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miércoles, 31 de diciembre de 2025

It Came Out Of The Sky, Creedence Clearwater Revival, 1969


 ¡Pues otro año más! Otro año de algunas grandes experiencias (¿habéis entrado a una auténtica pirámide egipcia o visto la galaxia Andrómeda con vuestros propios ojos? Yo sí...) y de una enormidad de pequeños deliciosos momentos. De decisiones importantes pero también de ir viviendo el día a día, como todo minion sobre la faz de la Tierra. Y, por supuesto, otro año más de vagancia para escribir por estos pagos: como ya es tradición, aquí ando el 31 de diciembre por la tarde para insuflar respiración asistida a un blog que otrora fue diario, que tiene casi 1.300 posts (podéis ir contando...) y 1,67 millones de visitas desde sus inicios. Casi ná. 

Pero aquí estamos, y si hoy es 31 de diciembre por la tarde, esto es la redacción de una nueva Píldora musical. ¡Allá vamos! 

Como sabréis los que tenéis Spotify, también cada año -no estamos tan mal, pues- elaboran un resumen bastante completo -wrap, lo llaman- donde te dicen cuántas canciones y podcasts has escuchado durante el año, durante cuánto tiempo, qué artistas has machacado más y un montón de cosas así. Incluso se permiten enseñarte saludos de agradecimiento por parte de algunos de los artistas o podcasters que más has escuchado. La verdad, me hizo mucha gracia recibir videomensajes de Nieves Concostrina y hasta del octogenario John Fogerty, el legendario líder de la Creedence Clearwater Revival, dándome las gracias por haber escuchado sus respectivos contenidos y canciones. Que, seamos claros, con las veces que le genero royalties cada vez que le doy al play a Fortunate Son, Born On The Bayou  o a It Came Out Of The Sky (mi preferida) hasta podría enviarme un aguinaldo por Navidad el bueno de Fogerty. Pero con un saludo ya me conformo. 

Lástima que, al paso que vamos, cada vez voy a recibir menos mensajes de este tipo por parte de los músicos que más escucho. No por que tengan mala educación o un sentido del márketing nefasto, si no por mera causa biológica. Veo complicado recibir a estas alturas un saludo de John Lennon, David Bowie, Lemmy Kilmister o Marc Bolan. Cierto que, con la IA, un día de estos un fan de Paco Martínez Soria en Filipinas va a poder recibir incluso un mensaje personalizado de Don Erre Que Erre en idioma tagalo con acento maño, pero estaréis de acuerdo conmigo en que no es lo mismo que tener al genuino dirigiéndose a uno.

Al fin y al cabo, es lo tiene cuando el mismo algoritmo que genera el resumen -perdón, wrap- de Spotify se permite ponerte tu edad musical en función de lo que escuchas. En mi caso, me ha estampado, así en color rojo y tamaño de media pantalla de móvil, nada menos que... ta-chán, 75 años. Sólo me queda de consuelo pensar que, por fortuna, mi padre tiene un año más, así que todavía me puedo considerar musicalmente joven a su lado. 

Con todo, sí que puedo decir que son 75 años muy bien llevados. Así que he decidido que el tema de hoy (y de este año, de hecho, ja, ja) sea, precisamente, It Came Out Of The Sky, de la Creedence. Para devolverle el cumplido al bueno de Fogerty y porque a mí nadie me imputa 75 años porque sí. Si acaso, porque lo merezca. 

Por cierto, y para ir cerrando la cosa, se trata de un tema de rock sureño donde lo mejor es la letra: en ella, un campesino se encuentra un artefacto alienígena que ha caído cerca suyo cuando iba en su tractor. A partir de ahí, la letra se vuelve una sátira disparatada donde aparecen elementos tan dispares como Hollywood, la Casa Blanca, los mass media, el Vaticano o el mismísimo Ronald Reagan cuando era aún gobernador de California. Como curiosidad, en Estados Unidos el tema, publicado en el álbum Willie and the Poorboys, nunca fue single, mientras que sí lo fue en España, ya en 1970: es la portada (muy fea, todo hay que decirlo) que encabeza el post. 

Pues nada, hasta aquí 2025... y también la Píldora de 2025. Ya sabéis, nunca abandono la fe en volver a subir la frecuencia. Pero cuando uno es un señor de 75 años, todo va más lento, por supuesto. 

Feliz 2026!!! 


martes, 31 de diciembre de 2024

Lucy in the Sky with Diamonds, The Beatles, 1967

 



Bien, ya estamos otro año aquí (¿alguien recuerda cuando cada post era diario?), como siempre, apurando el calendario hasta rozar el larguero. Siempre digo que, tarde o temprano, volveré a escribir más Píldoras con mayor frecuencia. Pero, de momento, esto de hacerlas el último día del año se está convirtiendo en una tradición. Y no será por vagancia: es que entre tanto aquí y allá, mirar y fotografiar planetas y estrellas, y demás actividad cotidiana, el pobre blog ha quedado en estado vegetativo. O, al menos, en recurrente resurrección cada 31 de diciembre. 

Prometo darle más cancha. Como ya llevo prometiéndolo nosecuántos años. Quién la sigue, la consigue. 

Pero vayamos al turrón, quiero decir, a la canción. No creo que necesite demasiada introducción, ni ella, ni el grupo que la firmó, aquellos cuatro tipos que aún hoy siguen ocupando la cima en la música popular de los últimos sesenta años... tras llevar más de 54 disueltos. Ríanse ustedes de las victorias del Cid después de muerto. 

No hace falta ser un entendido del rock ni de los Beatles para asociar Lucy in the Sky with Diamonds con las drogas. Concretamente, con el LSD. Y eso que el propio Lennon -autor de facto- se esforzó en asegurar en que no tenía nada que ver, que todo venía por un dibujo de su hijo Julian. Incluso McCartney se vio en la necesidad de reafirmarlo, a pesar de que no tuvo más remedio que admitir que se trataba de una canción sobre alucinaciones. 

