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domingo, 17 de agosto de 2014

I-Feel-Like-I'm-Fixin'-to-Die Rag, Country Joe and The Fish, 1967


"Dadme una F, dadme una U, dadme una C, dadme una K: ¿qué hace esto?". Naturalmente, ante tamaña invitación, todo un público entregado aquella tarde del 17 de agosto de 1969 en la llanura de Woodstock (más o menos al mismo tiempo en el que escribo esto, 45 años después) gritó como loco un atronador "FUCK!!!!". Que creo que no necesita traducción. Corregidme, si no es así. 

Posiblemente, este sea, junto a la versión distorsionada del himno norteamericano que pocas horas después interpretaría Jimi Hendrix, el momento más icónico de todo el festival que prometía -y cumplió- "tres días de paz y música". Iba de la mano de un cantautor psicodélico que tenía mucha más fama que ventas, y que respondía al nombre artístico de Country Joe McDonald, acompañado de su grupo, The Fish. 

En realidad, el tema fue interpretado dos veces... y no fue la "oficial" -la que hoy haría 45 años- la que pasó a la posteridad, si no la que un día antes improvisó el mismo McDonald en solitario entre dos actuaciones. Ataviado con un ajado uniforme militar y un trapo como cinta en la cabeza, se metió en el bolsillo a más de 300.000 personas que terminaron cantando con él este demoledor tema contra la guerra del Vietnam. 

Y eso que no era, ni mucho menos, una canción con un sonido agresivo. Antes bien, tenía la estructura de un viejo jazz de los años 20, festivo y burlón. Pero nadie se llevaba a engaño: su letra, que era una bufonesca invitación a apuntarse a la guerra, terminaba con un lapidario "todos vamos a morir".  Eso sí, precedido de un alegre y desenfadado "whopee!!!"... porque al fin y al cabo, ¿qué mayor alegría hay a la de que le maten a uno por la patria?

Paradójicamente, el tema nunca tuvo unas ventas sobresalientes. Lanzado como parte del álbum I Feel Like I'm Fixin' to Die, de 1967, es uno de esos sorprendentes casos en los que el discreto éxito comercial iba de la mano de una difusión alternativa que llegó, sin duda, a todos los rincones del país. El hecho de que todo el auditorio lo cantara -como puede verse en el clip- durante una interpretación improvisada es la mejor prueba de hasta qué punto la juventud norteamericana del momento estaba muy al corriente no ya de la cultura, si no de la contracultura que imperaba en la época. 

Os quedáis, pues, ante uno de los momentos más célebres de toda la historia del rock. "Gimme a F...!"

PS: Jordi, lo prometido es deuda. ¡Espero que te haya gustado!




Hasta la próxima. 

viernes, 21 de febrero de 2014

Cantares, Joan Manuel Serrat, 1969


Este 2014 tiene muchas lecturas propias. Sólo hay que echar un vistazo a la prensa: VI Año de la Gran Crisis; III y Penúltimo Triunfal Mariano; por ende, también III del Malestar Intestinal Oposicional; y Enésimo (y lo que te rondaré morena) de la Santa Cofradía del Sobre Marrón. Para algunos, es casi el Año -I de la III República, mientras que para otros, es ya prácticamente el de la Indepe en conmemoración de otro 14, aquél mucho más funesto si cabe, de pólvora, casacas, largos pelucones y decretos ominosos.

Pero también es el año que hace 75 de aquel 1939 que detuvo el reloj de España más de 20 años en lo económico y 40 en lo social. Un año donde sí hubo vencedores y vencidos, estos últimos con alevosía y a menudo con nocturnidad, especialmente si los llevaban a pasear.

Entre los vencidos hubo de todo. Soldados, obreros, viudas, niños, pero también ministros y generales, hombres de ciencia y escritores. Uno de estos últimos, que apenas sobrevivió para cruzar la frontera, fue uno de los grandes poetas españoles de todos los tiempos, Antonio Machado. Justo mañana se cumplen 75 años de su fallecimiento. Hay que decir que, al menos, aquel anciano cuya familia había quedado como casi todas dividida -su hermano Manuel, también poeta, estaba con los vencedores- no llegó a ver el final de la guerra y la desaparición definitiva (ya cantada) de su República.

Así que qué mejor homenaje que uno de sus más inmortales poemas en boca del mayor cantautor en castellano del siglo XX, en mi opinión. Cantares, en la versión que interpretó el del Poble Sec en 1969 (aún con el Caudillo caudilleando) se dividía en dos partes: la primera lenta, recitada, con la letra del poema original de Machado compuesto en 1912; la segunda, trepidantemente ye-yé, con texto del propio Serrat.

