martes, 1 de mayo de 2012

Nada de nada, Cecilia, 1972


Como ya sabéis los que me conocéis bien, un tinglado es para mí lo mismo que un caramelo a un niño: algo tremendamente irresistible, imposible de evadir. Pues bien, como buen Primero de Mayo, aquí que me pasado la mayor parte del día junto a varios compañeros montando una de las múltiples Fiestas del Trabajo que jalonan el país. 

Lo cual tiene su miga, ya que aunque vaya todo coordinado -y lo han hecho muy bien las encargadas del asunto- siempre es complicado preparar almuerzos, comida y actividades para más de 200 personas. En mi caso, a pesar de estar formalmente asignado a las tareas de parrilla a mediodía, a las ocho de la mañana ya estaba cargando material... y a las seis de la tarde descargándolo tras desmontar todo. Y, por supuesto, la comida. Pero ya se sabe que en días así no hay que ser escrupuloso o remilgado. Todo el mundo ha de arrimar el hombro allá donde haga falta. 

En mi caso, además, tuve un pequeño encargo adicional casi inevitable. Buscar música para ponerla. Por supuesto, en estas ocasiones no se trata de recopilar la música que a uno le gusta, si no la que sirva mejor para animar al personal en lo que, en el fondo, es un día tan reivindicativo como lúdico y festivo. Aunque sí que recibí una petición específica: al menos, entre todo lo demás, llevar algo de cantautores de los sesenta y setenta. 

Así, a ratos, era posible escuchar por los altavoces a Serrat, Labordeta, Raimon, Maria del Mar Bonet... los cuales, para mi relativa sorpresa, fueron muy bien acogidos por los chavales más jóvenes. Entre la selección que dispuse, incluí uno de mis temas favoritos de aquella época, este Nada de nada con el que Cecilia ratificó el éxito de su anterior sencillo, Dama, dama

No se trataba de un tema político. Ni de una canción amarga. Pero, de alguna forma, siempre he considerado que captaba perfectamente el espíritu de aquellos primeros compases de la Transición, marcados por el final del franquismo. A lo mejor era su carácter simple, sencillo, libre de las ampulosidades del régimen; o a lo mejor era su melodía deliciosa. O, simplemente, dicha asociación de ideas se deba nada más a que lo tengo grabado de mi primera niñez, que transcurrió en aquellos agitados años. Como sea, lo cierto y verdad es que no dudé ni un minuto en incluirlo entre otros temas aparentemente mucho más comprometidos. 

Y, entre nosotros, creo que no desentonaba en absoluto. Pero ya os he dicho también que me gustaba mucho, ¿no?




Hasta la próxima.

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