Que la letra estuviera en parte inspirada por Alicia en el País de las Maravillas tampoco ayudaba demasiado a quitarle el sambenito alucinógeno, especialmente desde el momento en que por aquellas mismas fechas contraculturales de finales de los sesenta, un siglo después de ser escrito por Lewis Carroll, el libro empezó a ser asociado de forma poco velada al consumo de estupefacientes. Un ejemplo aún más claro de esto se dio aquel mismo junio de 1967 en que se publicaba el álbum Sgt Pepper's Lonely Hearts Club Band. Fue por entonces cuando los Jefferson Airplane se marcaban un número uno con su White Rabbit, dando correlación total a la novela y el consumo de LSD. La paradoja del caso es que, al igual que Lennon con esta canción, Carroll nunca admitió ni remotamente el efecto de las drogas en su novela, si no una mera motivación también infantil. En el caso del escritor inglés, únicamente querer entretener a niñas y niños con un derroche de imaginación. 

Pero claro, si al final eres una estrella del rock que toma drogas y, entre viaje y viaje de LSD, creas una canción con una letra que es una alucinación, con un sonido que es una alucinación (eso sí, alucinante), y se encuentra en el álbum por antonomasia de la era de las alucinaciones -los psicodélicos finales de los sesenta- ya puedes esforzarte, que nadie va a creerse que todo se debía simplemente a un dibujo de un zagal de cuatro años. Aunque fuera cierto. 

Así que me permito acabar con una moraleja: cuidado con los cuentos y los dibujos infantiles, que a veces parece que los cargue el camello. 

¡Feliz 2025, y cielos claros! 



PS: A ver, que tampoco ayuda a quitarle la fama alucinógena que forme parte de la flipada de película animada que era Yellow Submarine. Menos mal que siempre hay un niño al que echarle la culpa de todo. 



martes, 24 de diciembre de 2019

Christmas All Over Again, Tom Petty and The Heartbreakers, 1992


Casi me emociono al escribir esta Píldora, no tanto por el momento navideño en sí... si no porque es la primera original desde mejor no lo digo, da cosa admitirlo. Pero lo podéis ver mirando la fecha de la penúltima Píldora, la verdad. Aunque si no lo hacéis, tampoco pasa nada, eh.

La cosa es que quería dar una felicitación al personal en redes, como cada año. Pero como todas las fotos familiares en plan Aznar-Botella, o la Gggeina y yo ya estaban cogidas pensé... qué cojones, por qué no hacer una Píldora nueva. Y aquí andamos.

El tema escogido es ideal para estas fechas. Un villancico rock en la más típica onda Mariah Carey... aunque el tema de Tom Petty es dos años anterior. En 1992, Petty recibió el encargo de aportar un tema para la segunda edición del álbum A Very Special Christmas, disco benéfico cuyos fondos iban destinados a las Special Olympics, los juegos dedicados a las personas con discapacidad.

Sin más, aquí os dejo con este temazo buenrollero, en una Píldora nueva. Debe de ser el espíritu de la Navidad, a saber.





sábado, 18 de junio de 2016

Dead Ringer for Love, Meat Loaf & Cher, 1981


Dicen que a veces la vida hace extraños compañeros de cama. Pues bien, en este caso, no sé si de cama, pero musicalmente es una de esas excentricidades que sólo los americanos son capaces de hacer... y salir airosos del intento. Más o menos. Permitidme explicarme. 

¿Cuál puede ser el resultado de poner en el mismo lugar y momento a una ya por entonces estrella del rock duro con aires épicos como Meat Loaf, y a la diva de divas Cher? La respuesta es igualmente inesperada e incluso desconcertante: algo que perfectamente podría haberse incluido en la banda sonora de Grease. Así, sin más. 

Hasta el vídeo hace honor a tamaño resultado producto de tamaño cruce. Y no lo digo por el tamaño del cantante norteamericano, que sería indigno chiste fácil a tirarme en cara con razón. Resulta que vemos en una tasca a un grupo de chavalas, ya con dos comuniones hechas la mayoría, con Cher a la cabeza -y a la cerveza- ataviada cual tabernaria lagarta de V. Visionaria ella, dicho sea de paso, pues aún le quedaban tres años a la serie. De repente, entra en escena una pandilla de chavales que parece sacada de Porky's no sólo por la estética, si no por ese esfuerzo en poner a tipos de veinticinco o treinta años como borrachines estudiantes de bachillerato. Y, por cierto, estos eran decididamente menos visionarios estéticamente que Cher, pues Porky's era contemporánea al clip.

Así que empieza a suceder lo que tiene que suceder. Cher y Meat Loaf se ponen a interactuar cual Olivia y Travolta, y se desata una juerga digna de You're The One That I Want que hasta incluye un repentino cambio de look setentero/hortera por parte de ellos, así sin más, por arte de birli birloque. Y ahí es donde uno ya acaba por desistir entender nada, para dejarse llevar por el inconmensurable espectáculo. 

Porque, desde luego, no será la mejor canción del mundo. Pero divertida, lo es un rato. 

PS: para los que seáis fans de Cher, que de todo tiene que haber en la viña del Señor, deciros que nunca se le ha visto interpretar este tema después, a diferencia de Meat Loaf. De hecho, tras grabar la canción y el impagable clip, jamás se le vio acercarse al asunto de nuevo. Así que me imagino que lo de "extraños compañeros de cama", es más que probable que aquí se mantuviera en su más absoluto sentido figurado. 




Letra de la Píldora.