Pero todo esto ya lo sabéis de tantas veces como la habéis escuchado. Seguro que no os importará hacerlo una vez más. Dedicado a Antonio Machado, poeta.





Hasta la próxima. 

jueves, 23 de mayo de 2013

Il y avait un jardin, Georges Moustaki, 1971


Ciertamente, la Píldora de hoy iba a tener un componente fúnebre-homenajístico, pero no de la manera esperada. Originalmente, pensaba traer a The Doors, en pos de un recordatorio a ese formidable teclista que era Ray Manzarek. Pues bien, cuando uno se entera de que acaba de fallecer Georges Moustaki... bueno, pues eso. La próxima Píldora será de los muchachos de Jim Morrison, palabrita. 

Por lo pronto, a estas horas ya habréis escuchado o leído casi de todo del músico ¿francés? Evidentemente que sí que era francés, pero sólo de adopción. De hecho, su origen era judío griego, y para hacerlo aún más exótico todo, nació en Alejandría, Egipto. Ni siquiera se llamaba Georges: de nacimiento Giuseppe Mustacchi (además, nombre italiano), se cambió su nombre artístico en cuanto escuchó a su idolatrado Georges Brassens. 

Durante buena parte de los años cincuenta y sesenta, su papel fue básicamente el de compositor para figuras como Édith Piaf, Françoise Hardy o France Gall. A finales de aquella década compuso e interpretó su tema tal vez más conocido, Le Métèque (aquí en España El extranjero), con lo que saltó a una fama que ya no le abandonaría jamás. 

En 1971 compuso este fantástico Il y avait un jardin, que considero mi tema favorito del ¿francés?, y que se convirtió en otro de sus grandes éxitos. En fin, ya se sabe, es ley de vida, pero no me digáis que no da un poco de rabia cuando alguien capaz de hacer una canción así se va de un mundo al que contribuyó, a su manera, a hacerlo un poquito mejor. 




Hasta la próxima. 

jueves, 25 de octubre de 2012

Hoy puede ser un gran día, Joan Manuel Serrat, 1981


Qué tarde se me ha vuelto hacer... en todo caso, y a petición de mi queridísima amiga Cesca, aquí os dejo este pedazo de canción del bueno de Joan Manuel. Una canción que, además, viene que ni pintada: no es que hoy hubiera podido ser un gran día. Es que lo ha sido. 

Y ahora, a dormir bien profundamente, os lo aseguro. 





Hasta la próxima.

sábado, 6 de octubre de 2012

Pacto entre caballeros, Joaquín Sabina, 1987


"¡¡¡Mucha, mucha, policía, mucha, mucha, policía!!!" es el inefable grito de guerra con el que se berreaba en cualquier lugar el final de uno de los temas más brillantes de Joaquín Sabina. Eso sí, en su modo "canalla de barrio", bien distinto al otro melancólico e intimista. 

Poca cosa puede decirse de esta canción, en la que se cuenta el supuesto encontronazo entre el cantautor y tres delincuentes navajeros armados con un pincho de cocina e interesados en su cartera y su peluco marca Omega. Tras darse cuenta el trío de a quién estaban atracando -para entonces, Sabina ya era una celebridad- decidieron llevárselo de juerga por los tugurios de Madrid, puticlub incluido. 

Naturalmente, el mismo Sabina ha sido preguntado numerosas veces por la veracidad de esta historia. Por lo visto, no sólo fue real, si no que explica que en una misma semana le sucedieron dos percances parecidos, los cuales fusionó en una misma historia para la canción. Eso sí, el final era inventado. Ni hubo asalto a un chalet de un millonario, ni en la puerta les esperó la policía. Pero no me digáis que nunca ha sido más auténtico aquello de que "si non é vero, é ben trovato". 

La canción de hoy nunca llegó a ser single, aunque fue muy radiada e impulsó enormemente a aquel pedazo de disco que fue Hotel Dulce Hotel. A la postre, terminaría siendo una de las piezas más imprescindibles del ubetense. 

Y nada más, os dejo ya que coreéis a gusto aquella gran cantidad de policía. 




Hasta la próxima. 

viernes, 17 de agosto de 2012

Dormint, Maria Coma, 2009

Píldora veraniega nº7.

Escuchar a Maria Coma en el patio de la Casa Barral de Calafell es un lujo que no quería dejar de compartir con vosotros. Otro día volveremos con ella con más detalle pero, de momento, os dejo con mi canción favorita del repertorio que hizo ayer, Dormint. Fantástica. 




