martes, 28 de septiembre de 2010

Working Class Hero, John Lennon, 1970


En los momentos en que leáis esto la mayoría, ya será día 29 de septiembre (lógico: me he puesto a escribir cuando sólo faltaban cuatro minutos mal contados). Por lo tanto, los que vivís en España ya sabréis sobradamente que hoy es el día de la Huelga General. Una huelga con muchos peros, el menor de los cuales no es su poca oportunidad: hay que hacerlas antes de las medidas a oponerse, no después.

En todo caso, más allá de la excusa, del pretexto, en momentos de crisis como el actual, el nivel de indignación y de incomprensión de la población respecto a un gobierno y a un desastrado mercado laboral crecen hasta el punto de que una medida de este tipo es una manera de expresar desde abajo el malestar cotidiano hacia los de arriba.

Sólo por eso, ya creo justificada la existencia de una huelga general. Independientemente de que, por supuesto, cada uno escoja si seguirla o no según su conciencia. Llegados a este punto, la libertad de elección es fundamental. Se prevén piquetes: a mi juicio es una burda forma de hacer trampas y de cabrear aún más a aquellos trabajadores que optan por ir a trabajar... y de poner trabas angustiosas a aquellos que no tienen más remedio que hacerlo.

Sin embargo, respecto a estos últimos, los que van a trabajar bajo la amenaza más o menos velada de represalias varias, he de insistir en dos ítems. En primer lugar, tan fullero e irresponsable es el piquete como el empresario que, incapaz de convencer con sus condiciones de trabajo sobre la bondad de ir a trabajar a su empresa, se ve obligado a este tipo de chantaje.

Y, en segundo lugar, que si uno no está de acuerdo ni conforme con la situación actual, tiene la obligación moral y la responsabilidad de actuar si quiere dar un mundo mejor a sus hijos. Eso lo tuvieron claro nuestros padres: luchando, tal vez se pierda la batalla. Sin luchar, ya se ha perdido.



Letra de la Píldora.

Hasta la próxima.

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