Hasta la próxima. 

martes, 28 de julio de 2015

In the Ghetto, Elvis Presley, 1969


Hay canciones que, a pesar de ser simplemente gloriosas -o, precisamente, a causa de ello- acaban teniendo un punto de mala suerte. Es el clarísimo caso de In the Ghetto, uno de los mayores hits del Rey. 

Los lectores españoles casi en seguida habrán caído sobre lo que hablo. Y no, no tiene nada que ver con que el tema de hoy fue el primer éxito de la última etapa de Elvis, la de los casinos y los megalómanos y estrafalarios trajes acampanados. Esto sería importante, tal vez, para el público del resto del planeta, pero no para el de por aquí. 

Efectivamente, hablo del Príncipe Gitano. 

No es mi intención, ni mucho menos, desacreditar al cantaor valenciano, por otra parte muy reputado en el mundillo flamenco. Pero lo que hizo con In the Ghetto, eso no tiene nombre. Hasta el punto de que hoy en día es casi imposible disociar la estupenda versión de Elvis de la del Príncipe Gitano, para desgracia de la primera. 

Por supuesto, no ha sido la única vez que por estos parajes se han hecho versiones no ya discutibles, si no directamente punibles de éxitos foráneos. Ahí quedan Aquarius (aka "Acuerious") de Raphael o -menos mal que era en clave de coña- nada menos que el Space Oddity de David Bowie por parte de... ¡Los Hermanos Calatrava! Por cierto, una versión de la que uno no sabe si lo mejor es reir a carcajada limpia o pedir el ingreso en el psiquiátrico por el trastorno recibido. 

En cualquier caso, nos quedamos aquí con Elvis en estado puro, un Elvis que venía del reciente retorno por todo lo alto con el mítico concierto televisivo '68 Comeback Special y que inauguraba, como decíamos, su gran periodo final de Las Vegas. No deja de ser particular que para su relanzamiento como artista, abriera con un tema de un enorme contenido social. In the Ghetto cuenta la historia de como un chaval en un suburbio de Chicago nacía, crecía y moría en mitad de una inevitable espiral de pobreza y de violencia. Nunca antes, y nunca después, Elvis volvería a hacer algo así. 

Y viendo el vídeo, interpretando el tema entre una elegante asistencia de un casino, da la sensación de que todo era una rara avis. Si será verdad que, en el fondo, era un tema más pensado para un artista de orígenes aún si cabe más modestos que los de Elvis. Gitano, para más señas.  





Hasta la próxima. 

martes, 26 de mayo de 2015

It's Only Rock 'n' Roll (But I Like It), The Rolling Stones, 1974


Ya me imagino que los que me conozcáis bien, al ver el título de la canción de hoy y la movida de las últimas semanas habréis imaginado alguna segunda intención... bien, habréis de esperar al final del post para saber si es así o no. 

De momento, vamos a lo que vamos, que no es poco: los Rolling Stones protagonizando uno de los títulos más icónicos de la historia del rock, mil veces utilizado después para casi todo, especialmente en el mundo anglosajón.  

En realidad, podría decirse que el tema de hoy nació como una joint venture entre parte de los Stones -Jagger y Richards, como no- y parte de otra de las grandes bandas de la historia, The Faces, aunque esta vez andaban solos Ronnie Wood y Kenney Jones, sin Rod Stewart y los demás. A cambio, a la juerga se les unió nada menos que David Bowie. Y digo juerga, porque la canción se grabó en los estudios privados que tenía en su casa el mismo Ronnie Wood, una lujosa mansión georgiana en las afueras de Londres. 

La cosa quedó tan bien, que la versión final acabó siendo casi igual a la original, pero grabada ya por la formación de los Stones. La misma que veis en este vídeo, que a pesar del ambiente de fiesta que parece despedir fue un auténtico coñazo. Se vistieron de marineros porque la espuma del final estaba hecha a base de detergente, y no querían arruinar sus lujosas ropas. En un momento cercano a la finalización del clip puede verse la cara de mala leche del por lo demás impasible Charlie Watts, que veía su batería inutilizada en tamaña fiesta de la espuma. 

Por cierto, fue la última vez que se pudo ver como guitarrista del grupo a Mick Taylor, que en breve sería sustituido por... sí, por el anfitrión de aquella sesión-juerga donde se gestó la canción, Ronnie Wood. No hay nada como poner la mansión de uno para que te dejen entrar en la (segunda) mejor banda de rock de la historia. 

Espero que os guste. Por cierto, sí: el título va con segundas. 



Hasta la próxima. 

domingo, 29 de marzo de 2015

Lady Madonna, The Beatles, 1968



Cuando se es un dictador de tendencias, uno se puede marcar salirse de la nota, y encima provocar que todo el mundo vaya detrás tuya. Si además, este dictador tiene forma de cuatro tipos como los de hoy, simplemente, alteran la historia de la música rock. 

Algo así fue lo que sucedió más o menos hace 45 años, por estas mismas fechas. Desde finales de 1966, toda la música se había teñido de los colores psicodélicos procedentes de Estados Unidos, de los efluvios amorosos (y lisérgicos) de San Francisco. Fue un alto en el tiránico dominio británico de la escena musical y cultural, e influyó hasta tal punto que incluso los Beatles se apuntaron a él. Eso sí, de una manera tan magistral, que su gran disco psicodélico, Sgt. Pepper's, acabaría siendo considerado por muchos como el mejor de la historia pop. 

Sin embargo, a principios de 1968, ya estaban un poco hartos de tanta paz y amor. Cierto día, Paul McCartney, jugando con el piano, quiso reproducir algo parecido a un boogie-woogie. Como fuera, aquello le recordó a su admirado Fats Domino, una estrella del rock and roll de los años cincuenta cuya marca distintiva era un omnipresente piano. Así que terminó componiendo una canción que se salía completamente de los estándares psicodélicos del momento: era Lady Madonna, y aún hoy se considera el punto inicial de un retorno al rock and roll más primitivo que dominaría el estilo de los siguientes años. 