Hasta la próxima. 

martes, 1 de mayo de 2012

Nada de nada, Cecilia, 1972


Como ya sabéis los que me conocéis bien, un tinglado es para mí lo mismo que un caramelo a un niño: algo tremendamente irresistible, imposible de evadir. Pues bien, como buen Primero de Mayo, aquí que me pasado la mayor parte del día junto a varios compañeros montando una de las múltiples Fiestas del Trabajo que jalonan el país. 

Lo cual tiene su miga, ya que aunque vaya todo coordinado -y lo han hecho muy bien las encargadas del asunto- siempre es complicado preparar almuerzos, comida y actividades para más de 200 personas. En mi caso, a pesar de estar formalmente asignado a las tareas de parrilla a mediodía, a las ocho de la mañana ya estaba cargando material... y a las seis de la tarde descargándolo tras desmontar todo. Y, por supuesto, la comida. Pero ya se sabe que en días así no hay que ser escrupuloso o remilgado. Todo el mundo ha de arrimar el hombro allá donde haga falta. 

En mi caso, además, tuve un pequeño encargo adicional casi inevitable. Buscar música para ponerla. Por supuesto, en estas ocasiones no se trata de recopilar la música que a uno le gusta, si no la que sirva mejor para animar al personal en lo que, en el fondo, es un día tan reivindicativo como lúdico y festivo. Aunque sí que recibí una petición específica: al menos, entre todo lo demás, llevar algo de cantautores de los sesenta y setenta. 

Así, a ratos, era posible escuchar por los altavoces a Serrat, Labordeta, Raimon, Maria del Mar Bonet... los cuales, para mi relativa sorpresa, fueron muy bien acogidos por los chavales más jóvenes. Entre la selección que dispuse, incluí uno de mis temas favoritos de aquella época, este Nada de nada con el que Cecilia ratificó el éxito de su anterior sencillo, Dama, dama

No se trataba de un tema político. Ni de una canción amarga. Pero, de alguna forma, siempre he considerado que captaba perfectamente el espíritu de aquellos primeros compases de la Transición, marcados por el final del franquismo. A lo mejor era su carácter simple, sencillo, libre de las ampulosidades del régimen; o a lo mejor era su melodía deliciosa. O, simplemente, dicha asociación de ideas se deba nada más a que lo tengo grabado de mi primera niñez, que transcurrió en aquellos agitados años. Como sea, lo cierto y verdad es que no dudé ni un minuto en incluirlo entre otros temas aparentemente mucho más comprometidos. 

Y, entre nosotros, creo que no desentonaba en absoluto. Pero ya os he dicho también que me gustaba mucho, ¿no?




Hasta la próxima.

martes, 17 de abril de 2012

Para la libertad, Joan Manuel Serrat, 1972


Cuando Serrat musicó a Miguel Hernández, poeta comunista muerto bajo los primeros compases del franquismo, se estaban caminando los primerísimos compases de la Transición democrática, esa que hoy se contempla como un tótem por todos pero que entonces sólo algunos concebían honestamente. El régimen agonizaba a la par que el Caudillo: la mera coexistencia de discos como éste o el que el mismo Serrat dedicaba tres años antes a Antonio Machado junto a las últimas cargas policiales -y las postreras sentencias de muerte- era la señal de que la bestia daba sus últimos golpes de cola en mitad de una sociedad harta del plomo gris de los años pasados. Era un camino hacia la libertad y hacia la construcción de un mundo mejor. 

Y viendo las noticias de estos últimos días, semanas y meses, ¿no os da un tanto la sensación de que estamos recorriendo el mismo camino exactamente a la inversa?

Así que no me digáis por qué, pero lo único que me apetecía poner hoy era este fantástico Para la libertad tal y como Serrat lo entendió en 1972. Aquellas eran letras, aquellos eran tiempos, pardiez. 




Hasta la próxima.

jueves, 1 de marzo de 2012

Come è profondo il mare, Lucio Dalla, 1977


Dentro de todos los noticiarios del día, la principal pieza en cultura ha sido el fallecimiento fulminante de Lucio Dalla. Imagino que muchos delante del televisor no entendían demasiado la importancia de tanto eco, hasta que han escuchado su interpretación de Caruso, el que ha quedado a la postre como su tema más famoso para el gran público. 

Sin embargo, personalmente no es el tema que más me gusta de Dalla, así que me he permitido poner otro bien distinto, que descubrí hace muchos años por la radio, aunque no tantos como su fecha pudiera indicar. 

Come è profondo il mare, incluido en su álbum homónimo de 1977, es una canción absolutamente hipnótica en su estructura constante, aunque para muchos aquel disco hubiera sido toda una concesión del boloñés a la comercializad. Tonterías. Escuchad la versión original por Goear y ya veréis qué os digo. 

