. Y, en segundo lugar, porque ordenando un poco los discos, me topé esta mañana con el CD single que poseo con esta grandísima canción (número 2 en el Reino Unido, por cierto). Así que, et voilà

En realidad, no hay nada en el tema que justifique la dedicatoria al mencionado rey inglés. Ni una sola palabra de la letra. Lo que sucedió es que Supergrass tenía la costumbre de titular provisionalmente las tomas de la canciones con nombres de pila acompañados de un número. Algo así como "John II" o "Peter I". Y a la de hoy le tocó en gracia "Richard III". Como fuera que a la banda le pareció que el tono oscuro de la canción cuadraba mucho con el perfil siniestro que Shakespeare le había colocado al pobre (ya me entendéis) Ricardo, pues decidieron mantener de forma definitiva aquel título fortuito y provisional. 

Así que, ya veis, habéis aguantado el rollo histórico para nada. Mis disculpas. Siempre os queda, por lo menos, la canción.

Supergrass – Richard III (por Spotify)




Letra de la Píldora.

Hasta la próxima.

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