Fijáos como la música de entonces cambiaba y evolucionaba a una velocidad vertiginosa: lo que era lo más en 1965, sólo tres años más tarde parecía poco menos que jurásico. Y en buena parte, la culpa era de la increíble capacidad creativa de los protagonistas de hoy. 

Naturalmente, el single alcanzó el número uno en medio mundo, y se convirtió en uno de los temas más conocidos de la banda, que ya es decir. Por cierto, ¿recordáis el intercambio de videoclips que vimos en la última Píldora, de los Smiths? Pues a Lady Madonna le pasó exactamente lo mismo. Prácticamente al mismo tiempo en el que se grababa, John Lennon compuso otro tema, Hey Bulldog, que terminaría formando parte de la banda sonora de la película Yellow Submarine. Tanto le gustaba, que hizo rodar su proceso de grabación como material promocional, y hasta hizo cierta campaña por colocarla como sencillo en vez de Lady Madonna. Sin embargo, el productor George Martin, finalmente se decantó por éste último tema bajo el pretexto de que la impresión de carátulas ya estaba hecha, y el clip terminó acompañando a la canción de hoy y no a la que originalmente había rodado.

Para que veáis lo que os digo, también os dejo el clip de Hey Bulldog. Cualquier coincidencia entre ambos... pues eso. Ya veis, hoy, dos Píldoras beatlemaniacas en una.   









Hasta la próxima. 


jueves, 31 de julio de 2014

Listen To The Music, The Doobie Brothers, 1972


En estos días en los que los nietos de los niños judíos del holocausto asesinan a otros niños; en los que la Mucha Honorabilidad se tiñe de fango al cubrir una mera y vulgar mafia familiar; en los que los aviones de pasajeros son derribados sin que nada pase; en estos días, digo, apetece más que nunca hacer un alto, encender el equipo de música y poner algo que, ciertamente, levante el ánimo. 

Y buscando, buscando, encontré entre los discos varias candidatas a provocar cierto meneo cabecero y paso desgarbado, que es lo que hacemos los que a falta de bailar, perpetramos el movimiento. Al final me decidí por un tema que, no exagero, llevaba años sin poner ni escuchar. Seguramente por eso, el subidón fue mayor, algo así como el que da cuando uno se encuentra con un buen amigo tras mucho tiempo sin verlo. 

Listen To The Music es una canción que despide un buen rollo descomunal. No ya sólo por su letra, si no por su ritmo entre el pop y el funky, irresistible. Supuso el primer gran éxito de la banda allá por 1972, y con el que se quedó a las puertas del Top 10 norteamericano en una época en la que no llegaba hasta ahí cualquier hijo de vecino. 

Por cierto, que el buen rollo de la melodía no deja de tener su ironía respecto a lo que comentaba al principio. ¿Sabéis qué imaginó Tom Johnston, cantante y líder de los Doobie Brothers, cuando la compuso? Pues en que si los líderes del planeta se sentaran un momento en el campo y se detuvieran a fumar hierba o, simplemente, a escuchar música, muy posiblemente el mundo sería un lugar mejor. 

Y viendo lo visto, lo más seguro es que tuviera razón. 




Hasta la próxima. 

sábado, 31 de mayo de 2014

The Unknown Soldier, The Doors, 1968




Al bueno de Joaquín Sabina le gusta referir -no es el único- que su padre era militar franquista (o policía, que en el fondo da lo mismo) como forma de acentuar su rebeldía juvenil y remarcar su compromiso social. Bien, no digo que no esté en lo cierto, ni le quito mérito, pero enseguida os daréis cuenta que, sobre este particular, casi puede considerarse un aficionado.

De Jim Morrison se ha escrito todo, o casi todo. Y nadie duda que una parte de su polifacético carácter estaba totalmente en sintonía con los tiempos antibelicistas marcados por la generación del Vietnam en Estados Unidos. Sólo así puede entenderse una canción como The Unknown Soldier, la cual incluía en su mitad nada menos que la reproducción de un fusilamiento.

Lo que es menos conocido es que su padre era, precisamente militar. Y de muy alto rango. Concretamente, contraalmirante de la armada norteamericana. Pero hasta ahí, casi podría empatar con el cantautor jienense en cuanto a orígenes castrenses. Menos conocido es que George Stephen Morrison era el oficial norteamericano al mando de lo que se conoció como el "Incidente del Golfo de Tonkín": efectivamente, el papá de Jim estuvo en los hechos que se consideran el inicio formal de la Guerra del Vietnam. Ahí es nada.

Sabiendo esto, aún tiene mucho más mérito y significado el tema de hoy. Porque no sólo incluía la representación de un fusilamiento, es que en los directos el grupo se detenía a recrearlo, con Densmore haciendo el redoble de tambor, Krieger apuntando con su guitarra, Manzarek dando paso a los disparos y Morrison cayendo fulminado como mártir. El clip tampoco tenía desperdicio: además de ver a Morrison escupiendo sangre mientras caía, incluía imágenes de la Guerra del Vietnam, justo la que su padre había contribuido a desencadenar.

No me negaréis que Morrison no le echaba cojones. Tal vez, la cosa le venía de familia.    



Video clip




Y aquí una de sus performances




Hasta la próxima.

miércoles, 30 de abril de 2014

Let's Spend The Night Together, The Rolling Stones, 1967


Los Rolling Stones han pasado a la historia del rock como la antítesis "maléfica" de los Beatles. Lo cual es simplificar mucho. La realidad era mucho más prosaica: ni las canciones ni las actitudes de éstos últimos eran tan inocentes, ni los Stones eran unos depravados a la guitarra cuyas únicas intenciones eran hacer caer a la juventud hacia el lado oscuro de la Fuerza.