En fin, otro de los grandes de la música italiana que se va. Por suerte, nos quedan sus canciones. 




Hasta la próxima.

lunes, 16 de enero de 2012

Al alba, Luis Eduardo Aute, 1978


Durante un momento, por hoy, nos alejaremos parcialmente del asunto musical para centrarnos en la que ha sido la noticia del día, desde luego: el fallecimiento de Manuel Fraga Iribarne. A los más jovenzuelos tal vez se os escape un poco el porqué de tanto follón montado, pero es que este señor se pegó sesenta años en la primera línea política del país. Como ejemplo, cuando era niño, recuerdo perfectamente que sus omnipresentes carteles de Alianza Popular -lo que hoy es el PP- competían por la atención del novato electorado español con los de Adolfo Suárez y Felipe González forrando paredes, postes y, de hecho, cualquier superfície que se terciase. 

Como preámbulo necesario, vayan por delante mis respetos por su deceso: creo que es algo que se debe a cualquier persona en cualquier situación y lugar, por muy ex ministro de Franco y votante de sentencias de muerte que se sea. Antes que nada, los que quedamos aquí somos seres humanos. Aunque, ya puestos, este ser humano nacido en Villalba tenía bastantes peros en su haber. Si uno escucha hoy las reacciones de todo quisque -algunos políticos de izquierda incluidos- parece que haya abandonado este mundo poco menos que un santo varón, la versión con testosterona (mucha) y españolísima de la Madre Teresa de Calcuta. Lo menos. 

Dejadme que os cuente una historia que dice mucho del carácter real de este individuo que usó el uniforme de Falange y tirantes con la bandera de España, que llegó a afirmar chulescamente que la calle "era suya" y que puso de moda los bañadores calzón en las radioactivas aguas de Palomares. 

Como todos sabréis, Al alba fue compuesta por Luis Eduardo Aute como reacción a los fusilamientos que Franco ordenó en septiembre de 1975 a varios miembros de ETA y el FRAP (sí, aunque ahora parezca apenas el recuerdo de un ancianito con un poco de mala leche, aquel tío tenía realmente mucha mala leche y mataba a gente). Su primera versión fue grabada por Rosa León en diciembre de aquel mismo año (tenéis también el Goear de la misma) y coló porque la censura era más torpe que un pulpo con botas y entendió que era tan sólo una canción de amor. 

Pues bien, que en 1975 se fusilara a gente en Occidente se consideraba una aberración por parte de cualquier persona mínimamente instruida. Nuestro protagonista -Fraga- andaba por entonces de embajador en Londres vendiendo la moto española a cuantos quisieran escucharle. Y en éstas que le llegaron los fusilamientos: inmediatamente, follón montado en la puerta de la embajada, y todo su anterior trabajo por presentar un país moderno yéndose a hacer técnicamente puñetas. Entre eso, y que consideraba que aquella gente gritando no eran más que comunistas, alborotadores y a saber qué más, no tuvo otra cosa que amenazarles (sí, amenazarles). 

Les hizo saber que tenía dos escopetas del doce cargadas con perdigones del cuatro. 

Toma diplomacia, toma respeto por la democracia. Pues bien, ése era Fraga al 100% de su esencia. Mi duda a día de hoy es si alguna de aquellas escopetas es con la que años atrás había disparado accidentalmente en una cacería (verídico, oigan) a la hija de Franco... ¡en el culo!

Y a partir de lo anterior, que cada uno se despida de él como mejor le plazca, con todo el respeto del mundo, lo digo totalmente en serio. Yo, por desgracia, a diferencia de todos esos veredictos solemnes que hoy han dejado los notables próceres patrios, no puedo tener las mejores referencias suyas. Aunque lógicamente, la culpa es sólo mía: qué se puede esperar del hijo de un albañil y de una señora de hacer faenas de casa.

Versión de Aute (directo)

Versión de Rosa León (1975)



Letra de la Píldora.

Hasta la próxima.

viernes, 6 de enero de 2012

Una estrella en mi jardín, Mari Trini, 1982


Nunca pensé que una canción podía acompañar a un anuncio de cerveza... ¡y encima quedar bien! Efectivamente, lejos de las playas ibicencas, calas bulliciosas o paseos por todo el mundo, resulta que una sencilla fiesta en un jardín en la que se derrama cerveza ha hecho más por la promoción de una marca gallega que cualquier enésima edición a golpe de sol, arena y mar. 

Y, para más inri, ha sido por el efecto tan bien conseguido -por lo surrealista- de colocar el que es, desde luego, el tema más emblemático de una de las cantautoras más famosas de cuantas han habido en el solar ibérico. 

Para muchos, la figura de Mari Trini se equipara a la de otras divas de los ochenta, con extravagantes vestidos y voces tremendamente potentes. Si hay algo de cierto en ello, se debe, precisamente, a que era la imagen de la murciana cuando lanzó en 1982 Una estrella en mi jardín, el álbum que contenía el tema homónimo que terminó por convertirla en una de las figuras más representativas de la música española. 

Sin embargo, su trayectoria era totalmente diferente a la de otras a las que se la comparó. Lo suyo no era el flamenco, ni la copla, ni nada de ello, si no la música de cantautor, en la que ella se había curtido a lo largo de toda la década de los sesenta y setenta. De hecho, su trayectoria vital tiene un capítulo muy peculiar, que se dio cuando, siendo adolescente, el director de cine Nicholas Ray (el de Rebelde sin causa o Johnny Guitar, entre otras) se convirtió en su manager, la llevó a Londres a estudiar interpretación y llegó a coincidir nada menos que con Peter Ustinov, el inmortal Nerón de Quo Vadis

Así que ahora, la próxima vez que veáis derramarse cerveza -sea gallega o no- y se os pase por la cabeza esta canción por la gracia de la publicidad, que sepáis (en el improbable caso de que no sea así) que lejos de la coña, forma parte de la banda sonora de este país. Por cierto, voy a tomarme una birrita para acompañar a la cena. Es lo que tiene tanto hablar del tema.



Letra de la Píldora.

Hasta la próxima.

martes, 20 de diciembre de 2011

El Cristo de Palacagüina, Elsa Baeza, 1977

Esta es una de las canciones que, desde que era pequeñito, pequeñito (vamos, desde los tres años en adelante) me acompañaron ya para siempre. Y es que aún hoy, cuando suena El Cristo de Palacagüina no tengo por menos que detenerme un momento y, más allá de la historia bellísima que cuenta, permitir que me vengan a la cabeza recuerdos de la niñez. 

Uno de estos recuerdos es el de las excursiones a la playa de Terramar en Sitges. En aquella playa, que no es de arena si no de cantos rodados -creo que ya lo conté alguna vez- hacíamos auténticas cazas de bichos  comestibles de todo tipo que luego iban por la noche a la plancha de la cocina de casa. Nunca he comido tantas tallarinas como entonces, os lo aseguro. 

Con los años, los hábitos playeros cambiaron, pero la canción, que ya entonces se había grabado debajo de mi pobladísimo flequillo (sniff, sniff...), siguió siendo una de las que más me gustaban. Pero ahora por su letra, que era todo un canto a la Teología de la Liberación, poniendo a Jesús nada menos que como un futuro guerrillero contra la opresión. Toma ya. 

La causa de este mensaje había que encontrarla en su creador, Carlos Mejía Godoy, un compositor y músico nicaragüense de izquierdas que por entonces también era muy famoso con un tema mucho menos comprometido, Son tus perjúmenes, mujer. Mejía Godoy mantenía unas ideas muy comprometidas con la guerrilla sandinista de su país y fue él mismo el que compuso el no menos famoso Credo de la Misa Campesina, que también interpretó la cantante cubana con éxito aún mayor si cabe que con el tema de hoy. 

En fin, recuerdos de niñez y lucha por los oprimidos. Razones más que suficientes para dedicar el post que tenéis delante y que voy a dejar que me emocione un poco una vez más.




Letra de la Píldora.

Hasta la próxima.

jueves, 13 de octubre de 2011

Cada loco con su tema, Joan Manuel Serrat, 1983


Hasta ahora hemos visto al Serrat de los tiempos heroicos de los sesenta, así como a la estrella cantautora de los setenta. Hoy nos centraremos en el compositor ya más asentado de los ochenta, que es precisamente el que empecé a escuchar como chaval más allá de los radiadísimos Mediterráneo o Cantares.

Una de las canciones más emblemáticas y conocidas de este periodo es -estaréis de acuerdo- Cada loco con su tema, una lúcida pieza en la que se reivindicaba a sí mismo como un alma libre poco dispuesta a las ataduras convencionales. De toda su letra, recuerdo que la parte que siempre me llamaba la atención y que me sabía mejor era aquel verso de "y un sioux al séptimo de caballería". A lo mejor era cosa de jugar a lo Comanboys (aquellos ayrgamboys en miniatura) de los que tenía indios, federales y, mis preferidos, confederados. Vaya usted a saber.