Sin embargo, es cierto que parte de la gracia de los muchachos de ese hombre de negocios llamado Mick Jagger ha sido ponerle algo más de especias a sus discos, especialmente cuando aún las radios y las televisiones preferían la música un poco más sosa. Hoy nos puede parecer todo aquello casi inocente, pero temas como el que tenéis delante se las tuvieron que ver con la censura. 

Y eso que Let's Spend The Night Together estaba ya dentro de un período donde los Rolling Stones habían abandonado -momentáneamente- la parte más áspera de su sonido para internarse en la psicodelia. Aquí, la potencia ya no estaba en las guitarras machaconas a lo Satisfaction, si no en una base rítmica que pasaba por los oídos como una apisonadora, reforzada con un piano y un órgano a punto de echar humo.    

Por supuesto, esto no era lo peor en los cada vez menos inocentes oídos, musicalmente hablando, de 1967. Lo que escandalizaba era que se trataba de una letra en la que se describía (entre nosotros, tampoco tan explícitamente) un encuentro sexual de esos de aquí te pillo y aquí te mato. Y todo el mundo sabe que entonces los niños aún venían de París y los traía una cigüeña con gorra de cartero, así que esas cochinadas sólo podían ser cosa de gente de mal vivir como los rockeros y los drogadictos. O los que eran ambas cosas a la vez. 

Así pues, no era de extrañar que en Estados Unidos -donde la cigüeña aún debe de seguir repartiendo a los niños por lo que se ve en la mayoría de sus pelis incluso de hoy en día- se prefiriese promocionar a la otra canción que acompañaba al single de Let's Spend The Night Together: la no menos brillante -pero sí más apta para todos los oídos- Ruby Tuesday

Una muestra de como la Norteamérica oficial veía esta canción, se dio cuando el presentador Ed Sullivan llamó al grupo por enésima vez a su célebre programa (y eso que se había prometido no hacerlo tras su primera intervención) pero se negó a que la tocaran. Al final, se llegó a un compromiso cambiando la letra en directo por la mucho más casta y meapilas "Let's Spend Some Time Together" ("Vamos a pasar algún tiempo juntos"), pero a cambio, el grupo se vengó saliendo al escenario vestidos de soldados nazis con esvásticas y todo, ahí, a lo bestia. El pollo fue considerable, y aunque al final cedieron quitándose los uniformes, un cabreadísimo Sullivan volvió a prometerse que no pisarían nunca más su programa. 

Naturalmente, otra vez más, no cumpliría su promesa y allí estarían de nuevo en 1969. Porque, al final, los niños los traerán las cigüeñas, pero business is business


Versión original


Versión meapilas en el Ed Sullivan Show


Letra de la Píldora. (¿A que no hay para tanto?)

Hasta la próxima. 

domingo, 10 de noviembre de 2013

Hungry Like The Wolf, Duran Duran, 1982


No, no es que esté exactamente hambriento como un lobo a la hora de escribir el post de hoy, ni mucho menos. De hecho, no tengo nada de hambre -lo cual creo que se arreglará solo en breve, ojo-, así que desmiento antes de empezar ninguna segunda lectura al respecto de la canción que tenéis delante.

De hecho, la pongo simplemente como parte de una conversación estrictamente musical. Y es que, en cierto momento, con el compañero y amigo Jesús, comentábamos a la finalización de un entrenamiento de remo sobre grupos musicales con un sonido de bajo bastante más que aparente. Puede sonar algo friki la conversación, así dicho sin más. Por supuesto, de las cuarteladas propias de una barca también hablamos, pero no las voy a reproducir aquí y ahora, naturalmente.

Uno de los que les comenté eran, precisamente, Duran Duran, para cierta sorpresa suya. Efectivamente, por edad, las portadas de Super Pop de estos tipos me cogieron de chaval, pero a mi colega lo hicieron algo más mayor, así que la alergia que podían darle era a tener muy en cuenta. Por lo tanto, había que comprender su rostro de cierta sorpresa y hasta aprensión. En lo que a mí respecta,, como creo que no hay mejor manera de convencer sobre el movimiento que andando, me comprometí a montar un post de los británicos. Y aquí está. 

Por lo demás, Hungry Like The Wolf, con su número 5 en Gran Bretaña y 3 en Estados Unidos, fue uno más de los sencillos que durante la primera mitad de los ochenta mantuvieron a Duran Duran en lo alto de las listas... y en el monopolio de las portadas de ciertas adolescentes revistas. Cosas de la época: vista con retrospectiva y sin demasiados prejuicios, es, evidentemente, una gran canción. 





Hasta la próxima. 

sábado, 2 de noviembre de 2013

Hurdy Gurdy Man, Donovan, 1968


Tras las dos últimas Píldoras de tintes funerarios, casi es una alegría poder retomar el ritmo sin pensar en homenajear a ningún traspasado, si no a alguien vivito y coleando, como es el caso del bueno de Donovan. Hacía dos años y medio que no aparecía aquí, así que qué mejor pretexto para recuperarlo en el blog. 

Como en la anterior ocasión, con Atlantis, rescatamos al escocés más ácido, lisérgico e inspirado por lo hindú. Y es que cuando compuso a principios de 1968 Hurdy Gurdy Man, quedaban ya atrás sus primeros hits a golpe de guitarra acústica. De hecho, en el tema de hoy, si destaca alguna guitarra, es la que marca su potentísimo y eléctrico solo. 