Cada loco con su tema era, además, el tema que abría su disco homónimo de 1983, uno de los que contaron con la colaboración conjunta de las dos contrapartes que más y mejor han trabajado con el del Poble Sec: su arreglista Ricard Miralles y el músico Josep Maria Bardagí, el famoso "mestre" ("maestro") tan popular en la televisión catalana hasta su fallecimiento prematuro en 2001.

En fin, un clásico del que poco puede añadirse a estas alturas y que todos los que "somos de Serrat" nos sabemos prácticamente de memoria. Aunque admito que sigue gustándome todavía un poquito más que el resto de la canción el mencionado verso de indios y caballería. A lo mejor son cosas de la edad, no lo sé.



Letra de la Píldora.

Hasta la próxima.

martes, 4 de octubre de 2011

Una, dos y tres, Patxi Andión, 1973


Los que sois aficionados a visitar rastros y encantes varios seguramente reconoceréis al instante esta canción. O, si es el raro caso de que no os suena, inmediatamente os forzará cuanto menos a una sonrisa. O debería decir "nos", ya que en mi caso, durante mucho tiempo me gustaba parar en aquellos puestos que incorporaban entre sus antigüedades -a veces, directamente, "trastos viejos"- cajitas con monedas antiguas o modernas de todo el mundo.

Porque, cuando uno va a estos sitios, llega con el secreto convencimiento de que va a salir de allí con todo un tesoro a un precio módico, incluso ridículo. Por supuesto, la realidad es que, si acaba dándose el caso, esto es más la excepción que la norma. Al final, sueles salir de allí con algo de un valor real digamos... discutible, y por un precio que como mínimo es tremendamente superior al que pagó el ¿"rastrero" sería la palabra correcta? cuando se hizo tiempo atrás con la que ahora es tu brillante adquisición.

En 1973, el cantautor Patxi Andión hizo un tema que recoge como ningún otro esa misma sensación... desde el punto de vista de los avezados propietarios de los puestos del rastro. Una de las estrofas que siempre me llamó más la atención fue la que está escrita en jerga: al final no se sabe si está hablando de honrados comerciantes o más bien de personajes con un pie a cada lado de la ley. La letra es impagablemente brillante y divertida por lo bien que refleja ese mundillo de compraventa donde todas las partes creen estar, en cierto modo, engañándose mutuamente.

Eso sí, para acabar, al final, todos contentos. ¿No es estupendo?




Letra de la Píldora.

Hasta la próxima.

martes, 2 de agosto de 2011

Dama, dama, Cecilia, 1972


Tal y como contesté ayer a la sugerencia del amigo Brighton64, durante los próximos días acabaremos de recordar de nuevo a los principales protagonistas del famoso y lúgubre Club de los 27. Eso sí, lo haremos igualando y aumentando la recomendación: a Amy y a Jimi, no sólo le sumaremos a Jim y a Kurt, si no también a Janis. 

Y, ya puestos, también incluiremos otro nombre al que casi nadie asocia a dicho club, pero que por méritos artísticos y edad de traspaso, bien merece estar dentro: el de Evangelina Sobredo, más conocida como Cecilia en homenaje a la famosa canción de Simon & Garfunkel. Hoy hace, precisamente, 35 años, que la cantautora madrileña nos dejaba con ese puñado de canciones que marcaron para siempre a la música española.

En 1972, con apenas 24 años, Cecilia grababa su primer álbum, titulado con su mismo nombre. En él  se harían patentes sus capacidades compositivas con letras que iban de lo social a lo más introspectivo, con una fuerza y un gusto poco habitual. En aquel álbum se incluían ya algunas piezas imprescindibles de su repertorio, como Nada de nada (uf, qué temazo: es de esos que me evoca a la infancia como pocos) o este Dama, dama, que rápidamente se convirtió en un éxito en todo el país. 

Éste era un tema bastante sorprendente para la época. Contaba muy ácidamente las miserias y las alegrías de una mujer de la aristocracia de entonces, aquella que salía en las portadas del Lecturas y del ¡Hola! de años ha, como los marqueses de Villaverde y demás ralea. Se trataba de un mundo que conocía perfectamente, ya que la carrera diplomática de su padre la había puesto de sobrados antecedentes. 

Así que aquí tenéis a la primera Píldora de las próximas dedicadas a los veintisieteañeros varios. Y aunque la vida de Cecilia nunca se rodeó de los excesos visibles de las de los buques insignia del Club, estaréis de acuerdo en que sirve perfectamente para abrir juego...

Dama, dama (por Goear)



Letra de la Píldora.

Hasta la próxima.

viernes, 22 de julio de 2011

Clara, Joan Baptista Humet, 1980


Caray, qué horas... pero vengo de una reunión para planificar junto a mis compañeros el programa del cine club para el próximo año, y ya os imagináis que estas cosas se sabe cuándo y cómo empiezan, pero nunca su final. Que ha sido tarde, por bien que entretenido, divertido y agradable. 