En cierto modo, Hurdy Gurdy Man fue compuesta como un favor a un amigo. Y es que cuando el también escocés Mac Macleod (de dónde si no iba a ser con ese nombre) le pidió un tema para promocionar a su banda, los daneses Hurdy Gurdy, Donovan les compuso el tema de hoy, cuyo título, desde luego, no estaba escogido al azar. 

Sin embargo, la cosa distó mucho de ir perfecta. Por su parte, Donovan les compuso el tema... pero también quería producirlo a su manera, con el sonido que tenía en mente. Como fuera que al grupo no les gustó, no hubo acuerdo, y el cantautor decidió quedarse para sí su propia canción y grabarla como quería. El resultado, hay que decirlo, fue simplemente magnífico. 

A las distorsionadas guitarras eléctricas que marcaban el tema y un aire casi siniestro, Donovan le añadió la sonoridad hindú tan en boga por entonces, y que tenía de primera mano gracias a su amistad -y medio parentesco político por entonces- con George Harrison. Incluso acabó yéndose en la primavera del mismo 68 junto a los Beatles al mítico -y en el fondo, muy poco místico- viaje a la India invitados por el Maharishi Mahesh Yogi. Allí, Harrison también compuso una estrofa de Hurdy Gurdy Man, aunque nunca llegó a ser incluida en la versión en single por un tema meramente de espacio físico de los discos de entonces.  

Al final, el favor a un amigo terminó convertido en todo un favor a su propia carrera. Y es que la canción se convirtió en todo un éxito en ventas, colocándose en el Top 5 en ambos lados del Atlántico. 

Si será verdad que lo que le das al universo, el universo te lo devuelve. 




Hasta la próxima. 

lunes, 28 de octubre de 2013

What Goes On, The Velvet Underground, 1969


En fin, parece que el karma, el destino o lo que sea se han empeñado en que suban al olimpo musical en la misma semana personajes tan dispares como Manolo Escobar y Lou Reed -71 años de los que una parte significativa fueron al límite- y que, por lo tanto, en este pequeño rincón volvamos a destinar una Píldora con motivos evidentemente homenajísticos. 

Aunque a decir verdad, nadie se sorprenderá si digo que me siento infinitamente más cerca de la música de Reed que de la de Escobar. Sin ser uno de mis artistas favoritos en un teórico y casi imposible Top 10, el neoyorquino atesora algunas de las grandes joyas rock más machacadas en mis cassettes-discos-cd´s-mp3-móviles varios desde hace 25 años al menos. 

Tal vez la más reproducida de todas ellas, con diferencia, es este What Goes On que firmó para la Velvet Underground a finales de 1968 para el álbum homónimo de la formación norteamericana, que se lanzaría al año siguiente. En aquel disco, donde el gran experimentador John Cale ya no participaba, Lou Reed quiso poner distancia con la vanguardia warholiana, desarrollando un sonido más melódico trufado de piezas directísimas e hipnóticas como la que tenéis delante. 

Como apunte personal, os confesaré que una de las cosas que más me gustan hacer con mi Roland es seguir el omnipresente (y simplísimo) órgano de What Goes On mientras de fondo suena el tema por el equipo. Todo un subidón que he querido compartir con vosotros hoy, despidiendo al bueno de Reed. 

Y ya puestos, esperemos que la próxima Píldora sea, simplemente, porque sí. 




Nota: disculpad que el vídeo sea de esos a golpe de fotos, pero os aseguro que no había nada mejor. Y era ésta, y no otra, la canción que quería colgar.


Hasta la próxima.


miércoles, 9 de octubre de 2013

Space Oddity, David Bowie, 1969


Este fin de semana decidí hacer una de esas actividades cada vez más extrañas tanto por el coste que tienen como por la escasa calidad de buena parte de sus producciones: fui al cine. Pero lo hice sobre seguro, o casi. No sólo se trataba de una película de ciencia-ficción, tan amables para mi vista, si no que además le precedían unas credenciales envidiables. Dirigida por el gran Alfonso Cuarón, responsable, entre otras, de la no menos genial Hijos de los hombres, Gravity venía avalada por un papel magnífico en el Festival de Venecia. El mismo James Cameron la ha considerado la mejor película del espacio jamás rodada.

Tal vez exagere el director de Avatar... o tal vez no. Con una trama angustiosamente brillante, unas interpretaciones sobresalientes de George Clooney y, sobre todo, de Sandra Bullock (Ed Harris sólo ponía la voz del control de mando), una música simplemente sobrecogedora y unas imágenes del espacio y de la Tierra espectaculares -muy recomendable verla en 3D- Gravity quedará como una de las obras maestras futuras de la ciencia-ficción.

En mi caso, tan proclive a dicho género y a la música, fue imposible no caer en el tema que os traigo hoy. Evidentemente, Space Oddity tiene una génesis espacial... y también cinematográfica. Influenciada directamente por otra obra maestra, 2001: A Space Odyssey de Kubrik, cuando uno ve Gravity es imposible no pensar de alguna manera en el simpar mayor Tom y de su visión de la Tierra desde su cápsula espacial.

Space Oddity supuso el espaldarazo definitivo a la carrera de David Bowie. El tema contaba la historia del mencionado mayor Tom, un astronauta que cuando llega al espacio y ve la paz que allí reina, se niega a volver a la Tierra. Un personaje así forzosamente tenía que dar juego, y lo hizo. El mismo Bowie lo recuperó otras dos veces, la primera en 1980 con otro de sus clásicos, Ashes to Ashes, y más tarde en 1996 junto a los Pet Shop Boys en Hallo Spaceboy. ´También inspiró hits a terceros, como fue el caso de Peter Schilling en su Major Tom (völlig losgelöst).

Como no puede ser de otra manera con una canción como esta, os dejo varias versiones de la misma. En el link de Goear podéis escuchar la versión original de 1969. En los vídeos -que permiten ver la transformación espectacular de Bowie durante aquella época- encontraréis la versión que hizo para el film Love You Till Tuesday y el directo que interpretó en 1973 para promocionar la reedición del single.

Seguro que todas ellas os gustarán tanto como a mí, que no es poco.

PS: ah, una última referencia espacial. El single fue lanzado el 11 de julio de 1969. No era casualidad: cinco días después, la misión Apollo 11 despegaba camino de la Luna,  y otros cinco días más después, Neil Armstrong se convertiría en el primer ser humano en pisarla.


2. Versión alternativa del film Love You Till Tuesday (1969)



3. Versión en directo (1973)



Hasta la próxima.

sábado, 28 de septiembre de 2013

She's In Love With You, Suzi Quatro, 1979


Música para un sábado por la noche. Eso sí, de 1979. She's In love With You, fue tema que llegó a sonar mucho en los receptores de radio de aquel año y el siguiente... o al menos lo suficiente como para que este señorete de entonces cinco años lo recuerde aún, y muy por encima  de otras perlas musicales de la época. Aunque tampoco tiene mucho mérito si atendemos a lo que triunfaba en las emisoras patrias: los Bee Gees (y hasta aquí, casi bien), Julio Iglesias, Betty Missiego o Los Pecos (que sí, que todo lo que queráis pero los metían hasta con embudo en las radios) Ah, y Leif Garrett. Qué gran año, ahora que lo pienso. Para habernos matao.

En cuanto a la buena (y bastante) de Suzi Quatro, a finales de los setenta ya había dejado de lado sus estridencias de la época glam para hacer un sonido algo más suave, a menudo de la mano de Chris Norman. En aquel 79 -donde, ahora más en serio- también se hizo mucha y muy buena música (era la época de The Wall de Pink Floyd y de la eclosión de formaciones como OMD o Madness, entre otras ), la norteamericana lanzó She's In Love With You como apertura de su nuevo álbum, Suzi... and Other Four Letter Words.

Y de nuevo, alcanzó el éxito. Con un sonido que a pesar de ser netamente  rock era perfectamente bailable, el tema de hoy se alzó hasta el puesto 11 en el Reino Unido y se convirtió en uno de los hits del año. Tal vez no de los mejores, pero comparado con mucho de lo que sonaba, esto era canela fina, fina. 

Para que se diera cuenta hasta un niño de cinco años, imaginad. 



Hasta la próxima. 

martes, 3 de septiembre de 2013

Start Me Up, The Rolling Stones, 1981


Tras el paréntesis agostil, volvemos a la carga con las pilas bien cargadas, comenzando el septiembre -uno de los mejores meses del año, y no lo digo sólo por que sea mi cumpleaños, que también- con toda una declaración de intenciones y de la mano de unos grandes entre grandes, siempre a punto de retirarse... y siempre recibiendo llenos por si acaso.

Start Me Up es uno de los (muchos, pero muchos) temas imprescindibles de los Rolling Stones, de esos que una vez se publican y llegan al número uno acaban quedando inexorablemente en el oído de todo buen aficionado musical. Un rock de los que pueden considerarse casi de manual... aunque estuvo a punto de no ser así. 

En realidad, Start Me Up fue compuesta a mediados de los años setenta para el álbum Black and Blue, en una forma muy diferente a la que conocemos hoy en día. ¡Era un reggae! Efectivamente, por aquellos años, este estilo hacía furor de la mano de Bob Marley, y los Stones, fieles a su olfato, quisieron hacer sus pinitos de aires jamaicanos. 

Pero como fuera, el tema nunca entró en aquel disco. Ni tampoco en los inmediatamente siguientes. Si bien se grabaron numerosas tomas de estilo rasta, al final fueron un par de versiones de tono meramente rockero las que llamaron la atención -ya en los ochenta- del productor Chris Kimsey, que estaba ayudando por aquel entonces a la banda. Y así, algo retocadas, fueron la base de la versión definitiva que entraría en el álbum Tattoo You, nada menos que seis años después de las primeras grabaciones en clave reggae. 

El resultado es bien conocido. Un tema 100% Stones, apoyado por el famoso clip de Michael Lindsay-Hogg, el mismo director que llevaba trabajando con ellos (y con los Beatles) desde los años sesenta, y que recogió como nadie la esencia de la banda: una base rítmica impasible de la mano del binomio Wyman-Watts, y el espectaculo guitarrero de Richards y Wood acompañando al divo Jagger en plena apoteosis de baile espasmódico. 

¿Qué más se puede pedir para empezar el mes? ¡Feliz reentré!




Hasta la próxima. 

martes, 28 de mayo de 2013

People Are Strange, The Doors, 1967



El otro día, el deceso del enorme Georges Moustaki paralizó momentáneamente la Píldora dedicada a otro grande del rock que también se acaba de marchar, el virtuoso Ray Manzarek. Y es que sus teclados marcaron el sonido de The Doors casi tanto como la voz de Jim Morrison. 


Así que como lo prometido es deuda -y no se ha marchado nadie más con carácter de urgencia a jugar a las cartas con Elvis y Lennon- he aquí, ahora sí, la prometida Píldora con The Doors. Entre todas las posibles, he querido coger alguna en la que el sello de Manzarek estuviera bien patente. 

Sin duda, su mayor recuerdo es el del inolvidable riff de órgano de Light My Fire, pero como ya está pildoreado, os sugiero el no menos sugerente sonido de People Are Strange. Aquel tema, lanzado en septiembre de 1967, supuso una de las cimas psicodélicas del grupo, que pronto volvería a un rock mucho más directo y áspero. 