Con todo, antes de dormir, aquí andamos. Y lo hago con un tema que salió esta mañana en una conversación en el despacho, repasando tanto los nombres más brillantes de los cantautores patrios... como los más frikis, que haberlos, los hubo. 

Por supuesto, el nombre de hoy surgió de la lista de los primeros, como no podía ser de otra forma. Joan Baptista Humet, catalán aunque nacido en Valencia, fue uno de los nombres que dignificaron a la canción catalana. Sus temas, por lo demás normalmente poco políticos, implicaban una sensibilidad especial sobre las historias que contaba. 

Como era la historia de Clara, una toxicómana que protagonizó la canción más célebre de toda su carrera. Lanzada en 1980, se convirtió en un hit tremendo en toda España, y puso el nombre de Humet entre los más citados musicalmente del momento.

Recuerdo perfectamente aquel silbido que iniciaba el tema y que era su gran distintivo. Personalmente, era una de las canciones que más me gustaban -y tenía apenas unos seis años- y la recuerdo con mucho cariño. De hecho, en casa de mis padres era una pieza muy apreciada, hasta el punto de que mi madre, todavía hoy, cuando se cita a Serrat, con frecuencia añade el nombre de Humet como otra referencia similar. 

Una comparativa que no era baladí, ya que en bastantes aspectos, la carrera de los dos cantautores fue bastante paralela, diferenciada a lo sumo por el mayor favor popular que recibió a lo largo del tiempo el Noi del Poble Sec. Pero llegaron a cantar juntos en un escenario, ambos grababan en castellano y en catalán, y hasta compartieron arreglistas. En fin, que estamos ante uno de esos nombres que sería una pena olvidar. Joan Baptista Humet.

Clara (por Goear)

PS: ¡Muchachada, acabamos de cruzar las 700 Píldoras!



Letra de la Píldora.

Hasta la próxima.

sábado, 21 de mayo de 2011

Wild World, Cat Stevens, 1970


Ciertamente, hoy hubiera estado bien poner como tema Elected, de Alice Cooper. O Revolution, de los Beatles. O, mejor aún, Children Of The Revolution, de los T.Rex. Problema: llevamos ya unas 640 Píldoras y, bajo los motivos más diversos, los tres temas ya han salido por estos campos.

Con todo, aunque el espíritu original de la letra del célebre hit de Cat Stevens era otro bien distinto, un título como ese bien vale la dedicatoria de hoy. Y es que, como de costumbre en víspera electoral, me sale el ramalazo paterno-votivo. 

Y de nuevo debo insistir en el mensaje: independientemente de cual sea vuestra tendencia política, e incluso aunque no la tengáis, votad mañana. Y votad en conciencia. 

Eso sí, esta vez existe un parámetro adicional. Por primera vez desde que quien escribe era niño, parece que por fin el país se ha levantado en brazos y ha salido a la calle a protestar por lo que es un insulto de los grandes poderes financieros hacia el ciudadano. Ya era hora, coño. 

Así que cuando vayáis a votar mañana, que se note. Y que se note de la siguiente forma: en vez de votar durante un segundo y luego meteros en casa a ver a la ceporra de la Esteban y al caradura borde del Jorge Javier, o a rezar a la Santa Pelota del Puto Fútbol Televisivo, durante los cuatro años seguid bien de cerca a quién hayáis elegido. Fiscalizadlos. Que no se os escapen ni por un minuto. Y cuando se pasen de listos y nos os defiendan convenientemente, allá que vais. 
Vuestros intereses son vuestros, pero también de todos. Así que tras votar mañana, haced el puñetero favor de defenderlos como Dios Manda.

Cat Stevens – Wild World (por Spotify)



Letra de la Píldora.

Hasta la próxima.

jueves, 28 de abril de 2011

First We Take Manhattan, Leonard Cohen, 1988


Imagináos a un chaval de catorce años grabándose (de estrangis, naturalmente) una canción de un tipo que dobla la edad de la inmensa mayoría de las estrellas pop del momento, y que casi cuadruplica a la suya propia. ¿Extraño? Pues eso mismo es lo que hicimos muchos allá en 1988 en el radiocassette cuando descubrimos por primera vez a la figura de Leonard Cohen

Y lo hicimos gracias a la canción de hoy. Formalmente, sonaba como un tema prácticamente tecnopop, pero con unos aires graves de recital que inmediatamente avisaban que se estaba ante algo muy diferente a lo vigente por entonces. 