People Are Strange era un tema dedicado a la alienación del ser humano en sociedad, pero con un aire a vodevil tan evidente, que el clip promocional del mismo acabó explotándolo en medio de imágenes de todo tipo de individuos paseando por la calle. Todavía hoy es uno de los vídeos más recordados de la banda californiana. 

Así que nada, otro grande que se va. Esperemos que la próxima Píldora no tenga nada que ver con el más allá. Por lo pronto, el bueno de Keith Richards sigue pareciendo tan increíblemente indestructible como siempre. 




Hasta la próxima. 

viernes, 19 de abril de 2013

Lonely Boy, The Black Keys, 2011



Hay canciones que cuando salen publicadas las escuchas con relativamente poca atención. Sin embargo, al cabo del tiempo, por alguna causa que ni se sabe, se acaban colando por la puerta principal hasta la cocina. En mi caso, es lo que ha sucedido con el tema de hoy. 

Evidentemente, a finales de 2011 y principios de 2012 escuchaba como todo el mundo por la radio este Lonely Boy con el que me llegaban por primera vez a los oídos los Black Keys. Sin embargo, tampoco es que me detuviera demasiado.  Tuve que esperar a su siguiente sencillo, Gold On The Ceiling, para realmente poner a estos norteamericanos en la playlist de mi teléfono. 

Y así estuvo bastantes meses la cosa. Hasta hace poco, momento en el que mi hermana, que al parecer no había escuchado la canción antes, descubrió la canción y la elogió de manera ruidosa. Así que la volví a enchufar, esta vez con los auriculares y más allá de los poco exigentes altavoces de la radio del coche... y sí, temazo a lo grande. Con un sonido que recuerda al de los T.Rex más acelerados y en la mejor línea de los propios Black Keys, me quedaba claro el porqué Lonely Boy se coló en la parte de arriba de las listas por todas partes. 

Y ello por no mencionar su famosísimo clip, en el que un segurata afroamericano se ponía a bailar y a hacer ver que cantaba la canción en un único plano secuencia. Baile improvisado en el que Travolta y Carlton Banks, el primo pijo de Will Smith, se daban la mano estilísticamente hablando. 

Pues eso, que yo he llegado también ahora a esta canción. Seguramente con mucho más retraso que vosotros, así que no tengo por más que dejaros ya con ella para que volváis a recrearos un buen rato con puro rock del siglo XXI. Naturalmente, el que quiera, que lo baile también. 





Hasta la próxima. 

jueves, 4 de abril de 2013

All Right Now, Free, 1970



Después de unos días de vacaciones, de una propina en forma de rebelión del cable ADSL (aquí sólo puedo decir que no envié mis naves a luchar contra los elementos) y de un post procedente de Corea del Sur y pachanguero como pocos, creo llegado el momento de restablecer el orden del Cosmos en forma de clásico absoluto, de esos que llevan la palabra "rock" tatuada en sus notas. 

Desde luego, a nadie le va a coger por sorpresa el tema de hoy. Y es que pasen las décadas que pasen, siempre será bastante sencillo escuchar y dejarse llevar por el que fue a la postre el mayor éxito de los Free con diferencia: All Right Now

Lanzado en mayo de 1970, la canción alcanzó el número uno casi en todas partes. Casi inmediatamente recibió versiones por parte de gente de lo más dispar, que con el tiempo irían desde Bon Jovi hasta Christina Aguilera, y eso por no decir lo recurrido de su riff de guitarra. Y si no, escuchad el Funky Cold Medina de Tone Loc, y luego me explicais. 

De hecho, incluso la generación en la que me enmarco -que en 1970 simplemente no existía- tuvo la oportunidad de escuchar a todas horas la canción de manos del mismo grupo cuando la discográfica decidió en 1991 remezclar la canción y volver a lanzarla. Naturalmente, supuso un nuevo subidón en las listas.

Subidón como el que os dará a los buenos amantes del rock clásico en cuanto enchuféis la canción. Estoy seguro de ello.




Hasta la próxima.

domingo, 10 de marzo de 2013

Faster Than The Speed Of Night, Bonnie Tyler, 1983


A noticias curiosas últimamente no nos gana nadie. Una de las más recientes es, por supuesto, la inclusión de nada menos que Bonnie Tyler como representante del Reino Unido... ¡en Eurovisión! ¿A que es difícil imaginarse a la heroína de It's a Heartache, Holding Out For A Hero o la inolvidable Total Eclipse Of The Heart compartiendo escenario con vaya usted a saber qué friki centroeuropeo o qué banda de pseudorock de las quimbambas de Este? Pues eso. 

Parece que ya se han debido de acabar los buenos tiempos incluso para los incombustibles británicos, que han debido recurrir a la cantante de 61 años para ver si reverdecen laureles, ya que no ganan desde 1997, y entonces tirando también de guita con -ahí es nada- Katrina and The Waves. Si nosotros hiciéramos lo mismo, teniendo en cuenta que no ganamos desde 1969 con Salomé, tendríamos que presentar al Dúo Dinámico yendo cortos. 

En cualquier caso, tal evento es una buena excusa para traer de nuevo a la galesa a las Píldoras, con uno de los singles que mantuvieron su pulso durante la primera mitad de los ochenta. Faster Than The Speed Of Night, incluida en el millonario álbum del mismo nombre junto a Total Eclipse Of The Heart, no llegó a tener el mismo impacto ni mucho menos que ésta última, por más que seguía el estilo inconfundible y excesivo (eran los tiempos que eran) marca de la casa junto a su inconfundible voz.

Ahora sólo queda esperar a mayo y ver si los británicos se salen con la suya en Eurovisión. Si es así... bueno, más vale que los dos ahora abueletes que cantaban por aquí aquello del final del verano se vuelvan a enfundar los chalecos. Igual les llaman para la edición de 2014.




Hasta la próxima.