Y no veáis ya cuando lo vimos en la tele por primera vez. ¡Era un tío con más de cincuenta castañas! Eso sí, chavalas en ristre: más tarde descubrimos que Cohen no se privó nunca de una buena compañía. Muy místico y todo eso, pero menuda envidia daba el fulano al respecto.
Con el tiempo, nos dimos cuenta que ya habíamos escuchado mucho antes cosas del cantautor canadiense: Suzanne, Hallelujah... pero en lo que a mí respecta nunca fui consciente de su autoría hasta haber descubierto al nuevo Leonard Cohen metido a austera estrella pop. Es cierto lo que dicen: los grandes artistas son descubiertos inevitablemente por cada nueva generación. Lo que pasa es que en el caso de Cohen, encima lo hizo cambiando todos sus registros previos de forma tremenda, sin recurrir a material de archivo.

Y una curiosidad para Trivial. ¿Sabíais que la primera vez que se lanzó First We Take Manhattan no fue en un disco de Leonard Cohen? Fue un año antes, de la mano de la cantante y compositora Jennifer Warnes, muy conocida en Estados Unidos. Con todo, casi al mismo tiempo, Cohen hizo su propia versión, que fue la que consiguió el éxito a escala mundial. 
No me imagino yo, la verdad, al personal catorceañero de ahora haciendo lo mismo que un servidor en 1988. Pero claro, el problema no es suyo: es que de Leonards Cohens cincuentones no queda ya ni uno. Y si quedara, Biebers, Gagás y demás ralea de alto copete le pegarían un tiro de gracia. Puro instinto de supervivencia.

Leonard Cohen – First We Take Manhattan (por Spotify)



Letra de la Píldora.

Hasta la próxima.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Downtown Train, Tom Waits, 1985


Brevedad por fuerza mayor... pero qué fuerza mayor. Nos han invitado en una inesperada sorpresa de primera hora de la mañana a ver nada menos que el ensayo general del Parsifal de Wagner en el Liceu y, lógicamente, en el momento en el que estéis leyendo esto, es más que probable que aún no haya llegado a casa. Espero que lo entendáis...

En todo caso, no tengo por menos que dedicar la Píldora de hoy -de las de solemnidad musical, uno de los temas más celebrados de Tom Waits, procedente de su álbum de 1985 Rain Dogs- a los artífices de la invitación, a Albert y a Muntsa. Va por vosotros, amigos.

Que la disfrutéis.

Tom Waits – Downtown Train (por Spotify)



Letra de la Píldora.

Hasta la próxima.

lunes, 11 de octubre de 2010

Vidas cruzadas, Quique González, 2005


La Píldora de hoy es una viejísima deuda que tenía contraída en este blog. Y que la saldo en parte con uno de mis temas preferidos de este cantautor madrileño nacido en 1973... y que poco menos que descubrí gracias a una de vuestras sugerencias, en este caso del amigo josemsolis (por cierto, ¡ya tengo bajo eléctrico!).

A día de hoy ya estoy mucho más puesto en materia, y sólo puedo hablar bien de la música de este tipo. En algún lugar leí que su música no bebía tanto de las fuentes de los clásicos cantautores españoles de los sesenta y setenta, si no más bien de la escuela anglosajona, de Dylan y compañía. Escuchando Vidas cruzadas, el tema de hoy, es muy fácil comprender el porqué de esta afirmación.

Por lo demás, en la intervención de josemsolis se le definía como el mejor cantautor español en activo. Como siempre digo, lo de mejor o peor es muy relativo. Pero es indudable que Quique tiene madera de la mejor, con una sensibilidad alejada de la sensiblería (en este sentido, lo encuentro muy diferente a Ismael Serrano, por ejemplo) que hace que cada una de sus canciones sean pequeñas joyas para escuchar con toda nuestra atención.

En otro orden de cosas, para los que no lo conozcáis, no puede decirse en absoluto que Quique González sea un outsider del panorama musical, en absoluto. Que ha ido por libre en plena Era Bisbal y Paulina (con mis mayores respetos para quién los disfrute, pues con la música se trata precisamente de eso) , es indudable. Que se inició a puro golpe de voluntad, como la mayoría de los de su ramo, también. Pero alguien que ha trabajado con Enrique Urquijo, con Carlos Raya, con Iván Ferreiro o con Jorge Drexler no es un marginado musical cuyas canciones son poco menos que imposibles de encontrar.

Así que no tenéis excusa para buscar -y encontrar- su música y dedicarle unos minutos. Os aseguro que merecerá la pena. Palabra de converso.

Quique Gonzalez – Vidas cruzadas (por Spotify)



Letra de la Píldora.

Hasta la próxima.